IV Domingo Adviento

Evangelio del Domingo. Santa Misa Tradicional.

IV Domingo Adviento: Meditación del  Evangelio por el Padre Ricardo Ruiz.

Evangelio según San Lucas, III, I.

 

“El año décimoquinto del reinado de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, Filipo su hermano tetrarca de Iturea y de la Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene,bajo el pontificado de Anás y Caifás, la palabra de Dios vino sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la región del Jordán, predicando el bautismo de arrepentimiento para la remisión de los pecados, como está escrito en el libro de los vaticinios del profeta Isaías: “Voz de uno que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. Todo valle ha de rellenarse, y toda montaña y colina ha de rebajarse; los caminos tortuosos han de hacerse rectos, y los escabrosos, llanos; y toda carne verá la salvación de Dios”.

 

La liturgia de la Iglesia en estos tres últimos domingos de Adviento, nos vuelve a poner como ejemplo la humildad de San Juan Bautista.

Domingo XVII Pentecostes-Marchando ReligiónTan importante ha sido este profeta que el mismo Isaías hacia el año 750 antes de Cristo ya hablaba y profetizaba sobre su labor para preparar los caminos del Mesías. Tantos años antes ya se hablaba de la voz del que clama en el desierto, preparad los caminos del Señor enderezad vuestras vidas, los caminos torcidos serán enderezados, los montes serán allanados, significando con ello que los soberbios van a ser humillados.

Ya son tres domingos que la liturgia y los evangelios nos han insistido sobre el desierto, el hombre que hemos de buscar en el desierto, el hombre que habita humildemente en el desierto, el hombre que está ignorado en el desierto por ser un verdadero profeta porque es humilde y porque no se ha dejado corromper por la alta jerarquía religiosa que no lo reconoce.

Es evidente que el cielo nos quiere dar un mensaje sobre qué significa habitar en el desierto. 

Y Dios nos lo manifiesta una vez más en el libro de los libros qué es la Biblia, en el cual se contienen todas las respuestas a nuestro origen, a nuestra existencia y a nuestro futuro:

“Por lo tanto, he aquí, que la seduciré, la llevaré al desierto, y le hablaré al corazón.”
( Oseas, II, 14.)

Este llamado al desierto significan tres caminos que Dios suele utilizar para seducirnos y poder salvar nuestras almas,

– La soledad humana del desierto.
-La soledad física del desierto.
-La soledad del desierto del alma consagrada.

La soledad humana.

Muchos seres humanos en su largo, vertiginoso y abrupto caminar por esta vida, han descubierto la existencia de Dios y a su misericordia, precisamente cuando se vieron envueltos en una tremenda soledad. Muchos han descubierto la existencia y acogida de Dios después de haber perdido todo en este mundo, en el cual ellos confiaban y creían que era que duraba para siempre.

Cómo un San Agustín quien después de haber llevado una carrera con altos triunfos en diversas disciplinas y haber ganado los primeros premios en concursos de oratoria, se encuentra sólo, traicionado y decepcionado por la vanidad y falsedad del sistema humano sin Dios.

Y así llegará a exclamar abrumado y enamorado de la misericordia de Dios,

“¡ Tarde he llegado a amarte, oh hermosura siempre tan antigua y siempre tan nueva !”

¡ Cuántos han descubierto la existencia y acogida de Dios después de haber perdido a sus familiares y amigos por alguna tragedia ! 

También aquellos que han sido poderosos y famosos que se sentían saturados de ‘amigos’ y en el momento de la desgracia o de la enfermedad se vieron solos y abandonados descubrieron la vanidad de la vida y que no es lo mismo tener amigos que tener amiguetes.

Gracias a esa decepción de los humanos encontraron la verdadera y única amistad que nunca decepciona: la amistad de Dios y de sus santos.

Suele suceder a menudo que nos encontramos rodeados de seres humanos o aparentes amigos y sin embargo estar al mismo tiempo sufriendo una terrible soledad interior. Esta situación se puede dar y se da en muchos conventos, monasterios y seminarios, donde las virtudes cristianas son secundarias y la caridad y la humildad brillan por su ausencia, cuánta soledad se siente…Así lo experimenté en una ocasión cuando le pregunté a un seminarista, si estaba contento con su nueva vida en el seminario y la vida en comunidad. Su respuesta fue impresionante: “Nunca había vivido con tanta gente en un mismo sitio y al mismo tiempo sentirme tan solo…”

Recordé las palabras del Víctor Hugo, de triste memoria por su ideología anticristiana el cual afirmaba,

“Esos monjes que viven juntos y no se aman, viven juntos y no se conocen, viven juntos y no se lloran los unos por los otros cuando mueren.”

Terrible afirmación, sin embargo posible, sobre todo en los seminarios o conventos supermodernizados donde no vemos caridad ni humildad, porque se ha reemplazado el Sagrario por la televisión, el Rosario por las cartas y los juegos de azar y sobre todo se ha reemplazado la sacralidad de la Misa comunitaria en una reunión de amiguetes donde se aplaude, se canta música profana e incluso se baila.

Todo esto ha aniquilado el silencio y la soledad que nos permitía intimar con Dios.

Sin una vida espiritual seria y sólida, ¿ Cómo el alma de los que viven en comunidad va a estar llena de virtudes y caridad en tal género de vida ? Son las virtudes las que hacen llevadera una vida de comunidad y llevadero el silencio y la soledad.
La soledad humana la cual nosotros vemos a menudo con temor y espanto nos lleva muchas veces a ese desierto donde finalmente nos encontramos a solas con la indescriptible presencia de Dios.

La soledad física.

Suele suceder a menudo que nos encontramos enfermos y cuando la situación es tal que es necesario que pasemos muchas horas de soledad física, aunque sabemos que hay familiares y amigos que están siempre ahí. Es el caso de una enfermedad que nos mantiene postrados en cama y/o aislados del resto de nuestros familiares, amigos o conocidos. El caso de personas que quedan atrapadas en su cuerpo, incomunicadas, por una parálisis parcial o total. Dios también permitió que yo pasara por ello a causa de una intolerancia a la anestesia. 

Intento describirlo. De repente te das cuenta que estás despierto, que varias personas te rodean y te miran hablando de lo más natural como si nada sucediese; pero tú eres consciente de que no puedes mover tan siquiera un dedo meñique y haces esfuerzos inmensos por moverlo tan sólo un milímetro ¡Y no puedes!

Al principio la angustia y la desesperación es terrible, no es posible describirlo…

Se une a todo lo anterior una sensación de agobio, de asfixia y fobia incontrolables cuando has comprendido que tu familia, amigos y médicos están ahí, a unos centímetros de distancia y no puedes comunicarte con ellos. Hablan, ríen y bromean sin poder imaginarse que estás intentando gritar, pedir auxilio y sientes que tú corazón va a estallar al palpitar tan aceleradamente por la frustración, tristeza y incertidumbre de si ¡ nunca más te podrán oír y si ha llegado ya el momento en el cual nunca nos volveremos a ver !

Una descripción más gráfica para esta situación, es como si te encuentras entre cuatro bloques de cemento armado con un grosor de medio metro cada uno.

El muro que está delante de ti tiene un conducto de apenas medio centímetro a la altura de tus ojos, el es el único contacto para oír y ver ‘a los que están ahí afuera’. La sensación es terriblemente frustrante… cuando crees que no hay absolutamente ninguna esperanza;
 justo en este fatal momento, sucede lo más  impresionante: sientes clara y perfectamente “algo” desde lo más profundo de ti mismo que te dice con voz e inteligencia indescriptiblemente claras:

“YA HAS COMPRENDIDO QUE ES IMPOSIBLE COMUNICARTE CON ELLOS, NUNCA SABRÁN LO QUE TE ESTÁ SUCEDIENDO; NO TE HAGAS DAÑO INTENTANDO HACER LO QUE NO TE ES POSIBLE.”

Lo asombroso es que en un instante casi sin separación de sucesos, la voz que te acaba de hablar tú inteligencia hace que tu voluntad acepte lo que con evidencia tan aplastante te acaban de comunicar. Inmediatamente cuando eres consciente de que lo has aceptado y te has resignado totalmente,te hace entrar en una paz indescriptible. La desesperación ha desaparecido totalmente, la serenidad es tan grande que nunca la había imaginado en tal grado, al punto de que ahora mi mente está tan consciente y clara que me veo con las fuerzas y la libertad de poder decir con un inmenso alivio: “Lo ofrezco y acepto porque es lo correcto y lo mejor.”

Al decir estas palabras con tu mente y voluntad no eres consciente de a quien se lo estás diciendo, pero en lo más profundo de tu ser intuyes que se lo acabas de decir a Dios mismo; por la sencilla razón que LO CORRECTO Y LO MEJOR EN SU MAS ALTO GRADO SON ATRIBUTOS QUE SE IDENTIFICAN ESENCIAL Y ÚNICAMENTE CON DIOS.

He aquí cómo en el momento más inesperado, nunca imaginado y en el cual ya no veías absolutamente ninguna esperanza aparece aquel que te ofrece ayuda e inteligencia para que seas consciente de qué es lo que realmente te está sucediendo a ti y a aquellos que te rodean. 

Entonces comienzas a mirar a los que están a tu alrededor y ya no los ves de la misma manera; les miras ahora con total serenidad, comprendes lo que dicen y hacen, pero eso ya no te quita la paz porque sabes lo que te está sucediendo pero sobre todo que lo has aceptado todo sin reservas y con todas sus consecuencias.

Aquí viene el segundo fenómeno que se produce en tu alma.

Una vez que eres consciente de haber aceptado una realidad inevitable y que la has aceptado con resignación, empiezan una serie de razonamientos, explicaciones y conclusiones sobre tu vida pasada y presente, a tal nivel, que ya no te preocupa en absoluto el futuro, porque tú sabes que se lo has ofrecido todo a Él y que de ahora en adelante Él se ocupará de todo, porque tomaste la decisión correcta y verdadera.

He aquí cómo en esta terrible realidad de la soledad física, causada por nuestras limitaciones humanas, por enfermedades, por fallos técnicos o humanos en los cuales nosotros creemos que no quedaba absolutamente ninguna esperanza, es precisamente aquí, en este instante; cuando Dios ofrece su ayuda y el alma del ser humano, dialoga, discute y finalmente hace un pacto divino. 

La Dra. Elizabeth Kubler-Ross, en sus veinticinco años de estudios con enfermos terminales, concluyó que son conscientes de que no tienen ninguna posibilidad de vivir, en la mayoría de los casos, reconoce estas tres fases:

1- La rebelión y negación de su realidad.

2- La discusión y diálogo con el ser supremo que intuyen que todo lo dirige.

3- Y finalmente la aceptación total y pacto con Dios.

Esta doctora protestante de origen suizo, después de tantos años de investigación sobre los agonizantes, concluyó lo siguiente: “He descubierto con todos mis 25 años de estudios sobre la muerte y los agonizantes  que la religión católica es la más cercana a la verdad.” Se hizo católica y así murió a los cuatro años.

¿ A qué viene todo esto ?

A que Dios se sirve igualmente de la soledad del desierto físico de un enfermo, para dialogar, ofrecer ayuda, pactar y finalmente salvar a personas en los últimos instantes de sus vidas, si se dejan ayudar.

La soledad del  consagrado o de la persona  religiosa.

Dios insiste una y otra vez en la necesidad de la soledad del desierto y el mismo a menudo se iba a la soledad para rezar, tanto en el huerto de los olivos como también cuándo se retiró 40 días en el desierto para meditar y ayunar.

¿Es necesaria esta soledad del espíritu y en el sentido físico para buscar a Dios y las realidades espirituales ? Ya de muy antiguo nos lo dice el Espíritu Santo por medio de Isaías profeta:

” han de alegrarse el desierto y la soledad porque en sus caminos florecerán como los lirios”…”brotarán aguas en el desierto y correrán torrentes en la soledad…”
(Isaías, XXXV, 1).

Siempre se ha hablado de la soledad y del silencio como una necesidad para poder profundizar la vida espiritual. Pero muy pocos saben explicar el arte y la prudencia de esos caminos. Impuestos por la fuerza y sin preparar a las almas, suelen tener consecuencias contraproducentes en la psicología de una persona y en su vida en general.

Cuando el silencio es voluntario y la persona está equilibrada psicológicamente, emocionalmente podrá entrar en las profundidades de una sólida vida espiritual. Puede practicarse un silencio físico es decir no hablar pero no guardar un silencio interior:  la mente sigue pensando sin parar en sus angustias, en sus preocupaciones, en sus rencores o en sus tristezas, e incluso en malos pensamientos, todo esto sería una prueba de que el silencio puramente externo no sirve para santificar a un monje a un religioso o a cualquier persona que pretenda el camino espiritual.

El silencio de por sí solo no santifica ni perfecciona a nadie, concepto erróneo que tienen muchos directores espirituales y superiores de comunidades que obligan a los súbditos a un silencio estricto sin explicar que este es tan solo un medio, una herramienta y no un fin en sí mismo.

El silencio físico o mental no es un deleite en sí mismo si no una breve pausa que permite contemplar y deja hablar a Dios.

Aquellos que lo toman como un fin en sí mismo y sin explicar su filosofía y su prudente uso caen en la tristeza en la desesperación y en desequilibrios psicológicos y espirituales.

He aquí el porqué para muchos el silencio es algo incomprensible e insoportable.

Los tres últimos domingos de Adviento los evangelios nos han insistido en hablarnos sobre el desierto, la soledad del mismo y para ello poniéndonos continuamente como ejemplo la figura de San Juan Bautista.

Este gran santo tan alabado por el mismo Jesucristo podría ser nuestro verdadero guía y patrón si queremos ir por los caminos espirituales de la soledad del desierto.

El mismo Padre Pio de Pietrelcina nos lo dice claramente, que la oración no consiste solo en hablar y hablar o pensar tanto, sino también en el saber callar humildemente:

“Cuando estés en oración ante el Señor, si no puedes  decir nada, calla, mírale y escúchale.”
Padre Pío.

San Juan Bautista, ayúdanos y guíanos por los caminos del desierto de la vida espiritual.

P. Ricardo Ruiz V.

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Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruíz: 1980 Filosofía y latín en el Seminario Ntra. Señora Corredentora de Buenos Aires; 1986 Teología, Francés en Suiza; 1988 Ordenación sacerdotal, Seminario San Pío X, Suiza; 1988 Primer apostolado de parroquia en San Nicolás du Chardonnet, París, Francia; 1988-1990 Misión Parroquial en Mexico; 1991 - 2000 Madrid. España; 1996-2000 Exorcista "Ad Actum" en Valencia; 2000 - 2001 Parroquia en Wausau, Wisconsin, EEUU; 2000-2001 Capellán Hermanas del Corazón Real de Jesús. María Alm, Austria; 2002 - 2006 Capellán de convento Hermanas De La Presentación, Iowa, EEUU; 2006 - 2018 Casa De Retiros San José. Madrid, España.