II Domingo Adviento

Evangelio del Domingo. Santa Misa Tradicional.

II Domingo Adviento: Meditación del  Evangelio por el Padre Ricardo Ruiz.

Evangelio de San Mateo, XI, 2

Y Juan, al oír en su prisión las obras de Cristo, le envió a preguntar por medio de sus discípulos: “¿Eres Tú «El que viene», o debemos esperar a otro?” Jesús les respondió y dijo: “Id y anunciad a Juan lo que oís y veis: Ciegos ven, cojos andan, leprosos son curados, sordos oyen, muertos resucitan, y pobres son evangelizados; ¡y dichoso el que no se escandalizare de Mí!

Y cuando ellos se retiraron, Jesús se puso a decir a las multitudes a propósito de Juan: “¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Acaso una caña sacudida por el viento? Y si no, ¿qué fuisteis a ver? ¿Un hombre ataviado con vestidos lujosos? Pero los que llevan vestidos lujosos están en las casas de los reyes. Entonces ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Éste es de quien está escrito: “He ahí que Yo envío a mi mensajero que te preceda, el cual preparará tu camino delante de ti”.

 

En este evangelio se nos propone a San Juan Bautista como aquel que nos prepara para la venida del Redentor.

En efecto, el tiempo de Adviento es para prepararnos al nacimiento del Niño Jesús.

San Juan Bautista, quiere cerciorarse antes si Jesucristo es o no el redentor y desde la cárcel le envía preguntar si “es Él el que ha de venir o hay que esperar a otro“. San Juan está encarcelado por no haber sido políticamente correcto: se atrevió a decirle a Herodes que vivía en adulterio con la mujer de su hermano, con aquella famosa frase que entre las sentencias clásicas pasó a la historia: “NON LICET.”

Observamos que Jesucristo sí le responde por medio de sus discípulos, pero de una forma tan discreta y casi mística que solo aquellos que buscan la verdad con sinceridad sin dolo, lo saben captar. Jesucristo podría haberle respondido con un solemne y pomposo “Sí, yo soy.” Pero lo hace con tal discreción, y solemne elegancia que perece más bien que le envía una poesía en lugar de una respuesta:

“Decidle a Juan, lo que habéis oído y visto, los ciegos ven…”

Literalmente, los ciegos vieron porque les curó no solo milagrosamente, sino que lo más importante es que los ciegos que no veíamos la verdad y la salvación profetizada en el antiguo testamento ¡ Por fin la podemos ver y ahora es visible y tangible en el Redentor !

“Los cojos andan…”

¿ Cuántos somos los católicos que a pesar de haber recibido la gran gracia de la fe, del bautismo, de la eucaristía para comulgar…aún cojeamos en tantos defectos y miserias, grandes o pequeñas, porque aún nos resistimos a vivir totalmente entregados a la oración y a las buenas obras ?

“Los leprosos quedan limpios…”

¡ La cantidad de santos y de personas que han salido de sus graves pecados, de vicios incrustados en sus corazones, en sus almas y en sus inteligencias y que pudieron salir de esas lepras gracias a una gran conversión provocada por una grave enfermedad, un accidente, un grave fracaso profesional o familiar y así descubrieron a Dios en sus vidas ! Pues el mismo Papa San Gregorio el Grande, haciendo alusión a nuestras graves enfermedades es quien nos dice: “Nuestra fiebre es nuestra libido, nuestros vicios y nuestra propia soberbia.”

“Los sordos oyen…”

Cuando el sacerdote bautiza un niño le unge con saliva sus oídos pronunciando la palabra Epheta (ábrete), para que sus oídos y su corazón ya puedan escuchar la palabra de Dios. ¿ Cuántas personas después de una gran conversión se dieron cuenta que eran sordos a las palabras de sus familiares, amigos y las de aquellos que les pedían ayuda o les pedían tan solo ser escuchados ?

“Los muertos resucitan…”

Jesucristo realizó muchas resurecciones y delvolvió hijos que habían muerto, ya vivos a sus madres; pero es más asombrosa la resurrección del muerto que vive en estado de pecado grave y que vuelve a la vida y amistad de Dios una vez que el sacerdote le ha dado la absolución después de una confesión sincera y profunda, según nos comenta el gran Doctor de la Iglesia, San Agustín.

“Los pobres son evangelizados…”

En la antigüedad es sabido que solo las familias de alto nivel podían acceder a la educación y ser instruidos. Gracias a la redención de Jesucristo los más pobres pueden acceder a las grades profundidades de la sabiduría. ¿ Quien instruyó a la pobre campesina Juana de Arco, joven de 14 años casi analfabeta, que dirigió batallas, ganó un guerra y cerró la boca de los obispos que la condenaban con una sabiduría tan profunda y teológica ? : Sin duda lo fue la sabiduría del Espíritu Santo que adquirió Jesucristo para la redención también de los pobres.

“Y bienaventurado aquel que no se escandalice de mi.”

Aquí nos podemos sorprender y preguntar: ¿ Pero cómo me voy yo a escandalizar de Jesucristo; pero que cosas dice ?

Pues sí, es también una terrible realidad que existe. Cuando un alma se ha habituado tanto a mentir, a hacer el mal, a vivir solo de lo carnal y a adorarse a sí misma: cuando oye las serenas palabras de Jesucristo condenando la hipocresía, la mentira el odio, a esa alma le incomoda mucho, ¡en efecto, le molestan y escandalizan las palabras de Jesucristo !

Cuando San Estanislao, Obispo le recriminó al Rey Boleslao II de Polonia, diciendole que no podía vivir considerandose ‘catolico’ y al mismo tiempo llevar una vida tan desordenada de vicios y pecado; al Rey se enfureció tanto que ordenó asesinar al santo.

Y por último, Jesucristo pregunta a la muchedumbre ” ¿Qué saliteis a ver al desierto, una caña agitada por el viento ?”

Para poder encontrar a los verdaderos servidores de Dios, hay que ir al desierto… Ahí es donde habitan los que no buscan la gloria de este mundo, los que no buscan la aprobación de los hombres, los considerados como apestados y considerados como “La basura de este mundo”, en palabras de San Pablo.

En una iglesia burocratizada ¿ cuántas veces hemos visto a los sacerdotes sinceros y piadosos ser enviados a parroquias remotas y a pueblos perdidos y escondidos; mientras que a los corruptos y ambiciosos se los coloca en las parroquias más ricas e importantes de la ciudad ? En ocasiones hay que ir al desierto a buscar buenos pastores.

“¿ A caso a ver una caña agitada por el viento ?”

Precisamente, cuando una oveja va a buscar un pastor al desierto, no es por un motivo tan vano y trivial como una ‘caña agitada por el viento’; es porque busca profunda espiritualidad, por qué tiene serios motivos de fe para ir en su búsqueda.

“¿Salisteis a caso a ver un hombre con vestiduras finas ? ¡ Pero si los que visten así viven en los palacios !”

Ya lo decía el mismo San Juan María Vianney: “El verdadero sacerdote es aquel que lleva una sotana vieja y remendada; pero, que para celebrar la Santa Misa se pone una casulla de oro.”

Muchas veces queremos encontrar altas influencias humanas en la alta jerarquía, en los palacios y los enchufes de monseñores… pero sucede a menudo que ahí no habitan los profetas verdaderos y menos en nuestros tiempos.

La historia de la Biblia y de los santos en el nuevo testamento ha dejado constancia de que el verdadero profeta ha de ser odiado, perseguido, calumniado y martirizado, moral, físicamente o psicológicamente.

Basta ver la vida del P. Pío de Pietrelcina, que sufrió la más cruel persecución, no del pueblo, si no sobre todo de los sacerdotes no santos y de los obispos que le llegaron a acusar de falsario.

¿Pero por qué Dios permitió que a San Juan Bautista le cortaran la cabeza, que quemaran a Santa Juana de Arco y torturasen al P. Pío?

Porque fueron todos verdaderos profetas y de su sufrimientos nos llenó de gracias.

El verdadero profeta será siempre marginado, perseguido, calumniado y martirizado, como Abel, Ezequiel, Isaías, Elías y una muchedumbre incontable de mártires.

San Juan Bautista, en estos momentos que afronta la Iglesia, intercede por nosotros.

Ave María

P. Ricardo Ruiz V.

 

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Marchando Religion. Redacción