Domingo Infraoctava de la Natividad del Señor

Evangelio del Domingo. Santa Misa Tradicional.

Domingo en la Octava de Navidad.

Domingo Infraoctava de la Natividad del Señor.

Evangelio según San Lucas, II, 33.

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Su padre y su madre estaban asombrados de lo que decía de Él.  Bendíjolos entonces Simeón, y dijo a María, su madre: “Este es puesto para ruina y para resurrección de muchos en Israel, y para ser una señal de contradicción  y a tu misma alma, una espada la traspasará–, a fin de que sean descubiertos, los pensamientos de muchos corazones”.

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad muy avanzada; había vivido con su marido siete años desde su virginidad; y en la viudez, había llegado hasta los ochenta y cuatro años, y no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones.  Se presentó también en aquel mismo momento y se puso a alabar a Dios y a hablar de aquel (niño) a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén. Y cuando hubieron cumplido todo lo que era exigido por la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret en Galilea. El  niño crecía y se robustecía, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre Él.

 

Domingo Infraoctava-Marchando ReligiónEn pasaje de este Evangelio nos recuerda la devoción a los siete dolores de la Santísima Virgen. Es el primer dolor, escuchamos al anciano Simeon en el templo, profetizar que “una espada de dolor atravesará su corazón.” La promesa fue comunicada a Santa Brígida y consiste en rezar todos los días siete Ave Marías en honor de sus dolores, quien las rece, se le promete la asistencia visible de la Virgen María en el día de su muerte. Pero también se prometen especiales gracias y bendiciones para todos aquellos que hagan conocer esta devoción.

Nos llama más la atención la profecía de este anciano, sabemos que se hablaba de la futura participación de la Virgen a la Pasión de su hijo.

Es aún más llamativo que el anciano agregue, “…Para que se descubran así los pensamientos de muchos corazones.” ¿ El hecho de que el corazón de la Virgen sea atravesado por una espada revelará los pensamientos de muchos corazones ?

La explicación nos la da el libro de los Reyes, III, 16, con la sabiduría del Rey Salomón, cuando esas dos mujeres acuden a él pidiendo justicia.

Las dos tenían un hijo y uno había muerto asfixiado por su madre durante la noche. Una le robó el hijo a la otra y le puso el suyo que estaba muerto a su lado. Por la mañana esta reconoció que no era el suyo y pide justicia al Rey. Como ambas afirmaban que el niño vivo era el suyo y no había medio para probar quien mentía y quién decía la verdad; el Rey recurre a las profundidades del corazón del ser humano: AL DOLOR, para así descubrir la verdad oculta ante todos los que presenciaban tan dramática y dolorosa escena.

El Rey decide acabar esa discusión a gritos, ordenando al guardia que divida al niño en dos partes, así será una para cada mujer; pero cuando la verdadera madre vio que su hijo sería así asesinado, “SE LE CONMOVIERON LAS ENTRAÑAS” y rogó al Rey que prefería que se lo entregasen a la otra, mientras aquella decía con indiferencia y frialdad, “Ni para tí ni para mí, que lo partan en dos…” Porque sabía que no era su hijo.

El Rey inmediatamente comprendió quien era la verdadera madre y ordenó que le entregasen al niño sin dividirlo. El dolor de una madre, reveló los verdaderos pensamientos de la que era sincera. La frialdad e indiferencia de la ladrona ante la muerte inocente de un niño: reveló su mentira.

¡ Esta es la respuesta de la Biblia, el único libro en toda la historia de la humanidad que se explica a sí mismo y por si mismo; al ser todo inspirado por Dios ! Pero para ello es necesario meditarlo y rezarlo, no basta con leerlo.

Otro pasaje bíblico que nos explica el Evangelio de hoy es el libro del Eclesiástico, II, 5 : “Al hierro se lo prueba en la fragua, al oro en el crisol y al hombre en la tentación.”

La Virgen María va a sufrir y con ello se manifestarán los pensamientos verdaderos de los corazones. Cuando llegó el momento de la pasión de Jesucristo, todos mostraron lo que en realidad eran. El pueblo que antes lo quería aclamar rey porque les dio pan y milagros, gritó una semana antes, “Hosanna al hijo de David, bendito al que viene en el nombre del Señor.” Y esos mismos el viernes ya estaban gritando, “¡Crucifícale, Crucifícale!”. Los propios discípulos se escandalizaron, San Pedro le negó y muchos conocidos y ‘amigos’ desaparecieron.

Cuando vienen los momentos difíciles, todos mostramos lo que en realidad somos.

El sufrimiento físico.

Ante el sufrimiento físico también solemos demostrar lo que somos.

El sufrimiento físico normalmente es algo negativo y que nos produce rechazo y miedo y esto vale tanto para creyentes para como para no creyentes, es una realidad inevitable para todos. Con la ventaja de que el creyente puede ofrecerlo puede dignificarlo y sobre sobrenaturalizarlo, eso le proporciona serenidad, mientras que el no creyente puede desesperar porque ignora o no acepta que lo puede ofrecer por causas más elevadas.

En una ocasión un joven ateo me confesaba: “La verdad, me gustaría creer en algo, porque veo que los creyentes llevan mejor las dificultades y sus dolores son más llevaderos; reconozco que me gustaría tener la fe…”

Cuando padecemos el dolor físico, momentáneo o permanente, solemos llorar, huir y echarle la culpa a alguien; o por el contrario con una actitud más sabia, buscamos una causa y explicación a ese malestar para poder solucionarlo. Una reacción inteligente nos mostrará que no sirve de nada llorar, quejarse o culpar a otros.

Buscar una solución es de un espíritu positivo y esto último lo da sólo la fe firme, la fuerza de la gracia y de la oración. El sufrimiento físico cuando se ofrece con una intención espiritual: por la purificación de nuestros pecados, por las almas necesitadas del purgatorio o por la conversión de alguna persona, nos produce gran paz y nos hace con el tiempo más equilibrados; emocionalmente, psicológicamente y espiritualmente. En este sentido el sufrimiento físico, según nuestra actitud, demuestra si somos débiles o fuertes psicológicamente y espiritualmente.

El sufrimiento moral.

El sufrimiento moral es diferente y suele ser más profundo e intenso.

¿ Cómo diferenciamos el sufrimiento físico del moral ?

Porque no es lo mismo decir me duele el brazo que decir estoy lleno de dolor a causa de una pérdida familiar. Este dolor moral nos afecta por causas familiares, abandonos, ingratitud, ofensas, traiciones, venganzas, infidelidades y un gran etcétera. Cuando el alma de una persona ha sido formada sólidamente en los mandamientos de Dios, en la oración y en los valores espirituales y/o en nobles virtudes, normalmente esa persona tiene más capacidad para controlar la cólera ante una traición, aunque si hay que ejercer la justicia, se puede hacerlo sin perder la cabeza a causa de la ira. Se tiene más nobleza para evitar rencores y venganzas no cristianas, se hace más llevadero el sufrimiento que haya causado algún conflicto familiar.

Tenemos el ejemplo del santo monje Alpandeire, se cuenta como en una ocasión llamó a la puerta de un ateo y rabioso anticristiano. El monje le pidió ayuda para alimentar a los hambrientos, pero el hombre despiadadamente le escupió a la cara. El santo sin inmutarse, se limpio el escupitajo y con gran serenidad le dijo: “Ya me ha dado usted lo que yo merezco; ahora por favor, deme también algo para mis pobres.” El ateo se impresionó tanto, que se convirtió profundamente al catolicismo y fue uno de sus más grandes colaboradores.

Ante este dolor moral de humillación, el santo Alpandeire podría haber respondido con la misma moneda, haberse encolerizado.., pero su alma llena de virtud le dio tal fuerza.

Ante el dolor, mostró lo que había dentro de su corazón.

¿ Cuántas veces nosotros ante el insulto, la traición o la ofensa habremos respondido con violencia incontrolada, con enajenación y profundo rencor por falta de fortaleza espiritual y de virtud ?

Jesucristo en la última cena no estaba sufriendo físicamente; pero sí moralmente, a causa de la terrible traición de Judas y porque sabía lo que le esperaba en la Pasión, por ello dijo: “Mi alma está triste hasta la muerte.”

Pero también cuando el dolor moral unido al físico en un enfermo terminal o un impedido de por vida, es acompañado por la caridad y la compasión; el enfermo nunca desesperará ni pedirá la eutanasia. Así lo aseguran los estudios de la Dra. Elizabeth Kubler-Ross. Ella afirma que un enfermo que se siente querido y cuidado, que no lo hacen sentirse un estorbo, no pedirá nunca la muerte.

El sufrimiento espíritual o místico.

El sufrimiento espiritual se da en un nivel muy diferente y que no tiene comparación. ¿ Cómo sabemos que no es físico ni moral ? Por la sencilla razón que un alma que busca de verdad la vida espiritual y la oración profundas, puede estar pasando por un periodo de sequedad, de prueba, de sensación de abandono. Se puede tratar de una persona con gran salud física y sin motivos para tener ningún dolor moral porque no los hay, pero tener ese dolor espiritual que solo las almas que buscan la perfección lo pueden experimentar.

Este dolor místico lo describe de una manera admirable nuestra querida Santa Teresa en sus sufrimientos espirituales: “Oh Señor que llegáis y no ponéis la medicina. Herís y no se ve la llaga; ¡ matáis, dejando con más vida ! Oh nudo que así juntáis dos cosas tan desiguales, no sé por qué os desatáis; ¡ pues atado fuerza dais a tener por bien los males ! Quien no tiene ser juntáis, con el Ser que no se acaba; sin acabar acabáis, sin tener que amar, amáis, ¡ engrandecéis nuestra nada !”

Este mismo sufrimiento místico lo quiso padecer Jesucristo en la Cruz, no porque lo necesitase ni porque estuviese desesperado, sino para darnos lección y advertencia de que un día también lo deberemos experimentar si queremos ir fielmente tras él:

“Elí, Elí, lamma sabachtaní !” “Señor, Señor, ¡ por qué me has abandonado !”

Esa fue la profecía del anciano Simeon a la Virgen María, “Una espada de dolor atravesará tu corazón, para que así queden manifiestos los pensamientos de muchos corazones.”

La Virgen María nunca abandonó a su familia ante el sufrimiento físico, en tantos años de pobreza, persecución en Egipto y penurias materiales. Ella nunca desesperó ante el dolor moral que le causó ver a su hijo perseguido, acosado, calumniado y condenado. Ni siquiera ante el dolor extremo de ver a su hijo crucificado, muerto y sepultado… a pesar de ello estuvo siempre a su lado ¡ hasta verle resucitado !

El dolor místico, también supo sobrellevarlo con gran serenidad.

El dolor del drama de un hombre-Dios hizo mostrar lo que los corazones tenían oculto: los apóstoles se escandalizaron y huyeron, los fariseos lo arrestaron, los pontífices con odio lo condenaron y el pueblo manipulado junto con Pilatos amenazado, le crucificaron. La profecía se cumplió a la perfección: los pensamientos de los corazones, quedaron al descubierto ante el dolor de la espada qué atravesó el corazón de María Santísima.

“Eia Mater fons amoris,
me sentire vim doloris;
fac ut tecum lugeam.”

“¡Madre, fuente de amor, 
hazme sentir todo tu dolor
para que llore contigo!”

(Stabat Mater).

¿ Estamos preparados ?

¿ Qué sorpresas ocultas mostrarán nuestros corazones cuando llegue el día del gran dolor ?

Madre dolorosa, Ruega por nosotros.

P. Ricardo Ruiz V.

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Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruíz: 1980 Filosofía y latín en el Seminario Ntra. Señora Corredentora de Buenos Aires; 1986 Teología, Francés en Suiza; 1988 Ordenación sacerdotal, Seminario San Pío X, Suiza; 1988 Primer apostolado de parroquia en San Nicolás du Chardonnet, París, Francia; 1988-1990 Misión Parroquial en Mexico; 1991 - 2000 Madrid. España; 1996-2000 Exorcista "Ad Actum" en Valencia; 2000 - 2001 Parroquia en Wausau, Wisconsin, EEUU; 2000-2001 Capellán Hermanas del Corazón Real de Jesús. María Alm, Austria; 2002 - 2006 Capellán de convento Hermanas De La Presentación, Iowa, EEUU; 2006 - 2018 Casa De Retiros San José. Madrid, España.