Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe

¿Saben quién era Juan Diego? Hoy les hablamos de las apariciones de Guadalupe.

Apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe, un artículo de Félix Véliz.

La lucha constante del diablo contra la Santísima Virgen María, Madre de Dios y nuestra, no tiene parangón con ninguna otra lucha que este ser maldito y toda su cohorte hayan mantenido en contra el Reino de Dios. Lo cual, dicho sea de paso, es absolutamente lógico, ya que a través de nuestra Señora nos vino al género humano la Salvación.

Las apariciones de Guadalupe-Marchando ReligiónElla rompió y sigue rompiendo, con su humildad y obediencia a la divina voluntad, los planes del infierno que sólo buscan matar, robar y destruir la obra de Dios en nosotros. Unas veces esta guerra adquiere tintes dramáticos y se muestra en su crudeza y maldad plenas; otras, sin embargo, es más sutil, casi imperceptible.

Entre la procesión blasfema o la abortista disfrazada de Virgen María y el considerar a la Reina de todo lo Creado una chica normal y corriente existe un amplísimo abanico, ya saben ustedes a qué me refiero… 

En su maravilloso Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen el gran apóstol san Luis María Grignon de Montfort, profetizó que su obra permanecería oculta lago tiempo (como realmente sucedió por más de cien años) debido a las insidias del demonio; tanto desde fuera de la Iglesia (los revolucionarios liberales), como desde dentro (los jansenitas), la devoción a nuestra Señora según el método de esclavitud mariana propuesto por el santo fue duramente combatido.

En el Tratado se dan muchos y contundentes argumentos en apoyo de una de sus principales tesis: la necesidad de acceder a Dios a través de María.

Uno de dichos argumentos afirma que si Dios Todopoderoso quiso venir a nosotros a través de María, lo natural es que nosotros acudamos a Dios a través de ella, la Madre del Verbo encarnado. No nos hemos los católicos de acomplejar de nuestra devoción mariana; muy al contrario: ella es, junto con la Eucaristía, uno de los pilares de la recta y sana doctrina católica, ¿recuerdan el sueño de don Bosco?

Hoy es 12 de diciembre. Un 12 de diciembre del año 1531 un pobre indio chichimeca de cincuenta y siete años, convertido y bautizado hacía poco tiempo, dejaba boquiabierto al señor obispo Don Juan de Zumárraga, primer obispo de México, con un hecho milagroso que cambiaría la historia del Nuevo Mundo para siempre o, mejor dicho, demostraría una vez más que Dios es Dueño y Señor de la Historia y obra directamente en ella según su beneplácito.

El milagro, como usted ya sabe, no fue otro que la impresión en la tilma de Juan Diego (este era el nombre cristiano del indio) por medios sobrenaturales de una hermosísima imagen de la Virgen María.

Todo comenzó el sábado 9 de diciembre.

Ese bendito día tuvo lugar en el Tepeyac la primera de las cinco apariciones que, en los tres días siguientes, darían un nuevo e imprescindible impulso a la ingente tarea evangelizadora que trataban de realizar un insuficiente número de frailes venidos desde España. Más que el relato de las apariciones, el cuál invito a los lectores que lo desconozcan a leerlo, (especialmente hoy), lo que me gustaría remarcar muy someramente son algunos aspectos de estas apariciones:

-Se ha hecho mucho énfasis en que Nuestra Señora elige como mensajero al más indigno de aquella sociedad. Sin embargo, Juan Diego no era ciertamente el más pobre y desheredado que habitaba aquellas tierras ya que, si bien no era rico, tampoco era, por ejemplo, un esclavo. Creo que la clave está en las palabras con que la Madre de Dios se le presentó en la primera aparición:

“Juanito: el más pequeño de mis hijos (…)’’.

He aquí, a mi entender, una clave importante que debemos entender: Juan Diego, con toda seguridad, no era el más pobre, ni el más excluido, ni el que habitaba la periferia más periférica de su entorno vital; lo que sí está bien claro, basándonos en el saludo de la Virgen, es que era nada menos que el más pequeño de los hijos de María. Es decir, nuestra Señora escogió a lo más humilde y bajo pero, eso sí, de lo mejor que había en aquella sociedad: un cristiano sincero y devoto que se dirigía presuroso a la celebración de la santa misa.

-La firmeza con que María envía a su mensajero ante la presencia del sucesor de los Apóstoles para solicitarle, en su nombre, la construcción de un templo en aquél lugar. Señal certísima de la veracidad de unas apariciones es precisamente ésta: NUNCA pretenden, así sea el mismo Dios Todopoderoso, ir por encima de los prelados de la Santa Madre Iglesia. Dios es un Dios de orden y aborrece la desobediencia.

¿A alguien le suena qué presuntas apariciones contemporáneas nunca han promovido precisamente la obediencia al obispo local?

-La celestial Reina le pide al obispo Zumárraga la construcción de un templo, de un santuario mariano, desde el cuál poder prodigar sus gracias y su cuidado maternal y misericordioso a todos sus hijos de aquellas tierras. Aquí vemos la importancia del culto mariano en la vida de fe cristiana, la importancia de la piedad popular, de los sacramentales, devociones, peregrinaciones, etc. ¡Tantos elementos de nuestra fe que llevan ya tanto tiempo, dicen algunos mentirosos, desfasados y anticuados!

-Otro aspecto interesante es que, mientras los herejes luteranos destruían en media Europa toda imagen de la Madre de Dios que cayera en sus garras, en la tilma del humilde indio san Juan Diego el mismo Cielo plasmaba la hermosísima estampa de la Madre de Dios.

Después de la impresión de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en la pobre tilma y de la construcción del solicitado santuario la evangelización de los pueblos indígenas avanzó de forma impensable poco tiempo antes.

La Santísima Virgen María, ¡qué duda cabe!, es la mejor evangelizadora posible.

La prueba de ello es que millones hoy apostatan de la verdadera fe, sin embargo, el amor a María sigue vigente en casi todos, de forma que es el único aspecto de piedad cristiana que sigue intacto en muchos.

Volviendo a san Luis María Grignon de Montfort, si Nuestro Salvador vino (y sigue viniendo) a través de María, es ella el medio más idóneo y adecuado para acercarnos al Salvador. No lo dudemos. No descuidemos, especialmente durante este tiempo de Adviento, nuestra piedad filial mariana tan necesaria en estos tiempos recios que vivimos.

Félix Véliz

 

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