10ª aparición en Lourdes

Las apariciones de Nuestra Señora

10ª aparición en Lourdes un artículo de Rosa Jordana.

Después del interrogatorio del Fiscal Dutour a Bernadette, los Soubirous vivían en una intranquilidad angustiosa. Todos se sentían en peligro de ser encarcelados puesto que la amenaza les incumbía también a los padres de la niña. Esa noche durmieron poco y a las cinco de la madrugada del viernes 26 de febrero, todas las hermanas de Louise estaban ya en el Cachot para tomar una decisión.

10ª aparición en Lourdes-Marchando ReligiónEn la Rue Petits Fossés se había congregado también bastante gente, sobre todo mujeres, que esperaban la salida de la pequeña. Louise y François estaban atemorizados y hubieran visto con buenos ojos que su hija también lo estuviera y renunciara por propia voluntad a ir a la Gruta. Sin embargo, Bernadette sólo imploraba volver. Parecía no haber oído al Fiscal o no importarle lo que le había dicho. Eso sí, escuchaba atentamente lo que decían sus padres y sus tías. Hasta que su tía -y madrina, no lo olvidemos- Bernarde sentenció “¡Si yo fuera Bernadette, iría!”. La niña no necesitó oír nada más. Conocía bien la autoridad que ejercía su tía en la familia. Así que abrió el armario, cogió su “capulet” y, sin decir palabra, partió, feliz, hacia Massabielle.

A las seis de la madrugada había ya más de seiscientas personas en el entorno de la Gruta.

La fuente que surgió el día anterior daba la razón a los que no se escandalizaron y creyeron, a pesar de las burlas de la mayoría.

A su llegada, Bernadette se dirigió primero a la fuente, contrariamente a su costumbre. En ningún momento pareció sorprenderse del cambio que se había obrado en la fuente. Ella la dejó siendo a penas un hueco con agua embarrada. Esa mañana era una fuente de agua cristalina que había abierto su curso hacia el canal.

Se persignó, bebió y se lavó la cara. Después bajó hasta su lugar habitual besando el suelo y, una vez de rodillas de cara a la hornacina, empezó a rezar.

Desde la roca plana donde solía situarse, rezaba el Rosario. Pero no pasaba nada. Bernadette imploraba, alargaba sus brazos hacia la hornacina… Recomenzó el Rosario… Nada.

A las personas que la interrogaron al tiempo que ella se alejaba, desolada, les dijo, entre sollozos: “La Dame no ha venido hoy…”. Nada ni nadie podía consolarla de la ausencia de Aquella que ya lo era todo para ella. Bernadette se cuestionaba ella misma “¿Qué he hecho mal?”, “¿Se cansó de mi torpeza en encontrar la fuente?”. Estaba en la misma situación que el día 22, el día siguiente al interrogatorio de Jacomet. Los que la creían, culpaban a los que se habían burlado: “¿Acaso esas mofas podían alejar a “la Dame”?”

Ese día, sin embargo, ocurrió algo prodigioso.

La noticia de la fuente había sacudido Lourdes. Monsieur Martin Tarbes, el carretero, Monsieur Domengieux, el carpintero, y Monsieur Casterot, el herrero, con el permiso de los canteros que se había arrogado de forma espontánea la misión del cuidado de la Gruta, decidieron excavar una zanja que condujera el agua. Habían visto que el caudal de agua era suficientemente abundante para que pudiera extenderse de forma imprevisible y regar toda la pendiente del suelo de la Gruta.

Proyectaron para más adelante, instalar una especie de compuerta con ayuda de un tronco vacío. Y decidieron trabajar en ello en todos sus ratos libres. Ellos construirían las primeras conducciones del agua de Lourdes. Desde el primer momento de toda esta historia, todo estuvo en manos de la gente sencilla, para mayor gloria de Dios. Como en Belén.

Pero debemos volver a Bernadette.

Los Soubirous volvieron a comprobar la tristeza, aflicción y desamparo de su hija. ¿Fue su resistencia a dejarla ir la que molestó a “la Dame”? En el Cachot se volvió a vivir un día muy amargo. A pesar de ello, la obstinación de Bernadette en volver a la Gruta era absoluta y nada ni nadie la detendría en adelante.

Así que el sábado, 27 de febrero, fiel a la promesa que había hecho a “la Dame”, Bernadette partió hacia la Gruta. Ese día la acompañaron su tía Bernarde, Madeleine Pontic y Jeanne Laborde.

A pesar de las decepciones del día 25, había muchísima gente. Antes de las seis todos los accesos a la Gruta estaban bloqueados. Ese día el Comisario Jacomet envió al guardia Callet, de su confianza, a hacer el recuento. El bueno de Pierre Callet se sintió desbordado.

Se había reunido allí alrededor de un millar de personas.

Bernadette y sus acompañantes llegaron poco antes de las siete de la madrugada. Le costó pasar entre la multitud, pero la buena voluntad de los presentes le ayudó a abrirse paso. La mayor parte de los hombres tenían su gorra en las manos, pero si alguno se olvidaba de descubrirse la cabeza, se oía un coro de voces que decía “¡Sombrero! ¡Sombrero!” y se lo sacaba. Ese día el tiempo era húmedo y llovía a intervalos, así que lo mismo ocurría con los paraguas: “¡Paraguas! ¡Paraguas!” y se plegaban de inmediato.

Bernadette ocupó su lugar, empezó a rezar el Rosario y, de pronto, palideció. “La Dame” había venido. Pierre Callet olvidó el encargo de Jacomet y emocionado dijo “¡Todos de rodillas!”.

El éxtasis de la niña duró más tiempo que los días anteriores.

Saludó, sonrió, luego su semblante se entristeció y se repitieron los gestos penitenciales de días anteriores. Fue a beber y a lavarse a la fuente. Bernadettte deambulaba de rodillas por la Gruta. Subía, bajaba. Bernadette explicó que había estado muy cerca de “la Dame”. Había existido una gran proximidad entre ellas.

Al cabo de un buen rato el rostro de Bernadette recuperó su color y se marchó. En el camino de vuelta le preguntaron por los cambios de expresión en su cara a lo que la niña dijo “Si “la Dame” está triste, yo también, si está alegre yo también” Le preguntaron “¿Por qué está triste la Señora?” “Por los pecadores”, respondió Bernadette.

Antoine Clarens, el Director de la Escuela Superior de Lourdes, estaba estupefacto ante las mil y una historias que se contaban en la villa sobre los sucesos de Massabielle.

Ese día decidió redactar un informe para su amigo, el Prefecto. No era un encargo, pero tenía ganas de formarse una opinión propia y creyó que sería lo suficientemente objetivo para que su testimonio fuera útil a la autoridad. Vivía en la Rue du Bourg, paralela a la de Petits Fossés.

A pesar de ser casi vecinos, cuando vio a Bernadette no la reconoció. Nunca había reparado en ella. Ese día presenció de cerca lo que hacía Bernadette. Escribió: “Podríamos decir que no parece de este mundo” y lo atribuyó a lo que él consideró gran capacidad de concentración.

Lo que escribió ese día fue: “Su juventud, la ausencia de toda instrucción, su vida pasada en el campo en casa de su nodriza donde fue pastora hasta hace un mes a penas, su inocencia e ingenuidad, todo en ella testifica en gran medida que es incapaz de la más mínima superchería.”. Como se ve no tenía información veraz sobre la vida de Bernadette, puesto que ésta no había pasado su vida en el campo. No obstante, captó perfectamente los rasgos de su personalidad.

Ya llevo unos días describiendo las idas y venidas de Bernadette por la Gruta.

Y de la aparición que he narrado hoy, Bernadette contó que “había estado muy próxima a la Deme”. Todos los que conocemos la Gruta actual nos podemos preguntar cómo es posible que la gente se sorprendiera de la agilidad de Bernadette en ese espacio. No es un lugar inhóspito. Sin embargo, también nos puede extrañar, y mucho, que ambas llegaran a “estar próximas”. Pero es que hay que tener en cuenta que Massabielle no era entonces lo que es ahora y, a pesar de que después de todo lo descrito, pueden hacerse una idea de ello, intentaré describir el espacio lo más exactamente posible.

Además, en nuestros días, vemos la imagen de la Santísima Virgen estática situada en la hornacina. Eso nos puede llevar a pensar que “la Dame” se mantenía siempre fija siempre en ese lugar. Y eso no es así, según el relato de Bernadette.

Si se han fijado bien, la hornacina se comunica con la parte baja de la Gruta por detrás.

Existe un agujero suficientemente grande pero que, generalmente, nos pasa desapercibido. Está en la bóveda de la Gruta y lo pueden ver si pasan por allí -como solemos hacer todos los peregrinos-, en la parte más honda y después de pasar delante de la fuente.

Según el relato de Bernadette, la aparición solía recular en la hornacina para bajar hacia la Gruta y, a su vez, ella podía acercarse a la hornacina por el mismo lugar. Eso era posible, gracias a la pendiente que existía entre lo que hoy es el suelo de la Gruta y el lugar donde se sitúa la imagen de la Santísima Virgen. Esa cuesta estaba formada por piedras y arena arrastradas como sedimentos por la fuerza del río o por la erosión y se habían acumulado en el hueco de la Gruta.

Todo ello formaba un montículo en su interior por el que discurría la niña de rodillas “como en la iglesia”, diría un historiador, años después.

Por ese desnivel discurría alegre el agua de la fuente que estaban canalizando diversos artesanos de Lourdes, con la cooperación de los canteros. Ese día ya había muchas personas que se llevaban agua en botellitas. Y faltaban pocos días para que todos empezaran a comprender. Entre los primeros… quiso la Santísima Virgen que fueran los canteros.

Rosa Jordana

Les invitamos a conocer las distintas Hospitalidades, hoy nos vamos a La Coruña: Hospitalidad de Lourdes-La Coruña

No se pierda ninguno de los artículos de Rosa, aquí tienen el índice para que puedan leer la historia de Lourdes desde el principio

  1. ¿Por qué Lourdes? 
  2. El siglo de María
  3. Bernadette Soubirous, ¿quién es? 
  4. ¿Cómo era Bernadette?
  5. Primera aparición de Nuestra Señora de Lourdes
  6. Segunda aparición de Nuestra Señora de Lourdes 
  7. Tercera aparición: La Virgen habla por primera vez 
  8. Cuarta y quinta aparición en Lourdes 
  9. Sexta aparición en Lourdes
  10. Primer interrogatorio a Bernadette 
  11. Séptima aparición en Lourdes
  12. Penitencia, penitencia 
  13. 9ª aparición: La fuente 

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Rosa Jordana

Rosa Jordana

Rosa Jordana: Licenciada en Ciencias de la Educación. He trabajado con niños y para niños. Mi pasión es Lourdes, donde peregriné por primera vez con diez años y no he dejado de hacerlo. Mi ilusión es que peregrinemos allí, Vds. y yo juntos cuando nos encontremos en estas líneas. Nos espera la Santísima Virgen