tragar camellos izquierdistas

Colar mosquitos liberales, tragar camellos izquierdistas un artículo de Juan Manuel Rubio 

tragar camellos izquierdistas-Marchando ReligionExisten católicos de corte tradicional –los progres prefieren ni recordar su existencia- que afirman muy rotundamente, sin gastar más razones, que el Syllabus condena el liberalismo, y de tal modo lo dicen que incluye el de ayer, hoy y siempre, cualquier gobierno o partido que se considere liberal. Raramente recuerda algún católico que el Syllabus condena otras ideologías, por lo que conviene dedicar algún tiempo a ver qué dice ese documento magisterial, qué significa liberal y qué hemos de pensar de los actuales movimientos políticos con independencia del rótulo que se les ponga.

El Syllabus es un repertorio de errores condenados por el Beato Pío IX, publicado el 8 de diciembre de 1864 acompañando a la encíclica «Quanta cura».

Fue el resultado de años de tentativas, comisiones, proyectos varios, frenos e impulsos que culminaron en una lista de ochenta proposiciones ya condenadas en anteriores actos magisteriales del mismo Papa; así lo revelan tanto el título completo como la historia de su redacción. Es uno de los documentos pontificios que más revuelo mediático ha causado, más ha escocido a los políticos y más eclesiásticos han tratado de interpretar a su modo; al menos si consideramos la diferencia de medios de comunicación entre 1864 y hoy en que cualquiera, hasta yo, puede difundir sus opiniones.

El Syllabus esta distribuido en diez secciones, la mayoría contienen algunas de esas 80 proposiciones erróneas, otras solamente remiten a distintos pronunciamientos pontificios.

Extraigo algunas palabras de los títulos de las secciones: panteísmo, naturalismo, racionalismo, indeferentismo, latitudinarismo, socialismo, comunismo, sociedades secretas; errores sobre la Iglesia, la sociedad civil, la ética, el matrimonio… Hay para todos, quizás no sea el liberalismo el más vapuleado.

La sana doctrina es permanente, el error es veleidoso y entre los condenados por el Syllabus los hay pasados de moda –pueden volver- y otros mucho más actuales ahora que cuando se publicó, lo que lo convierte en un documento profético en el mismo sentido que la «Humanae Vitae». La verdad de cualquier tiempo vale para el futuro.

El Syllabus arranca condenando estas proposiciones:

1. No existe ser divino alguno, supremo, sapientísimo y providentísimo, distinto de esta universidad de las cosas…
2. Debe negarse toda acción de Dios sobre los hombres…
3. La razón humana, sin tener por nada en cuenta a Dios, es el único árbitro…
4. Todas las verdades de la religión derivan de la fuerza nativa de la razón humana…
5. La revelación divina es imperfecta y, por tanto, sujeta a progreso…
6. La fe de Cristo se opone a la razón humana…
7. Las profecías y milagros expuestos y narrados en las Sagradas Letras, son ficciones de poetas…

El Beato Pío IX estuvo profético, ciertamente.

Los que no padecemos ceguera voluntaria vemos estos errores mucho más presentes, dentro y fuera de la Iglesia, ahora que cuando se promulgó el Syllabus. Lo que no vemos tan de moda es oponerse vigorosamente a todos estos errores.

Otros errores condenados tienen menor difusión hoy, en algunos casos más por la indiferencia religiosa o el simular respeto a la libertad religiosa que por apego a la buena doctrina. Cosas como:

25. La Iglesia no tiene derecho nativo y legítimo de adquirir y poseer.
28. No es lícito a los obispos, sin permiso del gobierno, promulgar ni aun las mismas Letras apostólicas.
33. No pertenece únicamente a la potestad eclesiástica de jurisdicción, por derecho propio y nativo, dirigir la enseñanza de la teología.
49. La autoridad civil puede impedir que los obispos y el pueblo fiel se comuniquen libre y mutuamente con el Romano Pontífice.
50. La autoridad laica tiene por sí misma el derecho de presentar a los obispos…

¡Perdón, perdón! Me equivoqué y cogí los puntos que se refieren a la China actual.

¿Y qué dice el Syllabus sobre el liberalismo? En la sección relativa a errores de las sociedades clérico-liberales remite a otros pronunciamientos pontificios sin reproducirlos. En la de «Errores relativos al liberalismo actual.» condena cuatro proposiciones:

77. En nuestra edad no conviene ya que la religión católica sea tenida como la única religión del Estado…
78. … se ha previsto por ley en algunas regiones católicas que los hombres que allá inmigran puedan públicamente ejercer su propio culto…
79. … es falso que la libertad civil de cualquier culto … conduzca a corromper más fácilmente las costumbres…
80. El Romano Pontífice puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, con el liberalismo y con la civilización moderna.
Es decir tres puntos sobre la libertad religiosa –no nos metamos a conciliarlos con «Dignitatis humanae» del Concilio Vaticano II- y un cuarto absolutamente actual dada la ignorancia y entreguismo de muchos católicos.

El liberalismo de siglos pasados incluye doctrinas sobre libertad individual y limitación del estado, igualdad ante la ley, propiedad privada, división de poderes, separación de Iglesia y Estado, administración pública imparcial… y prácticas como la persecución sañuda a la Iglesia confiscándole sus bienes, destruyendo sus monasterios y órdenes religiosas, interviniendo en la actividad de los obispos y otros aspectos internos.

Si comparamos las limitadas condenas contenidas en el Syllabus con la mayor extensión de asuntos que puede tratar el liberalismo es un tanto excesivo hablar de condena absoluta, completa y perpetua del liberalismo; si bien en otras secciones contiene bastantes más condenas de prácticas llevadas a cabo por gobiernos liberales contra la Iglesia que condenas al liberalismo como tal, pero no son características suyas sino de toda clase de gobiernos absolutistas, regalistas, nacionalistas…

El que en algunos católicos se haya fijado el binomio Syllabus-liberalismo se debe al silenciamiento del resto del Syllabus y a un error de pensamiento por analogía: como los católicos creemos lo mismo que creían los Apóstoles y somos la misma Iglesia que Cristo fundo sobre ellos, los demás siguen siendo lo mismo que fueron y manteniendo las mismas premisas ideológicas que mantenían. ¡Ni de lejos es así!

Debemos retener la sabiduría de Pío IX y colaboradores cuando titularon una sección del Syllabus como «Errores relativos al liberalismo actual.», del de 1864, ni del pasado ni del futuro.

En la actualidad las etiquetas de liberal y neoliberal suele aplicarse a los que son partidarios de una menor intervención estatal, menores impuestos y cosas similares. En Europa occidental la política oscila entre la mucha intervención estatal en la economía y la vida de las personas, la muchísima y la más que muchísima. En este contexto suele llamarse liberales a los que solamente quieren mucha intervención; pero en Estados Unidos el uso de la etiqueta es exactamente opuesto, allí los liberales son el equivalente a los izquierdistas europeos.

No me suena que existan, actualmente, gente etiquetada de liberales que estén muy preocupadas por si «El Romano Pontífice puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, con el liberalismo y con la civilización moderna.», aunque ya he dicho que católicos ignorantes y entreguistas están en este error.

Por lo general, a los liberales de hoy la Iglesia y sus doctrinas no les importan lo más mínimo y cuando la atacan lo hacen como a cualquier otro que se oponga a sus imposiciones totalitarias.

Sí, el liberalismo actual también puede tener su toque totalitario, como lo muestra el caso del gobierno liberal de Canadá.

Hace algunos meses ese gobierno impuso que, para subvencionar empleos en nada relacionadas con el asunto, los solicitantes han de suscribir una declaración de apoyo explícito a su despendolada política en materia de ideología de género. Así quedó excluido todo católico, empresario privado o entidad eclesiástica, junto con cualquier otra persona que conserve la racionalidad y la decencia.

¿Son aborrecibles la mayoría de los partidos y gobiernos liberales actuales?

Sin la menor duda y basta un capítulo para demostrarlo, casi el gran capítulo de la política de bastantes países: aborto, eutanasia, anticoncepción, producción artificial de embriones, ideología de género… Todo esto abrazado con entusiasmo, impuesto coactivamente o, cuando menos, mantenido y administrado. Estas abominaciones no están condenada en el Syllabus –salvo el divorcio en el nº 67- porque hasta el siglo XX el hombre no se apartó tanto de Dios como para declararlas derechos humanos, pero todos los católicos sabemos que son completamente contrarias a la Ley de Dios y un daño enorme para individuos y sociedades.

Los católicos debemos pensar según la verdad y no según etiquetas, ni las que se ponga cada uno ni las que le pongan sus enemigos.

¿Y si estas políticas contra la familia y la vida son abrazadas bajo otras etiquetas? Lo son y el juicio negativo es el mismo. Estos disparates son predicados y puestos por obra por conservadores, socialistas, progresistas, radicales, feministas, comunistas, nacionalistas… La etiqueta es lo de menos; si en 1864 el Beato Pío IX ya vio venir el problema o no es lo de menos; su carácter satánico y radical oposición a Dios es lo único importante.

Es más, de todos los males de los que son culpables los liberales actuales y pasados ¿hay alguno del que no sean todavía más culpables partidos y gobiernos de otras tendencias, sobre todo izquierdistas? ¿Qué partido gobierna en China y persigue a la Iglesia? ¿Y los que la persiguieron en España obsequiándonos con miles de mártires? ¿Quiénes son los que más han extendido el aborto y hasta lo han hecho obligatorio en algún país? ¿Quiénes utilizan el hambre como instrumento de dominación política llegando a provocarla intencionadamente? ¿Y los que privaron a los padres de todo derecho a educar a sus hijos e impusieron adoctrinamiento marxista? ¿Y los que ahora imponen la ideología de género en la enseñanza y pretenden que los niños hayan tenido, al llegar a los seis años, «vivencias sexuales a través de juegos eróticos infantiles»? Cualquier lector puede seguir desgranando más ejemplos, tendrá para rato.

Pese a todas estas evidencias, llevamos décadas en que altos y bajos eclesiásticos se derriten ante la izquierda, cuando no se afilian a los correspondientes partidos, y dedican todos sus desdenes y malas caras a los políticos liberales y otros no izquierdistas. En verdad no suelen ser santos esos liberales, no merecen el apoyo de la Iglesia por más de un motivo, pero de ahí a preferir a los contrarios, que presentan todas las contraindicaciones multiplicadas y más, hay un abismo.

Repasar los últimos años de elecciones en países democráticos y ver los candidatos mejor y peor tratados por los representantes de la Iglesia es descorazonador; repasar las últimas décadas de dictaduras y ver a qué tiranos dedican esos mismos eclesiásticos sus mejores sonrisas no ayuda a levantar el ánimo.

El Syllabus y los valores innegociables de Benedicto XVI están arrumbados en la Iglesia. ¿Por qué? Porque uno y otros contradicen la mayoría de las preferencias ideológicas de obispos, sacerdotes, frailes y monjas. Las prédicas politizadas de gran parte de los eclesiásticos no tienen el menor sustento doctrinal ni anclaje en la realidad, su parcialidad manifiesta los ha desprestigiado y gran parte de los católicos no les hacemos el menor caso, unos porque ya no hacen caso a nada de la Iglesia, otros porque no estamos dispuestos a colar mosquitos y tragar camellos.

Juan Manuel Rubio

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