Novena por las Ánimas del Purgatorio

El consolador de las almas o Novena en Sufragio de las Ánimas del Purgatorio

Un minuto que puede ganar una eternidadImportancia de esta Novena

Permitid, Rvdos. Sres. Curas Párrocos y todos

cuantos católicos os interesáis por la conservación

y el aumento de la Religión en nuestra

patria; permitid dirija a vosotros mi humilde

voz, y con todo el ardor de mi corazón os suplique

introduzcáis y propaguéis esta importantísima

devoción: una Novena todos los años en

favor de las almas del Purgatorio.

Apenas se hallará devoción más recomendable

en sí misma, más provechosa a vivos y a difuntos,

a la vez que popular, fácil de introducir y

de sostener en una parroquia. Sí; recomendable*

y Utilísima devoción.

¿Y cómo dejaría de ser así? El sonido lúgubre

de las campanas; el fúnebre aparato de la Iglesia,

cubierta de luto en muchos templos y capillas;

la viva pintura de la tenebrosa cárcel del

Purgatorio, con las efigies de Jesús crucificado y

de la Virgen dolorosa; el imponente recuerdo de

la eternidad, unido al canto patético de los responsos

y lamentos, realzado todavía con la elocuente

voz del predicador, que, recordando las

grandes verdades de Religión, perora en favor de

nuestros hermanos difuntos; todo esto, digo

ejerce sobre los ánimos una irresistible fuerza, y

convierte muchas veces el novenario en una provechosísima

misión. ¿Y cuántas misiones hay

que no obtuvieron, ni con mucho, el crecido

número de Comuniones, ni los demás consoladores

resultados que vi producidos en muchos

novenarios?

Ahora bien; ¿de qué trascendencia no serán

estas meditaciones, hechas con fervor; esta serie

de sermones patéticos, escuchados con recogimiento,

y sobre todo, estas Comuniones hechas

espontáneamente, no por costumbre, como suele

acontecer en la Cuaresma, sino precedidas, tal

vez, de una confesión general, y seguidas de la

reforma de toda la vida?

Modo de hacer esta Novena

en la iglesia

No dudo, Rvdos. Sres. Párrocos, y vosotros,

cristianos celosos del bien de las Ánimas, que

haréis un esfuerzo generoso para introducir y

sostener en vuestra parroquia una tan santa e

importante devoción. Mas ¿cómo llevar a cabo

tan grande empresa?

Si no se puede al principio celebrarla con la

magnificencia que se acostumbra en parroquias

más importantes o de más nutrida feligresía;

si no se puede obtener un predicador para todo

el novenario, procúrese a lo menos para los tres

últimos días; cuando no, vístase de luto gran

parte del altar, y colóquese un túmulo en el centro

de la iglesia. Hecho esto, y rezado el santo

Rosario, léase con unción y pausa la meditación,

el ejemplo y demás oraciones que correspondan

al día de la novena; excítese al pueblo a oír cada

día la santa misa, que se dirá en sufragio’de los

difuntos de la parroquia, y comúlguese a la misma

intención un día del novenario. Y como éste

es el fruto principal, convendría al efecto anunciar

una Comunión general para el último día,

y llamar a algunos confesores forasteros, que,

sentándose en el confesionario desde la vigilia,

faciliten la confesión, y den mayor impulso a

esta importantísima práctica.

Si se arredrase alguno por la penuria de recursos,

nómbrense algunos administradores de

Ánimas, que, haciendo una cuestión, ya sea a

domicilio, ya sea cada noche en la función de la

iglesia, recojan las limosnas y donativos voluntarios;

y no tema le falte riada. Pues ¿qué cristiano

no contribuirá gustoso ¡ tan piadosa institución?

¿Qué hijo, qué padre, qué esposo, habrá

tan ingrato, que rehúse aliviar con un módico

sacrificio las terribles penas que sus padres,

hijos, esposos o hermanos difuntos padecen en

el Purgatorio, sobre todo si se pondera lo agradecidas

que les quedarán las Ánimas y la generosidad

con que Dios recompensará estos heroicos

esfuerzos? Sí, señores, abrazad, os ruego, esta

pía devoción, y veréis qué frutos espirituales y

temporales tan fecundos resultarán de ella.

Una dificultad puede todavía ofrecerse, a saber:

la escasez de predicadores; lo suplirá, empero,

esta novena que con ello lograrán los

Párrocos arraigar la devoción a las Ánimas en el

corazón de los fieles y atraerlos al novenario

fácilmente.

Modo de hacer bien esta Novena

en particular

El que durante el novenario no pudiese asistir

a la iglesia, o quisiese hacer en otro tiempo la

novena en casa:

1º Póngase ante una imagen de nuestro Señor

Jesucristo o de su dolorosísima Madre, tomándola

por protectora de esta novena, a fin de

alcanzar por sus méritos, contrición de las culpas

y compasión de las penas que padecen las

benditas Ánimas del Purgatorio.

2° Por la mañana ponga un especial esmero en

ofrecer a Dios todas sus obras, penas y trabajos

en sufragio de dichas Ánimas.

3º Oiga misa los nueve días, si puede, y si

estuviese impedido de asistir a los sermones, lea

y haga con detención en casa la meditación

correspondiente.

4º No pase estos días distraídos, como los demás

del año; antes bien, esmérese en guardar

más recogimiento, absteniéndose de visitas y

conversaciones frívolas, y haciendo algunas buenas

obras, a más de las acostumbradas.

5º Haga alguna ligera mortificación cada día,

y sobre todo absténgase de toda culpa, aunque

sea venial, cometida y voluntariamente.

6º No olvide el principal sufragio que reclaman

las almas, y la suya en particular, que será

una confesión y comunión, lo más fervorosas

que pueda.

7º Repase la vida pasada; mire si desde la

última confesión general ha ocultado algún pecado

grave, o hecho de otro modo alguna confesión

sacrílega; y si fuese así, no se contente con

hacer una confesión ordinaria; hágala tal, que

abrace todos los malos pecados cometidos desde

la última confesión general.

8º Examine atentamente cuál es su pasión

dominante, es decir, la que forma la principal

materia de casi todas las confesiones, y haga

una seria resolución de extirparla; porque si te

condenas, amado cristiano, esta pasión será la

causa de tu condenación.

Nota . — El que no sepa leer, ni tenga quien le

lea la meditación, puede hacer la novena rezando

cada día cinco Padre nuestros y cinco Ave

Marías a las cinco llagas de Jesús, y siete Ave

Marías a los siete dolores de su Madre Santísima;

pidiéndole se digne aliviar las penas que

padecen las Ánimas del Purgatorio.

Obras de grande alivio para las Ánimas del Purgatorio

y de mucho mérito para nosotros

Hacer todos los años esta novena.

 Celebrar misas, o mandarlas celebrar y

oírlas.

 Comulgar con fervor, ya espiritual, ya sacramentalmente.

 Visitar al Santísimo Sacramento y rezar la

estación de la Bula.

 Hacer un rato de oración mental, meditando

con especialidad la pasión y muerte de

nuestro Señor Jesucristo.

Hacer el Vía Crucis, llevar el santo Escapulario,

etc.

 Rezar el santo Rosario, la Corona de los

dolores, los Salmos Penitenciales, cinco Padre

nuestros a las cinco llagas y otras oraciones

vocales.

 Sufrir con resignación las penas, humillaciones,

dolores y trabajos de esta vida.

 Practicar, con licencia de un sabio director,

alguna mortificación corporal, y sobre todo

refrenar o mortificar los sentidos.

Hacer limosnas y otras obras de misericordia.

 Olvidar las injurias y perdonar a los enemigos

por amor de Dios.

Indulgencias

concedidas a los devotos de las Benditas almas

del Purgatorio

1) A los fieles que en cualquier época del año

ofrecieran sufragios por los fieles difuntos por

siete o nueve días consecutivos, se les conceden:

a) Tres años una vez cada día.

b) Plenaria, en las condiciones establecidas,

al terminar el septenario o novenario (S. Pen.

Ap., 28 de mayo de 1933).

2) A los fieles que durante el mes de noviembre

ofrecieran diariamente algún sufragio, se Ies

conceden:

a) Tres años en cada día del mes.

b) Plenaria, en las condiciones establecidas,

al terminar el mes.

Si dichos actos de piedad fueren hechos en

una iglesia u oratorio público, se les conceden:

a) S ie te años cada día del mes. r ‘i

b) Plenaria, si hubiesen participado de dichos

actos de piedad al menos por quince días, habiéndose

confesado, comulgado y rezado por las

intenciones del Sumo Pontífice (S. Pen. Ap., 30

de octubre de 1932).

3) A los fieles que visitaren algúna iglesia u

oratorio público o semipúblico el día 2 de noviembre

y rezaren por los fieles difuntos, se les

concede por cada visita: Indulgencia Plenaria,

aplicable solamente a las almas del Purgatorio,

siempre que hubiesen confesado, comulgado y

recitado en cada visita seis Pater, Ave y Gloria

por las intenciones del Sumo Pontífice (S. Pen.

Ap., 5 de Julio de 1930).

4) A los fieles que durante el octavario de la

conmemoración de los fieles difuntos, pía y devotamente

visitaren el cementerio y rezaren al

menos con la mente, por los difuntos, se le concede:

Indulgencia plenaria cada día, aplicable

solamente a los difuntos.

A aquellos que hicieren dicha visita cualquier

otro día del año, se les conceden: siete años de

indulgencia, aplicable solamente a los difuntos

(S. Pen. Ap., 31 de Octubre de 1934).

NOVENA EN SUFRAGIO

DE LAS AFLIGIDAS ÁNIMAS

DEL PURGATORIO

Día Primero

Por la señal de la santa cruz, etc.

Acto de Conctricción

Señor mío, Jesucristo, Creador, Padre

y Redentor mío, en quien creo y espero, a

quien amo y quisiera haber siempre amado

sobre todas las cosas; me pesa, sí, una

y mil veces me pesa de haberos ofendido,

por ser Vos quien sois, bondad infinita;

pésame también porque merecí las terribles

penas del Purgatorio y ¡ay! tal vez

las eternas llamas del infierno. Propongo

firmemente nunca más pecar, y apartarme

de todas las ocasiones de ofenderos,

ayudado de vuestra divina gracia. ¡Oh!

tenga yo, Jesús mío, la dicha de confesarme

bien, enmendar la vida y perseverar

hasta la muerte. Os lo pido por esas benditas

Ánimas, por vuestra Sangre preciosísima

y por los dolores de vuestra afligidísima

Madre. Amén.

Oración al Padre Eterno

Para todos los días de la Novena

Padre celestial, Padre amorosísimo,

que para salvar a las Almas quisisteis

que Vuestro Hijo unigénito, tomando carne

humana en las entrañas de una Virgen

purísima, se sujetase a la vida más pobre

y mortificada, y derramase su Sangre en

la Cruz por nuestro amor; ¿cómo? ¿dejaríais

sufrir largo tiempo a esas Almas en

el Purgatorio, habiendo costado tanto a

Jesucristo y siendo vuestras amadísimas

hijas? ¿Permitiríais fuese malograda

Sangre de tan grande valor?

Compadeceos, pues, de esas pobrecitas

Almas, y libradlas de aquellas horrorosas

llamas. Compadeceos también de la mía,

y libradla de la esclavitud del vicio. Y si

vuestra Justicia divina pide satisfacción

por las culpas cometidas, yo os ofrezco

todas las obras buenas que haga en este

Novenario. ¡Ay! de poquísimo, de ningún

valor son, en verdad; pero yo las uno con

los méritos infinitos de vuestro Hijo divino,

con los dolores de su Madre santísima,

y con las virtudes heroicas de cuantos

justos han existido en la tierra. Miradnos

a todos, vivos y difuntos, con ojos de

compasión, y haced que celebremos un

día vuestras misericordias en el eterno

descanso de la gloria. Amén.

Meditación

Exitencia del Purgatorio

Punto Primero. — Es un artículo de

fe que las almas de los que mueren con alguna

culpa venial, o sin haber satisfecho

plenamente a la Justicia divina por los

pecados ya perdonados, están detenidas

en un lugar de expiación que llamamos

Purgatorio. Así lo enseña la santa Madre

Iglesia, columna infalible de la verdad; así

lo confirma la más antigua y constante

tradición de todos los siglos; así lo aseguran

unánimemente los santos Padres griegos

y latinos, Tertuliano, San Cirilo, San

Cipriano, San Juan Crisóstomo, San Ambrosio,

San Agustín, y tantos otros; así lo

han definido los sagrados Concilios de Roma,

de Cartago, de Florencia, de Letrán y

de Trento, dirigidos por el Espíritu Santo.

Y aunque la Iglesia no lo enseñase así,

¿no lo dice bastante la misma razón natural?

Supongamos que sale de este mundo

un alma con algún pecado venial; #¿ qué

hará Dios de ella? ¿La arrojará al infierno,

y^siendo su hija y esposa amadísima

la confundirá con los réprobos y espíritus

infernales? Ese -repugna a la Justicia y

Bondad divinas. ¿La introducirá en el

cielo? Eso se opone igualmente a la santidad

y pureza infinita del Creador; pues

sólo aquel cuyas manos son inocentes, y

cuyo corazón está limpio, subirá al monte

del Señor. Nada manchado puede entrar

en aquel reino purísimo. ¿Qué hará, pues,

Dios de aquella Alma? Ya nos lo dice por

Malaquías: La pondré como en un crisol,

esto es, en un lugar de penas y tormentos,

de donde no saldrá hasta que haya plenamente

satisfecho a la Justicia divina.

¿Crees tú eso, cristiano? Creas o no creas,

te burles o no te burles de ellos, la cosa es,

y será así. Negar el Purgatorio, sólo poner

en duda deliberadamente su existencia

,es ya pecado grave. ¿Crees tú esta

verdad, y con esa indiferencia miras tan

horribles penas? ¿Crees en el Purgatorio,

y con tus culpas amontonas tanta leña

para arder en el más terrible fuego?

Medita un poco sobre lo dicho.

Punto segundo . — Es también un artículo

de fe que nosotros podemos aliviar

a aquellas Almas afligidísimas. Sí; en virlud

de la Comunión de los Santos, hay

plena comunicación de bienes espirituales

entre -los Bienaventurados que triunfan

en el cielo, los cristianos que militamos en

la tierra, y las Almas que sufren en el

Purgatorio. En virtud de esta comunicación

de bienes, podemos con mucha facilidad

y mérito nuestro, bajar al Purgatorio

con nuestros sufragios, y a imitación

de Jesucristo, después de su muerte,

librar a aquellas Almas, y alegrar al cielo

con un nuevo grado de gloria accidental,

procurando nuevos príncipes y moradores

a aquella patria felicísima. ¡Oh, admirable

disposición de la Sabiduría divinal

¡Oh! ¡qué dicha y felicidad la nuestra’

Viéndose Dios obligado a castigar a aquellas

sus hijas muy amadas, busca medianeros

que intercedan por ellas, a fin de

conciliar así el rigor de la Justicia con la

ternura de su Misericordia infinita. Y

nosotros somos estos dichosos medianeros

y corredentores; de nosotros depende

la suerte de aquellas pobres Almas. Haz,

pues, amado cristiano, con fervor este

santo Novenario. No faltes a él ningún

día; ¿quién sabe si abrirás el cielo a alguno

de tus parientes y amigos ya difuntos?

¿Y serás tan duro e insensible que les

niegues este pequeño sacrificio, pudiéndoles

hacer ese gran favor a tan poca costa?

Medita lo dicho un poco; encomienda a

Dios las Ánimas de tu mayor obligación,

y pide, por la intercesión de María Santísima,

la gracia que deseas conseguir en

esta Novena.

Ejemplo

Entre las muchas apariciones que confirman

el dogma del Purgatorio, y lo adeptos que son a

Dios los sufragios que ofrecemos por los difuntos

es muy notable la que tuvo el gran caudillo de

los ejércitos de Dios, Judas Macabeo. Había este

piadoso general derrotado a Gorgias, aunque no

sin pérdida de varios soldados que murieron en

la batalla, y conociendo, por las alhajas que se

le encontraron ocultas en los vestidos, que habían

muerto en castigo de un robo cometido en

el templo de Jamnia .exhortó al ejército a que

rogase por aquellos infelices. Hizo una cuestación,

y reuniendo doce mil dracmas de plata, las

envió a Jerusalén para que se ofreciesen sacrificios

en sufragios de aquellas pobres almas. Conducta

admirable, que el Espíritu Santo alabó

con estas memorables palabras: Santa y saludable

cosa es rogar por los difuntos, para que se

les perdone el reato de sus pecados. Conducta

que le alcanzó de Dios una insigne victoria, pues

habiendo sucedido a Gorgias el soberbio Nicanor,

y venido ^con un crecidísimo ejército y gran número

de caballos y elefantes, la víspera? cansado

Judas de combinar el plan y de hacer los preparativos

de la batalla, se queda dormida; cuando

he aquí que se le aparecen el profeta Jeremías

y el Sumo Sacerdote Onías, ya difuntos, y presentándole

una espada muy preciosa, le dicen:

Recibe esta espada santa como una prenda que

Dios te envía: con ella abatirás a los enemigos

de mi pueblo Israel. Armado con esta visión y

armado con esta espada divina, embistió con un

pequeño ejército al enemigo y mató a treinta y

cinco mil, siendo uno de los principales el mismo

Nicanor.

Oración

A Jesucristo sudando sangre en el Huerto

¡Oh Jesús amantísimo, alegría de los

Ángeles y gloria del cielo! ¡Cómo os contemplo

anegado en un mar de amargura

en el huerto de Getsemaní! ¡Ay!, responde

San Agustín, rogábais y sudabais sangre

por las horribles penas que habían de

sufrir las Almas en el Purgatorio. ¡Y que

no pueda yo consolaros, oh Dio smío, y

regocijar a la celeste Jerusalén, librándolas

de tan terribles tormentos! A lo menos

aceptad, oh Padre celestial, la tristeza y

agonía que Jesús sufrió por ellas y por

mí. Sí; por mí está su alma triste hasta

la muerte; por mi causa bajó un Ángel

del cielo a consolarle; mío este sudor, mía

esta Sangre preciosa que baña la tierra.

Yo os la ofrezco, oh Dios de amor; aceptadla

en expiación de mis culpas y sufragio

de las Ánimas. Y pues es sangre de

valor infinito, dejad caer una gota sobre

mi corazón, y quedarán borradas mis culpas.

Caiga una gota siquiera e nel Purgatorio

y se apagarán sus horribles llamas.

¡Ay!, no merecemos tan gran favor;

pero muévaos el afecto con que os saludamos,

diciendo cinco Padre nuestros,

cinco Ave María y un Gloria Patri

Obsequio

En sufragio de las santas Ánimas tomar

la generosa resolución de asistir al

Novenario cada día, o de suplir haciendo

la Novena en casa, si alguno estuviese

impedido de ir a la iglesia.

Oración

A LAS ÁNIMAS EN EL PURGATORIO

Esposas muy queridas del Señor, que

encerradas en la cárcel del Purgatorio sufrís

indecibles penas, careciendo de la

presencia de Dios, hasta que os purifiquéis,

como el oro en el crisol, de las reliquias

que os dejaron las culpas; ¡con

cuánta razón desde aquellas voraces llamas

clamáis a vuestros amigos pidiendo

misericordia! Yo me compadezco de vuestro

dolor, y quisiera tener caudal suficiente

para satisfacer deuda tan crecida;

y aunque más pobre que vosotras mismas,

os ofrezco y aplico cuantas indulgencias

pudiere ganar en este día, y cuantas obras

de supererogación hiciere durante (diga

el tiempo que quiera), a excepción de

aquellas que por alguna necesidad particular

aplicare. Pero siendo tan pobres mis

méritos para satisfacer por vosotras a la

Justicia Divina, apelo a la piedad de los

Justos, a los ruegos de los Bienaventurados,

al tesoro inagotable de la Iglesia, a

la intercesión de María Santísima y al

precio infinito de la sangre de Jesucristo.

Conceded, Señor, a esas pobres Ánimas,

sobre todo al alma de N. N., el deseado

consuelo y descanso. Pero confío también,

Almas agradecidas, que tendré en vosotras

poderosas medianeras que me alcancen

del Señor gracia con que deteste mis

culpas, adelante en la virtud, sojuzgue

mis pasiones y llegue a la eterna bienaventuranza.

Amén.

Dia segundo

Por la señal de la santa cruz, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Padre celestial, etc.

Meditación

Sobre la pena de sentido en general

Punto Primero .— Ven, mortal; tú que

vives como si después de esta vida no te

quedase nada que temer, ni que esperar;

ven; penetra con el espíritu en aquellos

horrendos calabozos donde la Justicia divina

acrisola las Almas de los que mueren

con algún pecado venial; mira si, fuera

del infierno, pueden darse penas mayores,

ni aun semejantes a las que allí se padecen

Considera todos cuantos dolores han

sufrido los enfermos en todos los hospitales

y lugares del mundo; aquellos dolores

de cabeza y de vientre tan agudos, aquellos

tan rabiosos de costado y de muelas,

aquellas convulsiones y contorsiones espantosas

de miembros, aquellas llagas y

postemas insoportables, aquellos dolores

y males de corazón tan vivos, que han

acabado con la vida de tantas personas;

¿igualarían todos estos males reunidos a

los dolores que padece un Alma en el Purgatorio?

No, dice San Agustín, pues éstos

exceden a todo cuanto se puede sentir, ver

o imaginar en este mundo. Añadid a todos

estos males los suplicios y tormentos

que la crueldad de los Nerones, Dioclecianos,

Decios y demás perseguidores de la

Iglesia inventaron contra los cristianos.

Aquellas tenazas y garfios de hierro con

que les despedazaban las carnes, aquellas

parrillas con que los asaban vivos, aquellas

catastas y ecúleos con que les desconyuntaban

los miembros, aquellas ruedas

de navajas y puntas de hierro, aquellas

prensas y máquinas con que los martirizaban;

todo este horrible aparato de dolores

y tormentos acerbísimos ¿no igualaría

al Purgatorio? Tampoco, dice San Anselmo,

pues la menor pena de aquel lugar de

expiación es más terrible que el mayor

tormento que se pueda imaginar en este

mundo. Pues, ¡qué penas serán aquéllas!

¡Ah! son tales, dice San Cirilo de Jerusalén,

que cualquiera de aquellas almas querría

más ser atormentada hasta el día del

juicio con cuantos dolores y penas han

padecido los hombres desde Adán hasta la

hora presente, que no estar un solo día en

el Purgatorio sufriendo lo que allí se par

dece. Pues todos los tormentos y penas

que se ha nsufrido en este mundo, comparados

con los que sufre un alma en el

Purgatorio, pueden tenerse por consuelo

y alivio. Solatio erunt. ¡Ah! ¡quién no

tiembla!

Medita, etc.

Punto Segundo .—¿ Y quiénes son esas

Ánimas tan horriblemente atormentadas

en el Purgatorio? ¡Ay! ¡qué motivo éste

tan grande para hacernos temblar! Son

obra maestra de la mano del Omnipotente,

y vivas imágenes de su divinidad; son

amigas, hijas y esposas amadísimas del

Señor; ¡y no obstante son tan severamente

castigadas! Dios las amó desde la eternidad,

las redimió con la sangre de sus

venas, ahora las ama con un amor infinito,

como que están en su gracia y amistad

divina; ¡y no obstante sufren penas

imponderables! ¡Ay! ¡Purgatorio! ¡Purgatorio!

¡Cuán claramente nos manifiestas

la justicia y santidad de f)ios! ¡Qué horror

debes inspirarnos al pecado! Pues si

con tanto rigor trata Dios a sus estimadísimas

Esposas por faltas ligeras, ¿cómo

serás tratado tú, pecador, tú que vives

abandonado al arbitrio de las pasiones?

Si en el árbol verde hacen esto, en el seco

¿qué harán? Si el hijo y heredero del cielo

es así castigado por faltas, que a muchos

parecerán virtudes, ¿cómo serás castigado

tú, pecador y enemigo de Dios, por

vicios y pecados tan horrendos y abominables?

Piénsalo bien y enmienda tu vida.

Medita, etc.

Ejemplo

Refiere Tomás de Cantimprato que a un hombre

muy virtuoso, pero que, a causa de una larga

y terrible enfermedad, estaba muy deseoso de

morir, se le apareció el Ángel del Señor y le dijo:

Dios ha aceptado tus deseos; escoge, pues: o

pasar tres días en el Purgatorio y después ir al

cielo, o ir al cielo sin pasar por el Purgatorio,

pero sufriendo todavía un año de esa enfermedad”

. Eligió lo primero: murió y fué al Purgatorio.

No había aún pasado un día, cuando el

Ángel se le presentó de nuevo. Apenas le hubo

visto aquello pobre alma, “ no es posible, exclama,

que tú seas el Ángel bueno, pues me has

engañado así. Me decías que sólo estaría tres

días en este lugar, ¡y hace ya tantos años que

estoy sufriendo aquí las más horribles penas!

Tú eres quien te engañas, contestó el Ángel:

todavía no ha pasado un día; tu cuerpo está aún

por enterrar; si prefieres sufrir un año más esta

enfermedad, Dios te permite aún salir del Purgatorio

y volver al mundo. —Sí, Ángel santo, replicó;

no -sólo esta enfermedad durante un año,

sino cuantas penas, dolores y males haya en el

mundo sufriré gustoso, antes que padecer una

sola hora las penas del Purgatorio” . Volvió, pues,

a la vida y sufrió con admirable alegría un año

más de aquella enfermedad, publicando a todos

lo terrible que son las  penas del Purgatorio.

Oración

A Jesús preso por nuestro amor

¡Oh Padre celestial! no me espanta el

ver a vuestras amabilísimas Esposas presas

y tan severamente castigadas en el

Purgatorio. Las infelices ofendieron un

día a vuestra divina Majestad, y pisaron

vuestra ley santísima. Lo que me pasma

es ver entregado por el traidor Judas y

preso como un facineroso por hombres

vilísimos e inhumanos ¿a quién? a Jesús,

centro de vuestras complacencias infinitas.

¡Ah! le veo con una soga al cuello,

tirado por tierra, atadas sus manos, cargado

de oprobios y de cadenas. Mas por

otra parte ¡oh dichosas cadenas! ellas son

mi esperanza, y serán el consuelo y alivio

de las benditas Almas del Purgatorio. Sí.

Padre de clemencia; usad con e)las y conmigo

de misericordia; y pues Jesús se

deja prender por darnos libertad, aceptad

las ignominias, injurias y golpes cruelísimos

que padece por nuestro amor. Aceptadlas

en remisión de nuestras culpas y

en sufragio de nuestros hermanos difuntos;

dadles la libertad, que con ansia esperan,

para alabaros eternamente en el cielo.

Amén.

Para más obligar al Señor, digamos

cinco Padre nuestros, cinco Ave Marías

y un Gloria Patri.

Obsequio

Asistir mañana y todos los días que

se pueda, al santo sacrificio de la Misa en

sufragio de las Almas del Purgatorio.

Día Tercero

Por la señal de la santa cruz, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Padre celestial, etc.

M e d i t a c i ó n

S o b r e e l f u e g o d e l P u r g a t o r io

P u n t o P r im e r o . — Considera, amado

cristiano, el tormento que, causa a las Almas

el fuego abrasador del Purgatorio. Si

el fuego de este mundo, creado para servicio

del hombre, y efecto de la bondad

divina, es ya el más terrible de todps los

elementos; ti es ya tal su virtud, que consume

bosques, abrasa edificios, calcina

mármoles durísimos, hace saltar piedras

y murallas espantosas, derrite metales, y

ocasiona horrendos terremotos, ¿qué será

el fuego del Purgatorio, encendido por un

Dios santísimo y justísimo, para con él

demostrar el odio infinito que tiene al

pecado? Es tal, dice San Agustín, que el

fuego de este mundo, comparado con él,

no es más que pintado. Tanquam ignis

depictus! Dios mío, ¡qué expresión! ¡Las

llamas que vomitan los Vesubios, las que

devoraron a Roma y tantas otras ciudades,

el fuego de Babilonia, el que Elías

hizo bajar del cielo, hasta el diluvio de

llamas que en tiempo de Lot, llovió sobre

las nefandas ciudades de Sodoma y Gomorra,

todo es fuego pintado en comparación

del que atormenta a las Almas del

Purgatorio! Tamquan ignis depictus!

Ahora bien; si tener el dedo en la llama

de una vela sería para nosotros insoportable

dolor, ¿qué tormento será para aquellas

Almas estar sepultadas en un fuego

que es, dicen Santo Tomás y San Gregorio,

igual en todo, menos en la duración,

al del infierno? Sí; escuchadlo, almas tibias,

y estremeceros. Con el mismo fuego

se purifica el elegido y arde el condenado;

con la única diferencia, que aquél saldrá

cuando haya satisfecho por sus culpas, y

éste arderá allí eternamente. ¿Y en esas

abrasadoras llamas quieres tú caer por tu

tibieza? ¡Oh ceguera! ¡Oh locura sin igual!

Medita, etc.

Punto Segundo . — Considera cuáles

son las faltas por las que Dios infinitamente

bueno y misericordioso castiga a

sus amadísimas esposas con tanto rigor, y

verás que son faltas leves, y a veces un

solo pecado venial. ¡Oh! ¡y qué mal tan

grave debe ser éste delante de Dios, cuando

es tan severamente castigado en el

Purgatorio. En efecto; el pecado venial es

leve, si se le compara co nel mortal, pero

en sí es mayor mal que la ruina de todos

los imperios y que la destrucción del universo

es un mal tan espantoso, que excede

en malicia a todas las desgracias y

calamidades del mundo; es un mal tan

grande, que si cometiéndolo pudieses convertir

a todos los pecadores, sacar a todos

los Condenados del infierno, librar a todas

las Almas del Purgatorio, aun entonces

no debieras cometerlo, pues todos estos

bienes no igualarían la malicia del pecado

más leve, porque aquéllos son males de

la criatura, y éste es un mal y una ofensa

hecha al mismo Creador. ¿Puedes oír esto

sin horrorizarte y sin mudar de conducta?

Pero ¡ay! ¿qué es tu vida, sino una

serie no ininterrumpida de pecados? ¡Pecados

cometidos con los ojos, con los

oídos, con la lengua, con las manos, con

todos los sentidos! ¡Cuántas culpas por

la ignorancia crasa y olvido voluntario de

tus obligaciones!. . . ¡Cuántas indiscreciones

por la distracción de tu espíritu, por

la violencia de tu genio, por la temeridad

de tus juicios, por la malicia de tus sospechas!

¡Cuántas faltas por no querer

mortificarte, ni sujetarse a otro, por tu

ligereza en el hablar! ¡Ay! llora, cristiano,

tu ceguedad; y a la claridad del fuego

espantoso del Purgatorio, comprende por

último cuán grande mal es cometer un

pecado venial. Pero ¡ay! es un mal tan

grande; ¡y tú, lejos de llorarle, lo cometes

sin escrúpulo, a manera de juego, pasatiempo

y diversión!. ..

Medita, etc.

Ejemplo

Nada hace tan sensible la malicia del pecado

venial como las muchas almas, de que consta por

varias y auténticas apaiiciones, que han expiado

en el Purgatorio faltas, según nuestro modo de

hablar muy ligeras.

Unas fueron condenadas a él por haber hablado

en la iglesia sin necesidad, como una niña de

siete años, según refiere Cesáreo; otras, como la

hermana de San Pedro Damiano, por haber escuchado

con gusto una canción profana. Murió

Vitalina, noble doncella romana, tenida por Santa

Mónica en tan buena opinión que encomendaba

a su hijo Agustín en sus oraciones; y a

pesar de esto, se apareció muy triste a San Martín

obispo, diciéndole: Estoy ardiendo por haberme

lavado dos o tres veces la cara con demasiada

– vanidad. Un religioso f-jé al Purgatorio,

por no haber hecho inclinación de cabeza al

decir Gloria Patri, al fin de los Salmos; otros

por estarse a la lumbre más de lo ordinario en

tiempo de invierno; allá fué a parar San Severino

por ciertas negligencias en el rezo divino;

un niño de nueve años por no haber pagado o

devuelto algunas frioleras que habís\ tomado;

muchos años estuvo en aquel fuego un padre de

familia por haber descuidado la buena educación

de sus hijos; San Valero por haber favorecido

demasiado a un sobrino suyo; y así de otros

muchos.

Oración

A Jesús conducido de tribunal en tribunal

¡Oh Padre amantísimo! cuando consideró

las innumerables ofensas que cada

día cometo contra vuestra soberana Majestad,

cuando me veo siempre iracundo,

soberbio, vengativo, falto de virtudes y

lleno de defectos y vicios, no puedo menos

de temblar al postrarme a vuestros

pies. ¿Y cómo me atreveré yo a interceder

por las afligidas Almas del Purgatorio,

siendo yo merecedor de penas más

graves que las suyas? No obstante, me

anima vuestro benignísimo y pacientísimo

Hijo. ¡Ah! si le véis cargado de cadenas

y conducido de tribunal en tribunal,

es por mi amor; sí, a pesar de ser Juez de

vivos y muertos, oye las más inicuas acusaciones

y falsos testimonios, si le véis

insultado, escupido, abofeteado y pisoteado

,es por mi amor. Aceptad, pues, oh

Padre amantísimo, la paciencia inalterable

de mi dulce Redentor; aceptad su silencio,

humildad y mansedumbre asombrosos.

Estas virtudes confunden y condenan

es verdad, mi altivez, mis impaciencias

e ímpetu de ira y de venganza;

mas, por tan sublime santidad, perdonaréis

a las pobres Ánimas del Purgatorio,

y purificándome de mis defectos y manchas,

me transformaréis todo en Vos.

¡Oh! concededme estas gracias, Jesús mío

benignísimo; y para más obligaros diremos

cinco Padre nuestros, cinco Ave Marías

y un Gloria Patri.

Obsequio

Mañana procuraremos sufrir con paciencia,

así los trabajos que Dios nos envíe,

como las molestias del prójimo, en sufragio

de las benditas Almas del Purgatorio.

Día Cuarto

Por la séñal de la santa cruz, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Padre celestial, etc.

Meditación

Sobre la pena del daño

Punto Primero .—Por horrorosos que

sean los tormentos que padecen las Ánimas

en el Purgatorio, por espantosas que

sean las llamas en que se abrasan, no

igualarán jamás la pena vivísima que

sienten al verse privadas de la vista clara

de Dios. En efecto; aquéllas constituyen la

pena de sentido, ésta la de daño; aquéllas

son limitadas; ésta infinita; aquéllas privan

a las almas de un bien accidental,

cual es el deleite; por ésta carecen de un

bien esencial a la bienaventuranza, en el

cual consiste la felicidad del hombre, y es

la posesión beatífica de Dios. Ahora no

comprendemos esta pena; pero ella es

atroz, incomprensible, infinita. ¡Ah! ¡pobres

Ánimas! Vosotras conocéis a Dios,

no con un conocimiento oscuro, como

nosotros, sino con una luz clara y perfectísima;

véis que es el centro de vuestra

felicidad, que contiene todas las perfecciones

posible» y en grado infinito; sabéis

que si cayera en el infierno una sola gota

de aquel océano infinito de delicias que

en sí encierra, bastaría para extinguir

aquellas llamas y hacer del infierno el paraíso

más delicioso. Comprendéis todo

esto perfectísimamente, y así os lanzáis

hacia aquel Bien infinito con más fuerza

que una enorme peña desgajada de la

montaña se precipita a lo progundo del

valle; ¡y no obstante no le podéis abrazar

ni poseer! ¡Qué pena! ¡Qué tormento!

Absalón, privado solamente dos años de

la amable vista de su padre David, vive

desconsoladísimo; nada le alegra: ni ri<

quezas, ni amigos, ni delicias; continuamente

suspira por verle, hasta llegar a

elegir la muerte antes que verse-más

tiempo privado de su presencia, siendo su

padre un simple mortal; ¡qué será, pues,

para vosotras el veros privadas de Dios, y

con Él de todo bien, de todo consuelo y

felicidad! Preciso fuera sentirlo, para formarse

una idea cabal y completa de estado

tan horriblemente angustioso.

Medita, etc.

Punto Segundo .—Si tan horrible pena

sienten las Ánimas, viéndose privadas del

hermosísimo rostro de Dios, ¿cuál debería

ser tu desconsuelo, oh pecador, que

vives privado de su gracia y amistad?

Las Almas benditas del Purgatorio no

poseen aún a Dios, es verdad; pero están

seguras de poseerle un día, porque son

amigas, hijas y esposas suyas muy queridas.

Pero tú, infeliz, sabes que, viviendo

como vives, no poseerás jamás a Dios.

Sabes que desde el momento en que te

rebelaste contra Él perdiste su gracia, y

con ella la rica herencia de la gloria. ¡Ah!

¿cómo dices: Padre nuestro, que estás en

los cielos? Te engañas: Dios ya no es tu

padre, ni tu señor, ni tu rey. ¿ Sabes quién

es tu padre y señor? ¡Ay de ti! Es el demonio:

Vos ex patre diaholo estis. A él te

entregaste pecando, él es tu compañero

inseparable; tú eres su esclavo. Si Dios

rompiera el hilo delgado de tu vida, ¡ay!

el demonio-se apoderaría de ti y arrastraría

su presa al fuego del infierno. ¡Ay!

¿Crees esto, pecador, y no obstante duermes

tranquilo? Dios todopoderoso es tu

enemigo, tiene firmada contra ti la sentencia

de condenación eterna; ¡y tú, lejos

de borrarla con una buena confesión,

juegas, ríes, te diviertes, pasas días, meses,

años y la vida entera en el pecado!

¡Oh deplorable ceguedad! ¡Oh insensibilidad

más que de bruto irracional!

Medita, etc.

Ejemplo

Refieren varios autores que estando un religioso

carmelita descalzo en oración, se le apareció

un difunto con semblante muy triste y

todo el cuerpo rodeado de llamas. “ ¿Quién eres

tú? ¿Qué es lo que quieres?, preguntó el religioso.

Soy, respondió, el pintor que murió días

pasados, y dejé cuanto había ganado para obras

piadosas. — ¿Y cómo padeces tanto, habiendo

llevado una vida tan ejemplar?, volvió a decirle

el religioso. — ¡Ay!, contestó el difunto; en el

tribunal del supremo Juez se levantaron contra

mí muchas almas, unas que padecían terribles

penas en el Purgatorio, y otras que ardían en el

infierno, jd. causa de una pintura obscena que

hice a instancias de un caballero. Por fortuna

mía se presentaron también muchos Santos, cuyas

imágenes pinté, y dijeron para defenderme

que había hecho aquella pintura inmodesta en

la juventud, que después me había arrepetido,

y cooperado a la salvación de muchas almas,

pintando imágenes de Santos; y por último, que

había empleado lo que había ganado, a fuerza

de muchos sudores, en limosnas y obras de piedad.

Oyendo el Juez soberano estas disculpas, y

viendo que loe Santos interponían sus méritos,

me perdonó las penas del infierno, pero me condenó

a _,estar en el Purgatorio mientras dure

aquella pintura. Avisa, pues, al caballero N. N.,

que la eche al fuego; y ¡ay! de él si no lo hace.

Y en prueba de que es verdad lo que digo, sepa

que dentro de poco tiempo morirán dos de sus

hijos. Creyó, en efecto, el caballero la visión y

arrojó al fuego la imagen escandalosa. Antes de

dos meses se le murieron dos hijos, y él reparó

con rigurosa penitencia los daños ocasionados

en las Almas.

Oración

A Jesús tratado como loco y propuesto a Barrabás

¿Qué decíais, oh Ángeles del cielo, cuando

visteis a la Majestad y Sabiduría infinita

tan vilmente despreciada en casa de

Herodes y en pretorio de Pilatos? ¿Cómo?

¡Vos, oh Jesús mío, vestido de ropa

blanca y tenido por loco! ¡Vos, Rey de cielos

y tierra, conducido así por las calleé de

Jerusalén,-cargado de oprobios e ignominias!

¡Vos, el Hijo de Dios, pospuesto al

más vil facineroso! Pero ¡ay de mí! ¡yo

también os he tratado de necio prefiriendo

las locas máximas del mundo a vuestra

ley sapientísima! ¡Yo también ingrato os

he abandonado y pospuesto a un vil interés,

a un sucio deleite, a un puntillo de

honra por un miserable \qué dirán! ¡Ay!,

merecía estar por siempre privado de

vuestra presencia amabilísima, peroj- ya

que por mí sufristeis escarnios tan crueles,

tened compasión de mí y xle las pobres

Ánimas del Purgatorio. Sí, Jesús

mío; por esas vuestras ignominias curad

mi loca vanidad y soberbia; por aquel

grito tremendo que oísteis en casa del

juez, gritando todos a una voz: Crucificadle,

crucificadle, haced que yo crucifique

mis pasiones, para que, junto con las

Ánimas del Purgatorio, logre un día alabaros

eternamente en la gloria. Amén.

Para más obligaros, os saludamos con

cinco Padre nuestros, cinco Ave Marías y

un Gloria Patri.

Mañana ,en sufragio de las benditas

Ánimas, y en satisfacción de las palabras

altivas que hubiéremos dicho, besar tres

veces la tierra; y el que quiera aún humillarse

más, podrá hacer con la lengua una

pequeña cruz en el suelo.

Día Quinto

Por la señal de la santa cruz, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Padre celestial, etc.

Meditación

Remordimiento de un ánima en el Purgatorio

Figúrate, cristiano que esto meditas, a

un alma que haya llevado en este mundo

una vida enteramente semejante a la

tuya; que haya vivido tibia, inmortificada,

distraída en los ejercicios de piedad

como tú, sin tener horror más que al pecado

mortal y al infierno. Supongamos,

no obstante, que haya tenido la dicha (no

sabes si tú la tendrás) de hacer una buena

confesión, morir en gracia e ir al Purgatorio.

¿Qué pensará en aquel horrible

fuego entre penas y tormentos tan espantosos?

¡Ay! dos pensamientos la afligirán

sobremanera.

Primer Pensamiento .—Pude librarme

de estas penas y no quise. Sí; ¡yo misma

he encendido estas llamas! ¡Yo soy la causa

de estas penas atrocísimas! Dios no hace

más que ejecutar la sentencia que yo en

el mundo pronuncié contra mí misma.

¡Qué medios no me había proporcionado

para ahorrarme estos tormentos! Caricias,

amenazas, beneficios, todo lo había agotado

gracias singularísimas de inspiraciones,

buenos ejemplos, libros piadosos,

padres,vigilantes, celosos confesores,

maestros y predicadores fervorosos,’^remordimientos

continuos, todo lo había

empleado. Mas ¡qué locura tan grande la

mía! Por no privarme de un frívolo pasatiempo,

por ir a bailes, por divertirme o

jugar con tal compañía, por no abstenerme

de una mirada, de un vil gusto, de una

vana complacencia, por hablar de los defectos

del prójimo, me sujeté voluntariamente

a tantas penas y tormentos! Me lo

decían todos los años, me lo predicaban y

repetían! ¡mas yo no hacía caso!… ¡Dichoso

San Pablo, primer ermitaño, dichosas

Gertrudis, Escolástica, y tantos otros

Santos que, habiendo satisfecho a la Justicia

divina en el mundo,7 subisteis^ al

cielo sin pasar por el Purgatorio! ¡Yo podía

hacer lo que vosotros, pero no quise!

¡Oh locuras mundanas, oh conversaciones

frívolas, oh pasatiempos, oh vanidad, y

qué caro me costáis ahora! ¡Oh amarga

memoria! ¡Estoy sufriendo penas y tormentos

acerbísimos; y yo los he querido!

¡Podía evitarlos fácilmente, y no quise!

Medita, etc.

Segundo Pensamiento , que aflige, oh

cristiano, al alma tibia, que vivió enteramente

como tú vives. Yo querría librarme

ahora del Purgatorio, y no puedo. ¡Oh

si pudiera yo ahora volver al mundo! dirá

cada una de aquellas Ánimas, ¡con qué

gusto me sepultaría en los desiertos con

los Hilariones y Arsenios! Haría penitencias

más espantosas que las de un Ignacio

en la cueva de Manresa, que las de un

Simeón Estilita y de un San Pedro de Alcántara;

pasaría noches enteras en oración,

como los Antonios, Basilios y Jerónimos;

me arrojaría en estanques helados

y me revolcaría entre espinas, como

los Benitos y los Franciscos; haría. . .

¡Ah pobres infelices Almas! No era necesario

nada de esto; con mucho menos podíais

apagar esas abrasadoras llamas, sin

hacer más que lo que hacíais cada día,

pero haciéndolo con perfección, evitabais

estos tormentos. Sí; los mismos Sacramentos,

pero recibidos con mejores disposiciones,

las mismas Misas, pero oídas

con más recogimiento y atención; ias

mismas devociones, pero practicadas con

más fervor; las mismas mortificaciones,

ayunos y obras de misericordia, pero hechas

con menos ostentación, únicamente

por agradar a Dios, no sólo os hubieran

librado de todas esas penas, sino también

asegurado a vosotras y a muchas otras

Almas la posesión del reino de los cielos.

Ahora no os canséis, vuestros deseos son

inútiles; ya no es tiempo de merecer; ya

ha llegado para vosotras aquella noche

intimada por San Juan, en la que nadie

puede hacer obra alguna meritoria; ahora

es necesario sufrir, y sufrir penas inexplicables,

y sufrirlas sin mérito alguno. ¡Y

yo lo he querido! ¡Pude facilísimamente

evitar estos tormentos, y no quise! ¡Quisiera

poder evitarlos ahora, y no puedo!

¡Dichoso cristiano que oyes esto! Tú

tienes tiempo todavia; no es aún llegada

para ti aquella noche tenebrosa. ¿Y perderás

días tan preciosos? ¿No tomarás la

seria resolución de confesarte bien, de enmendar tu vida?

Medita, etc.

Ejemplo

Estaba Santa Brígida en altísima contemplación,

cuando fue llevada en espíritu al Purgatorio.

Allí vió, entre otras, a una noble doncella, y

oyó que se quejaba amargamente de su madre,

por el demasiado amor que le había tenido:

¡Ah!, decía, en vez de reprenderme y sujetarme,

ella me proporcionaba modas, novios; me excitaba

a ir a los bailes, saraos, teatros, y hasta me

engalanaba ella misma. Es verdad que me enseñaba

algunas devociones, pero ¿qué gusto podían

dar éstas a Dios, yendo mezcladas con tanto

galanteo y profanidad? No obstante, como la

misericordia del Señor es tan grande, por aquellas

pocas devociones que hacía, Dios, me concedió

tiempo para confesarme bien y librarme del

infierno. Pero ¡ay! ¡qué penas estoy padeciendo!

Si lo supieran mis amigas ¡qué vida tan distinta

llevarían! La cabeza, que antes ataviaba con

dijes y vanidades, está ahora ardiendo entre llamas

vivísimas; las espaldas y brazos, que llevaba

descubiertos, los tengo ahora cubiertos y apretados

con hierros de fuego ardentísimo; las piernas

y pies, que adornaba para el baile, ahora son

atormentados horriblemente; todo mi cuerpo, en

otro tiempo tan pulido y ajustado, ahora se

halla sumergido en toda clase de tormentos ( ] ) ” .

Contó la Santa esta visión a una prima de la

difunta^ muy entregada también a la vanidad, y

ésta cambió de vida en términos que, ‘entrando

en un convento de muy rigurosa observancia,

procuró con rigidísimas penitencias reparar los

desórdenes pasados, y auxiliar a su parienta,

que estaba padeciendo tanto en el Purgatorio.

Oración

A Jesús azotado en la columna

¡Oh Jesús amabilísimo! ¡Vos desnudo y

azotado por mí! ¡Ves la inocencia y santidad

infinitas, despedazado por mi amor

con innumerables azotes! ¡Ay! ¡qué extraño

es que se paguen caros en el Purgatorio

los gustos del pecado, si así pagáis

Vos en vuestro purísimo cuerpo las sensualidades

del mío! ¡Ay infeliz de mí! Yo

soy quien he pecado; yo merecía ese castigo

tan humillante y riguroso; y no obstante,

lejos de mortificar mis apetitos y

(1)Aunque el cuerpo no va al Purgatorio, es, no

obstante, cierto que las’ almas sufren lo mismo que

si estuvieran unidas con él. Y así el rico Epulón podía

muy bien experimentar aquella sed de que nos

habla el Evangelio: tanto más, que aun en esta vida

mortal, no es propiamente el cuerpo, sino el alma

en cuanto da vida al cuerpo, la que siente el dolor.

de castigar con penitencias una carne

impura, no busco sino delicias y regalos.

Mas no será así en adelante, dulcísimo

Jesús. Caiga sobre mi corazón una gota

de esa Sangre preciosa, y arrepentido

abrazaré la mortificación, y quedaré todo

encendido en vuestro santo amor. Y Vos,

Padre celestial, ya que vuestro Hijo santísimo

satisfizo sobreabundantemente a

vuestra divina Justicia, perdonad mis

culpas, usad de clemencia con las benditas

Ánimas del Purgatorio, aceptad en

sufragio de ellas todo cuanto yo sufriere

en este día, aceptad la cruel flagelación

de Jesús y los dolores de su Madre Santísima.

Amén.

Obsequio

Mañana, no comer fuera de las horas

acostumbradas, o hacer alguna mortificación

corporal en sufragio de las benditas

Ánimas del Purgatorio.

Día sexto

Por la señal de la santa cruz, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Padre celestial, etc.

Meditación

Paciencia y resignación de las Benditas Ánimas

Punto Primero . — Es verdad que las

Almas del Purgatorio padecen imponderables

penas, y sin mérito, pero las padecen

con una paciencia y resignación admirables.

Conocen a Dios con luz perfectísima,

le aman con purísimo amor, y desean

ardentísimamente poseerlo, pero al

ver sus faltas, bendicen y adoran la mano

justa y amorosa que las castiga. ¡Oh! ¡y

con cuánta más resignación que los hermanos

de José, exclaman: Mérito bcec

patimur! Con mucha razón nos castigáis,

Señor; pues cuando pecamos no temimos

vuestro poder y justicia, frustramos los

designios de vuestro amor y sabiduría,

despreciamos vuestra majestad y grandeza,

y ofendimos vuestras perfecciones

infinitas. Justo es que seamos castigadas.

Hombres sin conocimiento de la verdadera

religión fueron agradecidos a sus

bienhechores; Faraón hizo a José virrey

de Egipto, porque le interpretó un sueño

misterioso. Asuero elevó a Mardoqueo a

los primeros empleos de la Persia, porque

le descubrió una conspiración; hasta los

osos y leones y otras fieras indómitas,

agradecidas defendieron a sus bienhechores;

y nosotras, creadas a vuestra imagen,

redimidas con vuestra Sangre, honradas

con bienes de fortuna y exaltadas con tantos

dones de la gracia, ingratas ¡ay! os

abandonamos en vida. Sí; purificadnos en

este fuego; ¡por acerbas que sean nuestras

penas, bendecidnos y ensalzaremos

vuestra justicia y misericordia infinita!

Justus es, Domine, et rectum judicium

tuum.

Todavía más: es tanta la fealdad del

pecado, por leve que sea, que si Dios

abriera a esas Almas las puertas del cielo,

no se atreverían a entrar en él, manchadas

como están, sino que suplicarían

al Señor las dejara purificarse primero en

aquellas llamas. No de otra suerte que

una doncella escogida por esposa de un

gran monarca, si el día de las bodas apareciese

una llaga asquerosa en su rostro,

no se atrevería a presentarse en la Corte,

y suplicaría al Rey que difiriese las bodas

hasta que estuviera perfectamente curada.

¡Oh pecado! por leve que parezcas,

¡qué mal eres tan grave, cuando las mismas

Almas preferirían los horrores del

Purgatorio a entrar en el cielo con la

menor sombra de tu mancha!

Medita, etc.

Punto Segundo . —- Mira, cristiano, si

puede darse locura mayor que la tuya. . .

Te reconoces deudor a la Justicia divina

de horribles penas por los pecados enormes

que cometiste en la vida pasada, y

por las innumerables faltas en que al presente

caes todos los días; que no basta

confesarte; que la absolución borra, sí, la

culpa, mas, no condonando toda la pena,

es preciso satisfacer a la Justicia divina

en este, o en el otro mundo; y no obstante,

jamás te cuidas de hacer penitencia.

Ahora podías expiar tus culpas fácilmente,

y con mucho más mérito tuyo: una

confesión bien hecha, una Misa bien oída,

un trabajo sufrido con paciencia, una

ligera mortificación, una limosna, una

indulgencia, un Vía Crucis hecho con devoción,

podría excusarte espantosos suplicios;

y tú todo lo descuidas, todo lo

dejas para la otra vida. ¡Ay! ¿Has olvidado,

por ventura, cuán horribles son y

cuánto tiempo duran aquellos tormentos?

¿No sabes que, según afirman ciertos

autores, fundados en revelaciones muy

respetables, varias de aquellas Almas han

estado siglos enteros en el Purgatorio, y

otras estarán allí hasta el juicio final?

¡Insensato! Las Ánimas, dice San Cirilo

de Jerusalén, mejor querrían sufrir hasta

el fin del mundo todos los tormentos de

esta vida, que pasar una sola hora en el

Purgatorio; y tú quieres más arder siglos

enteros en el Purgatorio, que mortificarte

en esta vida un solo momento. ¡Oh espantosa

locura!

Medita, etc.

Ejemplo

Había en Bolonia una viuda noble, que tenía

un hijo único y muy querido. Estando divirtiéndose

un día con otros jóvenes, pasó un forastero

y les interrumpió el juego. Reprendióle ásperamente

el hijo de la viuda, y resentido el forastero,

sacó un puñal, se lo clavó en el pecho, y

dejándole palpitando en el suelo, echó a huir

calle abajo con el puñal ensangrentado en la

mano, y se metió en la primera casa que encontró

abierta. Allí suplicó a la señora que por amor

de Dios le ocultase; y ella, que era precisamente

la madre del joven asesinado, le escondió en

efecto. Entre tanto llegó la justicia buscando al

asesino; y no hallándole allí, “sin duda, dijo

uno de los que les buscaban, no sabe esta señora

que el muerto es su hijo, pues si lo supiera, ella

misma nos entregaría al reo, que indudablemente

debe estar aquí” . Poco faltó, para que

muriese la madre de sentimiento al oír estas

palabras. Mas luego, cobrando ánimo y conformándose

con la voluntad divina, no sólo perdonó

al que había matado a su único y estimado

hijo, sino que le entregó todavía una

cantidad de dinero y el caballo del difunto para

que huyese con más prontitud; y después le

adoptó por hijo. Pero ¡cuán agradable fué a

Dios esta generosa conducta! Pocos días después

estaba la buena señora haciendo oración

por el alma de ldifunto, cuando de pronto se le

apareció su hijo, todo resplandeciente y glorioso,

diciéndole: “Enjugad, madre mía, vuestras lágrimas

y alegraos, que me he salvado. Muchos años

tenía que estar en el Purgatorio, pero vos me

habéis sacado de él, con las virtudes heroicas

que practicásteis perdonando y haciendo bien al

que me quitó la vida. Más os debo por haberme

librado de tan terribles penas, que por haberme

dado a luz. Os doy las gracias por uno y otro

favor ;adiós, madre mía, adiós; me voy al cielo

donde seré dichoso por toda la eternidad” .

Oración

A Jesús coronado de espinas

¡Oh amabilísimo Redentor mío! ¡Los

pecadores se coronan de rosas, los reyes

de la tierra se ciñen coronas de diamantes

y perlas, y Vos, Rey inmortal de los

siglos estáis coronado de espinas! ¡Oh! ¡si

esa vuestra corona se clavase en mi cabeza,

para arrancar de una vez mi soberbia

y malos pensamientos! ¡Oh! ¡Si a lo menos

una de esas espinas atravesara mi

conciencia, y no me dejaba reposar hasta

que hubiese mudado de vida! Señor, no

quiero ya más coronarme de flores en este

mundo, sino de espinas por vuestro amor.

Y Vos, Padre misericordiosísimo, aceptad,

en sufragio de las pobres Almas del Purgatorio,

aquellas befas, humillaciones y

dolores acerbísimos que sufrió vuestro

amable Hijo cuando le coronaron de espinas.

Por aquellas asquerosas salivas que

recibía, por aquellos escarnios con que le

ultrajaban, por aquella sangre que corría

de su cabeza santísima, a fuerza de los

cruelísimos golpes que sobre las espinas

le daban, por aquel dolor que atravesó el

corazón de su angustiadísima Madre, aliviad,

os suplico, a las afligidas Almas del

Purgatorio y concededles pronto la corona

incorruptible de la gloria. Y para alcanzar

de Vos esta gracia diremos cinco Padre

nuestros, cinco Ave Marías y un Gloria Patri.

Obsequio

En sufragio de las Almas del Purgatorio,

aplicar los cien días de indulgencia

que se pueden ganar cada vez diciendo

devotamente: Jesús, José y María, os doy

el corazón y el alma mía.

Día Séptimo

Por la señal de la santa cruz, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Padre celestial, etc.

M e d it a c ió n

Descuido de los mortales en aliviar a las Ánimas del Purgatorio

Punto Primero .— ¡Pobres Almas! ¡Están

padeciendo tormentos y penas inexplicables

no pueden merecer, ni esperar

alivio sino de los vivos; y éstos, ingratos,

no se cuidan de ellas! Tienen en el mundo

tantos hermanos, parientes y amigos,

y no hallan, como José, un Rubén piadoso

que las saque de aquella profunda

cisterna. Sus tinieblas son más dolorosas

que la ceguedad de Tobías, y no encuentran

un Rafael que les dé la vista deseada,

para contemplar el rostro hermosísimo de

Dios .Se abrasan en más ardiente sed que

el criado de Abraham, y no hallaron una

oficiosa Rebeca que se la alivie. Son infinitamente

más desgraciadas que el caminante

de Jericó y el paralítico del Evangelio;

mas no encuentran un Samaritano,

u otra persona compasiva que las consuele.

¡Pobres Almas! ¡Qué tormento tan

grande será para vosotras este olvido de

los mortales! ¡Podrían tan fácilmente aliviaros

y libertaros del Purgatorio; bastaría

una Misa, una Comunión, un Via Crucis,

una indulgencia que aplicasen; y nadie

se cuida de ofrecérosla!

¿Y quiénes son esos ingratos? ¡Ahí son

vuestros mismos parientes y amigos,

vuestros herederos, vuestros hijos mismos.

Ellos se alimentan y recrean con los

bienes que les dejásteis; y ahora desconocidos

no se acuerdan ya de vosotras. Tal

vez por haberlos estimado y complacido

demasiado, por haberlos enriquecido con

usuras y otros modos ilícitos, ardéis en

esas llamas; y los ingratos se divierten

ahora, sin compadecerse ni acordarse de

vuestras penas… ¡Pobres Almas! Con

mucha más razón que David podéis decir:

si un extraño que no hubiese jamás

recibido ningún favor de mi mano, si un

enemigo me tratara así, por sensible que

me fuera, podría soportarlo con paciencia;

¡pero tú, hijo mío, que me debes tantos

beneficios, y te sustentas y regalas

con el sudor de mi rostro; tú, hija niía,

por quien pasé tantos dolores y noches

tan malas; tú, esposo; tú, esposa mía, que

tantas pruebas recibiste de mi amor, siendo

objeto de mis desvelos y blanco de mis

incesantes favores; que tú me trates así,

que descuidando los sufragios que tanto

te encargué, me dejes e neste fuego, sin

querer socorrerme. ¡Ah! ¡esta sí que es

ingratitud y crueldad superior a toda

ponderación!

Medita, etc.

Punto Segundo.—¡Pobres Almas! Pero

más pobres e infelices seremos nosotros,

si no las socorremos. Acuérdate, gritan

los difuntos, de cómo he sido yo juzgado,

porque así mismo lo serás tú. A mí ayer;

a ti hoy. Tú, también serás del número

de los difuntos, y tal vez muy pronto. Y

por rico y poderoso que seas, ¿qué sacarás

de este mundo? Lo que nosotros sacamos,

y nada más: las obras. Si son buenas,

¡qué consuelo! Si malas, ¡qué desesperación!

Como tú hayas hecho con nosotros,

harán contigo.—¿Lo oyes? Si ahora

eres duro e insensible con las benditas

Ánimas, duros e insensibles serán contigo

los mortales, cuando tú hayas dejado de

existir. Y no es este el parecer de un sabio;

es el oráculo de la Sabiduría infinita

que nos dice por San Mateo: Con la misma

medida con que midiereis, seréis medidos.

Sí; del mismo modo que nos hubiésemos

portado con las almas de nuestros

prójimos, se portarán los mortales también

con nosotros; y ¡Ay de aquel que no

hubiese usado de misericordia, porque le

espera, dice el Apóstol Santiago, un juicio

sin misericordia! ¿Y no tiemblas tú,

heredero y testamentario, insensible para

con los difuntos? Si lleno de indignación

el Juez supremo arroya al infierno al que

niega la limosna a un pobre que tal vez

era enemigo de Dios por el pecado, ¿con

cuánta justicia y rigor condenará al que

niegue a sus amadísimas esposas los sufragios

de los bienes que le pertenecían?

Medita, etc.

E j e m p l o

Derrotado por Cayano ( J) el ejército de Mauricio,

y hechos prisioneros gran número de soldados,

Cayano pidió al Emperador una moneda,

( 1 ) Otros le llaman a Ciro y P e ta v io Chaganus, rey

de lo s Bávaros.

y no de valor muy subido, por el rescate de ctvJa

prisionero. Mauricio se negó a darla. Cayano

pidió entonces una de menos valor; y habiéndosela

también rehusado, exigió por último una

Ínfima cantidad; la que no habiendo podido

lograr tampoco, irritado el bárbaro, mandó cortar

la cabeza a todos los soldados imperiales que

tenía en su poder. Mas ¿qué sucedió? Pocos días

después Mauricio tuve una espantosa visión.

Citado al tribunal de Dios, veía gran multitud

de esclavos que arrastraban pesadas cadenas, y

con horrendos gitos pedían venganza contra él.

Oyendo el Juez supremo tan justas quejas, se

vuelve a Mauricio y le pregunta: “ ¿Dónde quieres

más ser castigado: en ésta, o en la otra vida?

¡Ah! benignísimo Señor, responde el prudente

emperador, prefiero ser castigado en este mundo.

Pues bien, dijo el Juez, en pena de tu crueldad

con aquellos pobres soldados, cuya vida no quisiste

salvar a tan poco precio, uno de tus soldados

te quitará la corona, fama y vida acabando

con toda tu familia” . En efecto, pocos

días después se le insurreccionó el ejército, prodama::

do a Focas por emperador. Mauricio fugitivo

se embarcó en una pequeña nave con algunos

pocos que le seguían; mas en vano; furiosas

las olas lo arrojan a la playa, y llegando los

partidario:; de Focas, le atan a él y cuantos le

seguían y los llevan a Eutropia, en donde, ¡oh

padre infeliz! después de haber visto con sus

propios ojos la cruel carnicería que hicieron de

cinco hijos suyos, fue muerto ignominiosamente,

y no pasó mucho tiempo sin que el resto de su

familia sufriese la misma desgracia.

¡Ah! cristianos que oís esto; no son unos pobres

soldados, son vuestros propios hermanos y

vuestros propios padres los que han caído prisioneros

de la Justicia divina. Este Dios misericordioso

pide por su rescate una muy pequeña moneda;

de gran valor, es verdad, pero muy fácil

de dar.^.Y seréis tan duros que se la neguéis?

¿Tan insensibles seréis a la felicidad de las Ánimas

y a vuestros propios intereses?

Oración

A Jesús llevando la cruz a cuestas

¡Oh dulcísimo Jesús, y qué sensible habrá

sido a tu corazón mi olvido e indiferencia

para con las Almas del Purgatorio;

pues tanto las amas por una parte, y por

otra eres tan caritativo, que cuando subías

a la montaña del Calvario olvidaste

tu dolor acerbísimo para consolar a aquellas

piadosas mujeres que lloraban tu

suerte! Aplaque, pues, oh Padre celestial,

tu ira la caridad inmensa de tu Hijo santísimo.

Acepta esos dolorosos pasos que

da, oprimido con el enorme peso de la

cruz acepta esas tres lastimosas caídas,

junto con los escarnios y con el sudor y

sangre que derrama por nuestro amor. Yo

te lo ofrezco todo, en remisión de mi poca

paciencia en los trabajos, y en sufragio de

las pobres Almas del Purgatorio. ¡Ah!

compadécete de sus lágrimas; enjúgalas,

oh Padre clementísimo, y haz que dichosas

participen cuanto antes de la gloria

de tu rostro divino en la patria celestial.

Amén.

Digamos cinco Padre nuestros, cinco

Ave Marías y un Gloria Patri para alcanzar

del Señor esta gracia.

Obsequio

El mayor sufragio que reclaman las

benditas Ánimas, el más necesario para

nosotros y el más adepto a Dios es hacer

una buena confesión, sin callar pecado alguno

al confesor.

Día octavo

Por la señal de la santa cruz, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Padre celestial, etc.

M e d it a c ió n

Cómo recompensará el Señor a los devotos de las Benditas Ánimas

Punto Primero . — Supongamos, cristiano

piadoso, que movido por estas meditaciones

haces una sincera y dolorosa

confesión, y ganando la indulgencia plenaria

de este santo Novenario, sacas un

Alma de la horrenda prisión del Purgatorio.

¡Ay! ¡y qué grande será tu dicha! Si

perseveras, ¡qué galardón tan grande recibirás

en el cielo! Si los reyes de ia tierra,

siendo miserables mortales, recompensan

con tanta munificencia al que libra a uno

de sus vasallos de un gran peligro, o expone

su vida sirviendo generosamente a

los apestados; ¿cómo pensáis vosotros que

premiará el Señor al que libre a una o

más Almas de las abrasadoras llamas del

Purgatorio? Decid, padres y madres: si

aquel hijo, que es la niña de vuestros ojos,

cayese en un río o en el fuego, y un hombre

generoso os le sacara y presentara

vivo, ¿cómo se lo agradeceríais? Si vosotros

fueseis ricos y potentados, y él pobre,

¿cómo le premiaríais? Ahora bien:

¿qué tiene que ver el cariño del padre más

amoroso con el amor que Dios profesa a

aquellas Almas, que son sus hijas y esposas

muy amadas? ¿Qué son todos los peligros

y males de este mundo, comparado-;

con las espantosas penas del Purgatorio?

¿Y qué comparación hay entre el Poder y

la generosidad de un miserable mortal y

el poder y la generosidad infinita de Dios,

que promete un inmenso premio de gloria

por la visita hecha a un preso, a un enfermo,

o por un vaso de agua a un pobre por

su amor? ¡Ah, cristiano! no dudo decir

que miro como asegurada tu salvación, si

logras sacar a una sola Alma del Purgatorio.

¿Y no harás lo posible para lograrlo?

Medita, etc.

Punto Segundo. — No pienses, alma

cristiana, ser ésta una reflexión piadosa;

es una promesa formal de Jesucristo, verdad

eterna, que no puede faltar a su palabra.

¿No nos dice en el sagrado Evangelio:

Bienaventurados los misericordiosos,

porque ellos alcanzarán misericordia?

Fundado en estas palabras infalibles, hasta

ahora, dice el Padre San Gregorio:

Yo no sé que se haya condenado ninguno

que haya usado de misericordia con el

prójimo” . ¡Ah! Dios quiere mucho a las

Almas; todo cuanto se hace por ellas lo

mira, agradece y premia como si a Él mismo

se le hiciera; En verdad os digo que

todo cuanto habéis hecho con uno de esos

pequeños hermanos míos, lo habéis hecho

conmigo. ¡Ah! dichosos cristianos; si socorréis

a las pobres Ánimas del Purgatorio,

venid, os dirá un día nuestro liberalísimo

Juez; venid, benditos de mi Padre

celestial. Aquellas pobres Almas tenían

hambre, y vosotros comulgando las habéis

alimentado con el pan de vida de mi sacratísimo

Cuerpo; morían de sed y oyendo

o haciendo celebrar Misa, les habéis

dado a beber mi Sangre preciosísima; estaban

desnudas, y con vuestras oraciones

y sufragios las habéis vestido con una estola

de inmortalidad; gemían en la más

triste prisión, y con vuestros méritos e indulgencias

las habéis sacado de ella. Y no

es precisamente a las Ánimas a quienes

habéis hecho estos favores; a Mí me los

habéis hecho: Mihi jecistis: pues todo

cuanto hicisteis por ellas. Yo lo miro por

tan propio como si lo hubieseis hecho para

Mí mismo. Por lo tanto, venid, benditos

de mi Padre celestial, a recibir la corona

de gloria que os está preparada en el

cielo” . ¿Y no querríais, cristianos, lograr

tanta dicha? Pues en vuestra mano está.

Medita, etc.

Ejemplo

Tenía una pobre mujer napolitana una numerosa

familia que mantener, y a su marido en la

cárcel, encerrado por deudas. Reducida a la última

miseria, presentó un memorial a un gran

señor, manifestándole su infeliz estado y aflicción;

pero con todas las súplicas no logró más

que unas monedas.

Entra desconsolada en una iglesia, y encomendándose

a Dios, siente una fuerte inspiración de

hacer decir con aquellas monedas una Misa por

las Ánimas, y pone toda su confianza en Dios,

único consuelo de los afligidos. ¡Caso extraño!

Oída la Misa, se volvía a casa, cuando encuentra

a un venerable anciano, que llegándose a ella le

dice: “ ¿Qué tenéis, mujer? ¿Qué os sucede?” La

pobre le explicó sus trabajos y miserias. El anciano

consolándola le entrega una carta, diciéndole

que la lleve al mismo señor que le ha dado

las monedas. Éste abre la carta, y ¿cuál no es su

sorpresa cuando ve la letra y firma de su amantísimo

padre ya difunto? ¿Quién os ha dado esta

carta? —No lo conozco, respondió la mujer, pero

era un anciano muy parecido a aquel retrato;

sólo que tenía la cara más alegre. Lee de nuevo

la carta, y observa que le dicen: “Hijo mío muy

querido, tu padre ha pasado del Purgatorio al

cielo por medio de la Misa que ha mandado celebrar

esa pobre mujer. Con todas veras la encomiendo

a tu piedad y agradecimiento; dale una

buena paga, porque está en grave necesidad” . El

caballero, después de haber leído y besado muchas

veces la carta, regándola con copiosas lágrimas

de ternura: “Vos, dice a la afligida mujer,

vos, con la limosna que os hice, habéis labrado

la felicidad de mi estimado padre; yo ahora haré

la vuestra, la de vuestro marido y familia” . En

efecto, pagó las deudas, sacó al marido de la

cárcel, y tuvieron siempre de allí en adelante

cuanto necesitaban y con mucha abundancia.

Así recompensa Dios, aun en este mundo, a los

devotos de las benditas Ánimas.

Oración

A Jesús clavado en la cruz

¿De qué trabajos puedo quejarme, oh

Jesús dulcísimo, cuando os contemplo clavado

en la cruz, desamparado de vuestro

Padre celestial, padeciendo la más cruel

sed y agonía por mi amor? ¿Cómo no

esperaré cuando por todas esas llagas

abiertas, como por otras tantas bocas o

volcanes de amor, pedís misericordia y

perdón? Sí; aliéntate, pecador; pronto

está Dios a borrar culpas pasadas, alentaos

también vosotras, Almas benditas

del Purgatorio; ya se acerca la hora de

vuestro rescate y de vuestra libertad.

Mañana, con las comuniones que se os

ofrecerán, será el dichoso día de vuestra

redención. ¡Oh! haced que así sea, dulcísimo

Jesús, moved el corazón de estos

fieles para que no nieguen este sufragio a

las Ánimas, apagad la sed ardentísima

que esas Almas tienen de veros, de gozaros,

de reinar con Vos y bendeciros por

siglos infinitos. Amén.

Cinco Padres nuestros, cinco Ave Marías

y un Gloria Patri para alcanzar esta

gracia del Señor.

Hacer una limosna en sufragio de las

Almas del Purgatorio.

Día Noveno

Por la señal de la santa cruz, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Padre celestial, etc.

Meditación

Agradecimiento de las Benditas Ánimas para con sus devotos

Punto Primero . — Ved aquí el día feliz;

hoy, con las numerosas comuniones y

sufragios que los fieles han ofrecido al

Señor, no sólo en ésta, sino en tantas

otras iglesias, muchas de aquellas Almas,

ayer tan afligidas y desgraciadas, han pasado

a ser dichosos habitantes y príncipes

felicísimos de la Corte celestial. Ya ven

cara a cara la Hermosura y Majestad infinita;

ya poseen a Di os, que contiene en sí

cuanto hay de amable, de grande, delicioso

y perfecto. Su entendimiento ya no

puede experimentar ni más alegría, ni

más suavidad, ni más dicha. ¡Ay! ¡si pudieses,

amado cristiano, penetrar hoy en

aquella dichosa patria y contemplar el

transporte de aquellos Bienaventurados!

¡Qué enhorabuenas, qué abrazos se dan

tan amorosos! ¡Qué cánticos entonan en

acción de gracias al Dios de las misericordias

y a los generosos cristianos que las

han sacado del Purgatorio! ¡Oh! ¡cómo

dan por bien empleadas las penas que en

este mundo padecieron! ¡Oh! ¡con cuánta

alegría está diciendo cada una de ellas:

Dichosas confesiones y comuniones; dichosas

las Misas que oía, las limosnas,

oraciones, penitencias y obras buenas que

yo practicaba; dichosas las burlas y escarnios

que yo sufría por ser devota! ¡Y con

qué magnificencia pagáis, Señor, hasta

los sacrificios más pequeños e insignificantes

que hice por vuestro amor! ¿No

quisieras, cristiano, tener tú la misma

suerte? Pues pelea contra las pasiones;

que sin pelear no se alcanza victoria; sin

pena, no hay felicidad.

Medita, etc.

Punto Segundo . — ¡Y qué dicha, cristiano,

la tuya, si has logrado librar del

Purgatorio a alguna de aquellas Almas!

El cielo debe a tus sufragios el nuevo regocijo

y la nueva gloria accidental que

ahora experimenta. Y aquellas Almas dichosas

te deben la libertad, y con ella la

posesión de una felicidad infinita. ¿Qué

súplicas, pues, tan fervorosas no harán a

Dios por ti? ¿En qué necesidad podrás

encontrarte que no cuiden de socorrerte?

¿Qué empeño pondrán en conseguirte las

gracias necesarias para vencer las tentaciones,

adquirir las virtudes y triunfar de

los vicios? Y si alguna vez te vieres en

peligro de pecar y de caer en el infierno,

¡con cuánto más celo que el pueblo de

Israel lo hizo en favor de Jonatás, dirán

al Señor!: ¿Y permitiréis, oh gran Dios,

que se pierda eternamente un cristiano

que me ha librado a mí de tan horribles

penas? ¿No prometisteis que alcanzarían

misericordia con el prójimo? ¿Y consentiríais

ahora que cayese en el infierno

aquel que con sufragios me abrió las

puertas del cielo? ¡Ah dichoso cristiano!

¡cuánto envidio tu dicha! Persevera, y

tienes segura la palma de lo gloria.

Medita, etc.

Santa Gertrudis, aquella época tan regalada

del Señor, había hecho donación de todos sus

méritos y obras buenas a las pobres Ánimas del

Purgatorio; y para que los sufragios tuviesen

más eficacia y fuesen más adeptos a Dios, suplicaba

a su divino Esposo le manifestase por qué

Alma quería que satisficiese. Se lo otorgaba su

Divina Majestad, y ¡a Santa multiplicaba oraciones,

ayunos, cilicios, disciplinas y otras penitencias,

hasta que . aquella alma hubiese salido del

Purgatorio. Sacada una, pedía al Señor le señalara

otra; y así logró librar a muchas de aquel

horrible fuego. Siendo ya la Santa de edad avanzada,

le sobrevino una fuerte tentación del enemigo

que le decía: “ ¡Infeliz de tí! ¡Todo lo has

aplicado a las Ánimas del Purgatorio, y n j has

satisfecho todavía per tus pecados! Cuando mueras,

¡qué penas y tormentos te aguardan!” No

dejaba de acongojarla este pensamiento, cuando

se le apareció Cristo Señor Nuestro, y la consoló

diciendo: “Gertrudis, hija mía muy amada; no

temas: los sufragios que tú ofreciste a las Ánimas

del Purgatorio, me fueron muy agradables; tú r.o

perdiste nada; pues en recompensa no sólo te perdono

las penas que allí habías de padecer, sino

que aun aumentaré tu gloria de muchísimos grados.

¿No había prometido yo dar el ciento por

uno, pagando a mis fieles servidores con medida

buena, abundante y apretada? Pues mira, yo haré

que todas las Almas libertadas con tus oraciones

y penitencias te salgan a recibir con muchos

Ángeles a la hora de la muerte, y que, acompañada

de este numeroso y brillante cortejo de

bienaventurados, entres en e¡ triunfo de la gloria”

.

Oración

A LAS BENDITAS ALMAS LIBERTADAS DEL PURGATORIO

POR LOS SUFRAGIOS OFRECIDOS DURANTE

el Novenario

¡Oh almas dichosas y felices, a quienes

nuestro dulcísimo Jesús acaba de admitir

¡hoy en su patria celestial! Os felicitamos,

y damos en nombre de toda la Iglesia mil

enhorabuenas por esta dicha tan grande.

Unimos nuestra alegría con la vuestra y

con la de los Ángeles y Serafines; juntamos

nuestras acciones de gracia con les

cánticos y alabanzas que vosotras entonáis

al Creador por tan inestimable beneficio.

Sí, Almas santas y dichosas; alegraos:

ya se han acabado para vosotras

lias penas y tristezas, las aflicciones y trabajos,

los peligros y tentaciones de esta

miserable vida. Sólo os queda una eternidad

de descanso, de alegría, de delicias y

de bienaventuranza infinita. ¡Qué dicha

también la nuestra, si con estos sufragios

os hemos acelerado la posesión de tanta

gloria! Sí, triunfad en el cielo; pero no

hagáis como hizo aquel ingrato copeiO de

Faráon con José; no olvidéis a vuestros

pobres hermanos, que militamos aún en

este valle de lágrimas; echad una mirada

compasiva sobre nosotros; ¡mirad de

cuántos y cuán fieros enemigos nos vemos

rodeados! Ahora que sois tan poderosas

delante de Dios, interceded por nosotros,

para que siendo fieles y constantes

en su servicio podamos en vuestra compañía

alabarle y glorificarle un día etenamente.

Cinco Padre nuestros, cinco Ave Marías

y un Gloria Patri a las cinco llagas

de Cristo Señor nuestro en sufragio de

las benditas Ánimas del Purgatorio.

Obsequio

Formar una firme resolución de ofrecer

todas nuestras obras satisfactorias en sufragio

de las pobrecitas Ánimas.

Responso

V) Libera me, Domine, de morte aeterna

in die illa tremenda. * Quando coeli

movendi sunt et térra. * Dum veneris judicare

saeculum per ignem.

R) Tremens factus sum ego et timeo.

Dum discussio venerit atque ventura ira.

Quando coell movendi sunt et térra. Dum

veneris judicare saeculum per ignem.

V) Dies illa, dies irae, calamitatis et miseriaes,

dies magna et amara valde. Dum

veneris judicare saeculum per ignem.

V) Requiem aeternam dona eis Domine,

et lux perpetua luceat eis.

Libera me, Domine, de morte aeterna

in die illa tremenda, quando coeli movendi

sunt et térra, dum veneris judicare

saeculum per ignem.

Kyrie eleison, Christie eleison, Kyrie

eleison. Pater noster, etc.

V) Et ne nos inducas in tentationem.

R) Sed libera nos a malo.

V) A porta inferi. R) Erue, Domine,

animas eorum.

V) Requiescant in pace. R) Amén.

V) Domine, exaudi orationem meam.

R) Et clamor meus ad veniat.

V) Dominus vobiscum. R) Et cum spiritu

tuo.

Fidelium, Deus, omnium conditor et

redemptor, animabus famulorum famularumque

tuarum remissionem cunctorum

trihue peccatorum; ut indulgentiam quam

semper obtaverunt piis supplicationibus

consequantur. Qui vivis et regnas in saecula

saeculorum. R) Amen.

V) Réquiem aeternam dona eis, Domine.

R) Et lux perpetua luceat eis.

V) Requiecant in pace. R) Amen.

Animae omnium fidelium defunctorum

per misericordiam Dei requiescant in

pace.

R) Amen.

ACTO HEROICO DE CALIDAD

EL FAVOR DE LAS BENDITAS ALMAS

DEL PURGATORIO

Indulgencias concedidas

Los fieles que hicieren el acto Heroico de Caridad en

favor de las Almas del Purgatorio se les concede: indulgencia

Plenaria aplicable sólo a los difuntos.

1) Cualquier día que recibieren la S. Comunión, si

confesados visitaren alguna Iglesia o público Oratorio

y oraren a intención del Sumo Pontífice.

2) Cualquier lunes del año, si oyesen la Santa Misa

en sufragio de los mismos difuntos y además cumplieren

las condiciones acostumbradas.

3 ) Si por algún impedimento no pudieren recibir la

S. Comunión ni oír la Santa Misa, los Obispos Dio cesanos

pueden delegar a los confesores para con mutar

por algunas otras obras piadosas.

4) Los sacerdotes que han recitado el Acto Heroico,

gozan del indulto de altar privilegiado personal,

todos los días.

(S. Penit. Apost. 26 Enero 1932).

Este acto de caridad, tan agradable a Dios,

útil a las Almas del Purgatorio, y provechoso a

nosotros mismos, consiste en un voto o donación

entera que hacemos de todas nuestras obras

satisfactorias en favor de aquellas benditas

Ánimas. Nótese aquí que toda obra buena es a Ja

vez, según el Concilio de Trento, meritoria, imperatoria

y satisfactoria. Se dice meritoria, porque

con ella logramos un grado más de gracia

en este mundo y de gloria para el otro: mérito

que a nadie puede cederse, siendo todo de aquM

que hace la obra buena. Llámase impetratoria,

porque con ella alcanzamos de Dios auxilios

oportunos y bienes espirituales y temporales, ya

para nosotros mismos, ya también para otros.

Dícese por fin satisfactoria, porque con ella pagamos

e¡ débito de nuestros pecados y ¡a pena

del Purgatorio que les era correspondiente; y

este fruto satisfactorio de nuestras obras es, propiamente

hablando, el que cedemos a las benditas

Ánimas con este voto. A nadie debe imponer

el nombre de voto, pues se hace, como se

expresa en la fórmula, sin obligación a pecado,

siendo más bien una cesión voluntaria, un acto

heroico de caridad que un voto riguroso. Y así

en nada se expone éste al orden de la caridad,

que nos obliga a pedir primero por nuestros

parientes difuntos, por los socios de las cofradías

a que pertenecemos, etc. Pues poniendo en

manos de la Virgen Santísima todas nuestras

obras satisfactorias, y conociendo Ella mejor que

nosotros cuál es nuestro deber, distribuirá dichas

buenas obras entre los parientes, cofrades, etc.,

según fuere más del agrado de Dios. Por consiguiente,

podemos y debemos continuar las oraciones

y acostumbradas, dirigidas a obtener de

Dios y de los Santos cualquiera gracia que necesitemos.

Puede asimismo, el Sacerdote

aplicar la misa por la intención de quien le diere

la limosna, según lo declaró en su concesión la

Santidad de Benedicto XIII, Agosto 23 de 1728.

Fórmula de este voto

Para mayor gloria vuestra, oh Dios

mío, Uno en esencia y Trino en Persona,

para mejor imitar a mi dulcísimo Redentor

Jesucristo, y para mostrar mi sincera

esclavitud a María Santísima, Madre de

Misericordia y Madre de las pobres Almas

del Purgatorio, yo N. N., me propongo

cooperar a la redención (3) y libertad

de aquellas Almas, encarceladas por

deudas de penas a la divina Justicia, merecidas

por sus pecados; y en aquel modo

que puedo lícitamente, sin obligación a

pecado, hago libre y espontáneamente

voto de librar del Purgatorio a todas las

Almas que María Santísima quisiere que

sean libres; y para esto pongo en manos

de esta piadosísima Señora todas mis

obras satisfactorias, propias y participadas,

tanto en vida como en muerte, y

después de la muerte.

Aceptad, os ruego, Dios mío, y confirmad

este mi ofrecimiento que os reitero y

confirmo a honra vuestra y bien de mi

alma.

Y dado que mis obras satisfactorias no

bastasen para pagar todas las deudas de

aquellas almas predilectas de la Santísi(

1 ) El que ofrece sufragios por las Almas del Purgatorio es honrado con el nombre del Redentor (F.

Celada, in Job, c. 4 ).

y para satisfacer las que yo

mismo hubiese contraído por mis culpas,

que de todo corazón odio y detesto,. me

ofrezco, Señor, a pagaros, si así os pluguiere,

en las penas del Purgatorio todo

lo que faltare, abandonándome en los brazos

de vuestra misericordia y en los de mi

dulcísima Madre María. Sean testigos de

este mi voto todos los que viven en las

tres Iglesias, triunfante, paciente y militante.

Marchando Religion

Marchando Religion

Marchando Religion. Redacción