Ley de Lavoisier

Sobre la Ley de Lavoisier un artículo de Christian Velásquez.

Ley de Lavoisier a la luz de los Sistemas Unificados :

La ley de Conservación de masa o ley de Lavoisier sostiene que: la materia ni se crea ni se destruye sólo se transforma, y a su vez sostiene que en una reacción química la suma de la masa de los reactivos es igual a la suma de masa de los productos, puesto que los átomos en una reacción química no desaparecen, simplemente se ordenan de otra manera.

Ley de Lavoisier:-Marchando ReligiónVeremos esta ley según los Sistemas Unificados empezando por analizar el concepto de materia que aplica la Ley de Lavoisier, ya que utiliza como criterio esencial de la materia su composición atómica. Si analizamos así la materia nos daremos cuenta que esa composición atómica es la base de estructuras más complejas, puesto que los átomos no existen por sí mismos, se dan siempre en otro, o mejor dicho, son parte de una determinada estructura, la cual es acotada y definida mientras no cambie de estado a causa de la reacción con otras estructuras atómicas que cumplen funciones distintas en otra estructura.

Los átomos son parte de sistemas más complejos, esas estructuras sistémicas más complejas se denominan cosas u objetos materiales.

La unidad atómica siempre es de carácter sistémico por esencia, no existe salvedad alguna a la regla, para estas unidades mínimas de la materia. Al ser sistémicos los átomos, siempre van a estar ordenados hacia el sistema al cual pertenecen. Y es desde este punto de vista que Lavosier puede sustentar que la materia no se crea, porque evidentemente, el átomo es parte esencial del mundo material.

Por consiguiente, ese no crearse sólo se puede plantear de un modo de ser relativo a la materia y no allende a ella, como bien lo sabemos los católicos, Dios como causa única y extrínseca de todo el orden material.

El carácter dinámico y sistémico de los átomos hace que sean traslaticios, vale decir, tengan la capacidad de unirse a otros formando otras estructuras distintas a las que ellos eran parte.

Un ejemplo típico que seguir es el del agua, cuya fórmula química es H2O.

Este vital elemento se compone de la unión de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, al menos eso es lo que nos enseñaron a todos en el colegio. ¿Pero esto es verdaderamente así? El agua en estado natural en su composición líquida se encuentra siempre unida a una enorme cantidad de elementos biológicos, minerales y húmicos, todos los cuales son partes adyacentes a ella. Nunca, pero nunca podremos encontrar al agua como H2O en ninguna de sus faces líquidas, sólidas y gaseosas.
El agua, al tener una estructura multisistémica como todo en la naturaleza, no se encuentra aislada como una molécula independiente, si fuera así, se podría muy fácilmente fabricar agua artificialmente sin recurrir a la exageración de buscarla fuera de nuestro planeta.

¿Acaso no sería mejor fabricar el agua en laboratorio?, ¿Por qué no la fabrican en zonas desérticas?

La respuesta es obvia, la imposibilidad de fabricarla en masa radica en las propiedades sistémicas del agua y los átomos que la componen, las cuales evidentemente pueden ser elementos constitutivos del sistema, pero no absolutos del mismo, razón por la cual se hace imposible producir agua en volúmenes significativos para el ser humano.
Los recursos que podamos producir en laboratorio son significativamente limitados, a diferencia de todo el entorno natural, puesto que en este último confluyen una infinidad de elementos multisistémicos, lo que supera con creces a cualquier intento artificial que trate de imitar a la naturaleza.

La causa exacta de las limitantes que se experimenta en un ambiente artificial, como lo es un laboratorio, obedece a la ausencia de una multiplicidad de Puentes Sistémicos, los cuales confluyen naturalmente en el entorno natural que nos rodea.

Resulta erróneo pensar, siguiendo la Ley de Transformación de La Materia, que podamos generar todo un mundo nuevo si logramos alterar las estructuras atómicas de los elementos. Podremos generar cierto tipo de aleaciones y estructuras híbridas, por ejemplo; producir el acero a partir de la unión sistémica de carbono, manganeso, silicio, molibdeno, vanadio y otros elementos más. En el fondo, lo que surge de la unión de esos elementos es el resultado donde confluyen numerosos puentes sistémicos que permiten ordenarse hacia una misma estructura.

La materia no desaparece, tal como lo plantea Lavosier, sólo se transforma, es decir, -aquí recurro a la filosofía aristotélica- cambia de forma de orden hacia otro fin distinto al estado anterior en el cual se encontraba. La materia es por esencia sistémica, y por ser sistémica es dinámica, tiene capacidad de movimiento ya sea por sí misma o por causa de otro agente exterior. Toda esta conceptualización y precisión conceptual y real de lo que nos rodea, nos permite poder distinguir cuándo estamos en un error y cuando no.

Pensemos en el caso de la medicina cuando se implanta Titanio en alguna fractura ósea.

Esa solución de parche, frente a una lesión que puede ser severa, lo que se hace al incorporar este metal al cuerpo reemplazando al hueso natural, el cual no puede ser reemplazado en su estructura natural por ningún tipo de elemento ajeno debido que esos huesos poseen cualidades estructurales compatibles con ligamentos, tendones, líquido medular, y un sinfín de conexiones neuro transmisoras imposibles de unirse al Titanio.

Las consecuencias en el orden práctico son muchísimas. La más importante de todas- a mi juicio- es establecer los límites hasta cuando puede llegar la medicina. Forjar falsas ilusiones de una medicina que supere a lo natural es un error gravísimo, en especial para todas aquellas personas que basan su esperanza en los resultados que esta ciencia pueda tener.

Los puentes sistémicos siempre deben estar ordenados al fin que se busca, lo mismo que los medios para alcanzar esos puentes, los que, a su vez, pertenecen a otra red de puentes que se entrelazan. Eso hace que los futuros descubrimientos en todas las ciencias estén basados en buscar los Puentes Sistémicos adecuados para obtener el fin que se busca.

Hace un año atrás leí en la prensa que se iba a realizar el primer trasplante de cabeza, incluso visualicé a un voluntario que iba a actuar como conejillo de indias.

De antemano sabía yo que el resultado iba a ser fatal para el que se ofreció, algo así no es posible a causa de la red de redes de vaso comunicantes que existe entre la cabeza humana y el resto del cuerpo. Lograr algo así es prácticamente imposible por razones obvias.

Son miles de millares la cantidad de puentes sistémicos que interactúan en el cuerpo humano, sólo Dios pudo hacer algo así. Por lo demás, cada cuerpo tiene su propia biología sui géneris, incompatible con la de los otros cuerpos humanos.

Pero entonces ¿qué sucede en el caso de los trasplantes de órganos?

En estos casos por lo general se busca realizar trasplantes de familiares cercanos del que se desea trasplantar, por lo general, muchos de estos órganos no se adaptan al nuevo cuerpo. No obstante, los Puentes Sistémicos que permiten ensamblar en un cuerpo extraño son bastantes más reducidos de lo que puede ser todo un cuerpo.
Muchos de los trasplantados nunca quedan igual que antes, siempre se producen una enorme cantidad de factores que limitan al que recibió el órgano donado. Siempre es muchísimo más conveniente agotar todos los medios para tratar de salvar el órgano deficiente de un determinado paciente. El trasplante debiera ser la última de las últimas de todas las opciones que el paciente tiene para salvar su vida.

Finalmente podemos decir que mientras más puentes sistémicos se tenga a disposición para alcanzar un determinado fin, mejores serán los resultados a los cuales podamos llegar. La relación entre el fin y los Puentes Sistémicos es inversamente proporcional, más cantidad de Puentes, mayor será el éxito e alcanzar el fin buscado, y viceversa, mientras menos puentes, menores serán las posibilidades de alcanzar los fines buscados.

Como ven, La ley de Lavosier se encuentra subordinada a la Ley de Sistemas Unificados, y ésta última, se subordina a su vez, a todo el universo ontológico creado por Dios, fuente de todas las causas.

Christian Velásquez

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Pueden leer una biografía de Lavoisier en la página: Biografías y vidas