Primera aparicion de Nuestra Señora de Lourdes

Primera aparicion de Nuestra Señora de Lourdes un artículo de Rosa Jordana

El jueves 11 de febrero de 1858 amaneció frío. Era jueves lardero. Bernadette fue a catequesis y antes de las once estaba de regreso. En el Cachot estaban sus padres y sus hermanos. François no tenía trabajo ese día y permanecía en cama. Louise intentaba agrupar toda la leña que quedaba para poder hacer algo de comer. No había suficiente. En aquel momento llegó Jeanne Abadie, amiga de Toinette -apodada Baloume- y las tres niñas se ofrecieron, alegres, a ir a buscar leña. Louise se negó a que Bernadette fuera con ellas porque el tiempo era muy frío pero la niña suplicó “Maï” -mamá en bigourdan-, me gustaría ir. ¿Sabes? En Bartres salía todos los días” y siguió.

Al final “maï” cedió a pesar de temer sus ataques de asma. Hizo que se abrigara bien y le hizo poner su “capulet”. El mismo que lleva en muchas fotos y que hoy se guarda en la antesala del Cachot, medio raído.

Salieron y fueron descendiendo por lo que hoy es la Rue de la Grotte. Pasaron por delante del cementerio que aún existe hoy en día, llamado “L’Egalité”. Estaban ya fuera del pueblo cuando pasaron por el puesto de guardia donde había unos soldados de la guarnición con sede en Lourdes; situado más o menos donde hoy en día está el Museo de Cera. Y siguieron bajando hasta el Puente Viejo, en pie desde la época romana -hoy en día el Puente Viejo está en el mismo sitio, pero es de reciente construcción-. Lo atravesaron y siguieron por lo que, actualmente, es la Avenida Bernadette Soubirous. Allí encontraron a una mujer apodada Pigouno, pariente lejana de Louise, la madre de Bernadette. Cuando le dijeron que iban a buscar leña les indicó donde podrían encontrarla y les advirtió que no se pararan en el entorno del Moulin de Saby porque era propiedad privada y les podrían reprender.

Les dijo que mejor ir hasta la Grotte de Massabielle porque era terreno comunal y les señaló por donde debían ir.

Tuvieron que atravesar una pequeña pasarela que permitía evitar el riachuelo de la Merlasse y un antiguo canal. Esas aguas eran las que movían el Moulin Saby, situado más o menos donde hoy está la Librería del Santuario. A partir de allí se extendía una pradera poblada de viejos álamos, llamada “Île de Savy” -donde hoy está la imagen de la Virgen Coronada y la esplanada-. En algún sitio volvieron a atravesar el canal y continuaron su marcha evitando, a su izquierda, el montículo del “Chioulet” que cubre Massabielle. Es donde empezaron a buscar la zona donde el canal se une al río Gave. Eso es, una zona de arenas y piedras, justo delante de la Gruta de Massabielle.

Si me he detenido a explicar meticulosamente el recorrido es por dos razones. La primera, para complacer a los que quieren seguir los pasos de Bernadette. La segunda, porque, en lo sucesivo, Bernadette no recorrerá el mismo camino para ir a la Gruta.

Esta fue la primera y única vez que pasó por allí. De este día en adelante, la niña irá a la Gruta acompañada de personas que conocían mejor el lugar y, a partir del puente Viejo, la harán pasar por un camino más fácil que evita canales, riachuelos y demás. Se trataba de pasar por un camino que, hoy en día, deja la montaña de las “Espélugues” (en la que está el Viacrucis que los que han estado en Lourdes seguro conocen) a la izquierda y el Santuario a la derecha. A la altura de Massabielle, baja, en medio de los árboles, hasta la Gruta. Ambas rutas se pueden hacer hoy,

Volvamos al 11 de febrero. Las niñas llegaron a la altura de la Gruta y vieron que, efectivamente, las crecidas del Gave habían dejado en este lugar bastantes ramas de árboles mezcladas junto a la última capa de sedimentos de arena y piedras.

Toinette y Baloume se desplazaban fácilmente entre el canal, el río y la roca. Pero Bernadette recordaba las severas advertencias de su madre respecto a no coger frío. Así que sus movimientos no eran tan ágiles puesto que evitaba mojarse los pies. Las dos primeras alardeaban, jubilosas, de la cantidad de ramas que estaban recogiendo en la Gruta así que Bernadette, con dudas, se dispuso a descalzarse sus zuecos y quitarse las medias para evitar que se mojaran cuando atravesara algún curso de agua.

En esas estaba cuando notó una ráfaga de viento. Alzó la vista y no vio que las ramas de los árboles se movieran. A lo lejos sonaron las campanas que llamaban al Ángelus en la iglesia parroquial de Lourdes.

Siguió descalzándose y de nuevo el viento. Bernadette se levantó, más intrigada aún, y esta vez su mirada se dirigió hacia la Gruta. Sobre la hendidura que había a ras de suelo había otra más pequeña -a unos tres metros de altura-, situada a su derecha, circundada por las ramas de un rosal silvestre. Vio una luz blanquísima que envolvía a una señorita (señorita es la palabra que mejor traduce a la expresión que utilizó los primeros días Bernadette), vestida de blanco, con una faja azul enlazada en la cintura y cayendo sobre la túnica. En los pies, unas rosas amarillas. Llevaba un rosario, de cuentas blancas y cadena dorada, en la mano.

Era muy bella. Se frotó los ojos para asegurarse de no estar equivocada.

Súbitamente, sintió miedo, pero la “petito damisello” -al principio la llamaba así- sonrió, le hizo un suave ademán para que se acercara, inclinó la cabeza y el temor de Bernadette se desvaneció. Era tan bella y desprendía tanta bondad que no podía provenir de nada malo. La misteriosa señorita tenía el frescor de la juventud, pero sus gestos y su expresión revelaban una madurez majestuosa. Frente a su indescriptible sonrisa, Bernadette se sintió invadida de amor. Instintivamente buscó el Rosario en su bolsillo y se arrodilló. La “señorita” hizo un signo de aprobación.

En ese momento Bernadette intentó hacer la Señal de la Cruz, pero no pudo. Sus manos cayeron lánguidas, sin que ella tuviera ninguna capacidad física de guiarlas. La linda señorita cogió su Rosario e hizo lentamente una amplia Señal de la Cruz.

Fue entonces cuando Bernadette recuperó la movilidad e imitó este gesto. La niña empezó a rezar el Rosario y la aparición la dejó rezar sola, salvo en el momento de finalizar cada misterio. Entonces movía sus labios -sin que la niña oyera su voz- para rezar el “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”. Acabó el Rosario y la señorita le pidió que se acercara más, pero Bernadette no osaba moverse. Entonces desapareció la luz y, con ella, la señorita.

La niña se quedó inmóvil, abstraída y conturbada. No sabemos el rato que llevaba así cuando, de pronto, llegaron Toinette y Baloume.

Habían estado recorriendo las orillas del Gave y llevaban bastante leña. La encontraron pálida y de rodillas, aún. Le reprocharon que estuviera rezando mientras ellas “trabajaban”. Bernadette se levantó y atravesó el canal, hacia la Gruta. No le parecía fría el agua y empezó a recoger ramas para llenar su cesto. Era una actividad automática, realizada con energía renovada. Sin embargo, su pensamiento estaba en la bella señorita y en lo que acababa de ocurrir.

Una vez recogida toda la leña que podían acarrear empezaron el camino de vuelta a casa. Toinette y Baloume hablaban y reían de cualquier cosa. Bernadette callaba, absorta, y no podía dejar de pensar en lo ocurrido.

A mitad de camino les preguntó a sus acompañantes “¿No habéis visto nada?” Ellas, extrañadas, contestaron que no, pero desde ese momento no dejaron de inquirirla “Y tú, ¿qué has visto?”. Bernadette decía que nada.

No obstante, la curiosidad de las dos niñas estaba en marcha y siguieron presionándola: “¿Has visto algo? ¡Estabas pálida!”. Antes de llegar a casa, Bernadette les hizo prometer que no lo explicarían a nadie a lo que las dos asintieron rápidamente. Y Bernadette explicó… “Todo eso son tonterías” dijo su hermana. Llegaron al Cachot.

Louise encendió el fuego e hizo la comida. Por la tarde, las tres niñas se volvieron a reunir para ir a vender parte de la leña que habían recogido. Consiguieron unos veinte céntimos, lo suficiente para comprar pan blanco para la cena de ese día.

Durante todo el rato, Toinette y Baloume no cesaban de reclamar que Bernadette volviera a explicar lo que había visto. Era demasiado para que Baloume se quedara callada. Después de la compra, volvieron a sus casas. Baloume empezó a contar a todo el que encontraba lo que le había pasado a Bernadette. Esa tarde, la mitad de las niñas de Lourdes sabían ya lo que había pasado.

En el Cachot, de momento, todo discurría igual que cada día.

Sobre las cinco, Louise se dispuso a pasar un peine para sacar los piojos de los cabellos de las niñas. Toinette ya no pudo aguantar más y empezó a moverse inquieta. Su madre la reprendió y la niña dijo “Es que yo pienso en lo que ha visto Bernadette y tengo miedo”. Y empezó a contar. Louise se asustó porque ya era grande su desgracia y no quería dar que hablar en Lourdes. Pegó a las dos hermanas. Toinette protestó, pero Bernadette aguantó con calma. Su madre le repetía “Te has equivocado. No has visto nada”. François, desde la cama, musitó “Sólo nos faltaba esto. Vas a hacer que hablen de nosotros. Para de decir estas cosas”. Louise siguió insistiendo en que era una imaginación suya y le prohibió ir a la Gruta.

La sentencia era irrevocable y Bernadette prometió no volver.

El Cachot recuperó el silencio. Cenaron. Bernadette callaba, pero en su recuerdo estaba la sonrisa esplendorosa de la señorita vestida de blanco. No podía pensar en nada más. Llegó la noche y, después de cenar, llegó el momento de rezar el Rosario. Al empezar la plegaria, la niña palideció, su voz se volvió temblorosa y unas gruesas lágrimas resbalaban por su rostro. Sus padres la miraban y preguntaron qué le pasaba. “No es nada, necesito llorar. Empecemos de nuevo”.

Ya en la cama, Bernadette sintió una infinita tristeza por haber prometido no volver a la Gruta. Rememoraba los trazos de su cara, sus gestos… “Aqueró” le había hecho vivir un éxtasis de inmensa felicidad que seguía inundando su alma. ¿Habría soñado? No, estaba segura de que no.

De esta primera Aparición hay algunas cosas que me gustaría destacar. La primera es la edad de la “petito damisello blanque”. Bernadette la describió así porque la vio muy joven. La imagen que vemos en la Gruta es la de una mujer joven adulta, pero eso no es lo que vio Berdadette. Ella siempre la describió jovencísima, casi una niña. El cómo se refería a Ella fue cambiando, desde “petito damisello”, “Aqueró” – traducido es como una mezcla entre ella y aquella que no implica desprecio alguno como la expresión pudiera dar a entender-, a la “dame” y, posteriormente “la Sainte Vierge”.

La magnitud del fenómeno parece que llevó a Bernadette a cambiar la forma de referirse a la visión, pasando de una mayor familiaridad a una mayor respetuosidad. Sin duda fue por la progresiva toma de conciencia de estar ante algo sobrenatural y celeste, hasta llegar a su identificación plena. En efecto, Bernadette no dijo nunca, hasta las últimas apariciones, cuando ya se conocía el nombre y las reacciones de su alrededor lo confirmaron, que estuviera viendo a la Santísima Virgen.

La segunda cosa que quiero destacar es que ese 11 de febrero fue para Bernadette una verdadera catequesis de la mano de la mismísima María de Nazaret, Madre de Nuestro Señor.

He dicho, y no sé si he insistido lo suficiente en ello, que la niña tenía un vivísimo deseo de hacer la Primera Comunión. Este hecho es determinante a mi juicio para entenderlo todo.

El ansia de recibir a Jesús Sacramentado era tan grande que todos los que conocieron a Bernadette lo remarcan con singular fuerza. ¿La única dificultad? Su ignorancia, su analfabetismo y su desconocimiento del catecismo. Y se puede muy bien decir, como se lee en el mosaico de la cúpula da la Basílica del Rosario del Santuario de Lourdes, que Bernadette fue “A Jesús, por María”. Y en esta primera Aparición hay un detalle de grandísima significación a este respecto y que deseo remarcar por si a alguien le ha pasado desapercibido.

En los primero momentos Bernadette cae de rodillas al suelo, coge su Rosario e intenta hacer la Señal de la Cruz, a su manera, se supone. Y no puede.

Su mano cae lánguida y deja de poder regirla. “Aqueró” coge la Cruz del Rosario con su mano derecha y “dibuja” lentamente, sobre sí, un amplio Signo de la Cruz. Es entonces cuando Bernadette recupera el movimiento y la imita. Lentamente para poder meditar a cada una de las Personas de la Santísima Trinidad y ampliamente desde la cabeza hasta la mitad del tronco y desde los extremos de cada hombro. En adelante, Bernadette lo hará siempre así y cuentan los que la vieron que impresionaba su devoción en ese Signo.

Para que vayamos tomándolo como una rutina apresurada, los que sí hemos hecho la Primera Comunión y conocemos (¡o no!) el catecismo. Así, pues, la Santísima Trinidad en el inicio de todo.

Rosa Jordana

¿Quieren conocer la página oficial del Santuario de Lourdes? Visiten la página del Santuario de Lourdes

No se pierda ninguno de los artículos de Rosa, aquí tienen el índice para que puedan leer la historia de Lourdes desde el principio

  1. ¿Por qué Lourdes? 
  2. El siglo de María
  3. Bernadette Soubirous, ¿quién es? 
  4. ¿Cómo era Bernadette?

Si les ha gustado este artículo de Rosa Jordana les invitamos a quedarse en nuestra página y a recorrer nuestras distintas secciones: Misa Tradicional, Arte, Historia de la Iglesia, Nuestras firmas…

👉 NO SE MARCHE SIN RECORRER NUESTRA WEB

Rosa Jordana

Rosa Jordana

Rosa Jordana: Licenciada en Ciencias de la Educación. He trabajado con niños y para niños. Mi pasión es Lourdes, donde peregriné por primera vez con diez años y no he dejado de hacerlo. Mi ilusión es que peregrinemos allí, Vds. y yo juntos cuando nos encontremos en estas líneas. Nos espera la Santísima Virgen