Newman y la visión sacramental de la realidad

“Newman y la visión sacramental de la realidad”, un artículo de Gilmar Siqueira

(…) Porque nuestra fortaleza en este mundo es estar sometidos a la razón, y nuestra libertad es ser cautivos de la verdad.”

John Henry Newman. Loss and Gain.

¿Qué es la vida? Una ficción,

una sombra, una ilusión,

y el mayor bien es pequeño;

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son”.

Pedro Calderón de la Barca. La Vida es Sueño.

Newman y la visión sacramental de la realidad-Marchando Religión

Mucho se ha escrito – de bueno y de malo – sobre el Beato John Henry Newman. Y esto no es sorprendente, si consideramos la magnitud de las obras que nos ha dejado y el impacto que tuvo en Inglaterra su conversión; yo añadiría aún que su personalidad fascinante es otro elemento muy importante que atrae a los lectores, sean católicos o no. Por su inmensa erudición, uno de sus críticos anglicanos – cuyo nombre se me escapa – dijo que la lectura de sus obras era toda una educación liberal.

Por lo tanto, estoy seguro de que lo que aportaré será muy poco (o más bien nada); sin embargo, si me he atrevido a escribir este artículo es para tratar de un tema que me impresiona en Newman: su visión sacramental de la realidad.

Puede que lo que llamo visión sacramental de la realidad no sea una expresión exacta, lo concedo; sin embargo, insisto en ella porque me parece como mínimo adecuada para tratar de la manera como Newman veía la realidad circundante: algo con existencia propia, desde luego, pero que a la vez es una manifestación de realidades superiores que la sostienen y la dan sentido. Veamos lo que comenta él mismo, en la Apología pro Vita Sua, acerca de su encuentro con los Santos Padres:

De ellos yo comprendí [de los Padres de la Iglesia] que el mundo exterior, físico e histórico, no es más que la manifestación externa de realidades más grandes que ellas mismas.

La naturaleza era una parábola; Las Sagradas Escrituras eran una alegoría. La literatura pagana, la filosofía, la mitología, propiamente entendidas, no eran sino una preparación para el Evangelio. Los poetas y sabios griegos eran, en cierto sentido, profetas, porque “pensamientos más allá de su pensamiento les fueron dados a aquellos altos bardos.”

Y en efecto el acercamiento de Newman a los Santos Padres fue un encuentro: llevaba desde la niñez la fuerte impresión de que en el mundo visible no está toda la realidad, de que había algo más allá; algo que era simbolizado por el mundo visible.

Y cuando ocurrió su primera conversión, en la adolescencia, ocasión en que tomó conciencia no sólo de la existencia sino de la presencia incesante de un Dios personal, un Dios Padre, tal impresión no se desvaneció; antes se hizo más fuerte: porque sólo Dios podía ser el Autor de la parábola.

Veamos lo que él mismo dice sobre sus impresiones todavía infantiles:

Solía desear que los Cuentos Árabes fueran verdad. MI imaginación corría hacia influencias desconocidas, hacia poderes mágicos, y talismanes…Pensaba que la vida podía ser un sueño, o que yo era un Ángel, y que todo este mundo era un desengaño, que mis compañeros ángeles con un ingenio lúdico se ocultaban de mí, engañándome con la apariencia de un mundo material.

Oí una vez de un profesor una frase que me caló hondamente: la realidad es el discurso divino.

Si no me falla la memoria, en la creación de Narnia, Aslan canta para que las que cosas sean creadas: en su canto estaba el principio de todo orden, el concierto de todas las cosas y al mismo tiempo el espíritu que les infundía vida. Todo lo que existe, existe por Dios y nada se le escapa: así que podemos ver en todo lo creado algo como versos de una poesía divina infinita.

Un símbolo, dijo Gustavo Corção, es algo que tiene un sentido propio y que a la vez nos lleva para algo que está más allá de él. Newman percibía en la poesía de la realidad las huellas de su divino Autor.

Mejor que yo lo ha dicho mi compatriota, el Padre Maurílio Teixeira Leite Penido, en su libro Cardeal Newman:

Señal visible de la invisible realidad, tal es el Sacramento de la Iglesia. Alargando el sentido, Newman veía en todo el universo material una manifestación visible de lo invisible. Físico o histórico, el mundo exterior revela realidades más altas y cercanas. La naturaleza se transforma en una gran parábola; las cosas materiales de opacas pasan a ser translúcidas; como si desprendiesen la realidad propia para transformarse en reflejos de divinidad, señales, símbolos de seres espirituales; disfraces sobre los que se esconden para estimular mejor nuestra amorosa búsqueda

Puede imaginarse el lector que ando demasiado sensiblero en este artículo o, lo que es peor, rayando al panteísmo (algo que, como dijo Donoso Cortés, es una de las formas del ateísmo). Sin embargo, esto no es así: aunque el poético concierto de todo lo creado pueda encandilarnos, no sería aún la virtud de la fe, que nos viene de Dios. Y Newman, mucho mejor que yo, lo sabía. Además, por vía de encantamiento – o de imaginación – Newman se fue poco a poco acercando a la Iglesia Católica: pero no quería pasarse a la comunión de la Iglesia Romana hasta que estuviese completamente seguro de que ella era realmente la única Iglesia de Nuestro Señor; y tenía que estar racionalmente seguro de ello.

Newman nunca cayó en la trampa de confundir la religión con el sentimiento: su seguridad de la existencia de Dios no tenía nada que ver con lo que sentía o con lo que imaginaba: como gran imaginativo que era, sabía que la senda descubierta por su imaginación debía de ser sujetada por su razón antes de que diese el paso definitivo.

Determiné ser guiado no por mi imaginación, sino por mi razón. Y lo dije una y otra vez en durante los años que siguieron, tanto en la conversación como en cartas privadas. De no haber sido por esta severa resolución, me hubiera hecho católico más temprano de lo que lo hice.

Pero la razón humana es de por sí también limitada y necesita un complemento o, si se quiere, una luz. Y, como dijo el sacerdote que el personaje Charles Reding encontró en un tren, en la novela Loss and Gain:

Tú debes tomar un riesgo; antes de ser católico la fe es un riesgo para un hombre, después es un don. Tú te aproximas a la Iglesia por la vía de la razón, tú entras en ella por la luz del Espíritu.

Hablamos, en el principio de este artículo, de la visión sacramental de la realidad; pero esta visión supone – así lo creemos – precisamente la existencia de los sacramentos y la encarnación del Verbo. Si todo lo que se tiene es un encantamiento imaginativo con lo creado, tarde o temprano se viene a parar en el problema del mal y del sufrimiento. Entonces, aquel Dios poeta puede convertirse en un “gran arquitecto” aislado e impasible o incluso en un mal demonio responsable por la “trampa” de la existencia.

Como dijo Peter Kreeft en Three Philosophies, el hombre puede saber que hay un Dios y seguir siendo un desesperado.

Antes de dar su definitivo paso, y viendo ya que la iglesia de Inglaterra no era la Iglesia Católica como había creído antes, Newman dijo que sólo tenía dos alternativas: el camino de Roma o el camino del ateísmo.

Solo estoy hablando por mí mismo, y estoy lejos de negar la real fuerza de los argumentos que prueban un Bien Superior, a partir de los hechos generales de la sociedad humana, pero estos no me entibiaban o no me iluminaban. Ellos no disipaban el invierno de mi desolación, o hacían desplegar los brotes, o que las hojas crecieran conmigo y regocijar mi moral.

El signo del mundo no es nada más que el pergamino del profeta, lleno de “lamentaciones, luto y aflicción”

Porque la idea de que exista un Dios impasible y alejado, una vez que se tiene el contacto con el sufrimiento, puede hacer con que la realidad nos parezca peor que casual: que nos parezca una broma negra. Y esta visión es precisamente la más opuesta a la visión sacramental de la realidad.

La imaginación como la razón pueden despertarnos y conducirnos hasta cierto punto. Pero sólo con la ayuda de la gracia podremos ser verdaderamente capaces de sostener una visión sacramental de la realidad, o lo que es lo mismo, contemplar el misterio de las cosas.

Gilmar Siqueira

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Gilmar Siqueira

Gilmar Siqueira

Feo, católico y sentimental