llena eres de gracia un articulo de pedro luis Llera

La Virgen María es la llena de gracia. El Espíritu Santo la cubrió con su sombra y concibió al Hijo de Dios. Ella fue elegida por Dios para ser nada menos que su Madre, la madre del Hijo único de Dios: Nuestro Señor Jesucristo. Por eso, Dios la preparó y por ello fue concebida sin pecado original. Quien iba a acoger en su seno al Creador no podía estar manchada por el pecado de nuestros Primeros Padres. Ella nació limpia de pecado. Y cuando llegó el momento, el Señor la pudo llenar de su gracia para que fuera siempre santa e irreprochable.

Pero ¿qué significa eso de estar “llena de gracia”? ¿Qué es la gracia? Como ya casi nadie predica sobre la gracia, este concepto católico parece que ya no está nada claro para muchos. Mi amigo y hermano Alonso Gracián sabe de esto muchísimo más que yo, pero me arriesgaré a meterme en el tema por amor a la Santísima Virgen María.

Dice el Catecismo:

2003 La gracia es, ante todo y principalmente, el don del Espíritu que nos justifica y nos santifica. Pero la gracia comprende también los dones que el Espíritu Santo nos concede para asociarnos a su obrapara hacernos capaces de colaborar en la salvación de los otros y en el crecimiento del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Estas son las gracias sacramentales, dones propios de los distintos sacramentos. Son además las gracias especiales, llamadas también carismas, según el término griego empleado por san Pablo, y que significa favor, don gratuito, beneficio (cf LG 12). Cualquiera que sea su carácter, a veces extraordinario, como el don de milagros o de lenguas, los carismas están ordenados a la gracia santificante y tienen por fin el bien común de la Iglesia. Están al servicio de la caridad, que edifica la Iglesia (cf 1 Co 12).

¡Cómo no va a estar llena de gracia la Madre de nuestro Dios, la Madre de Cristo, la Madre de la Iglesia! ¡María fue el primer Sagrario! ¡Llevó en su vientre al Hijo de Dios hecho hombre!

¡Bendita sea por los siglos de los siglos!

¡Arca de la Alianza, Casa de Oro, Madre Admirable, Madre Amable!

2002 La libre iniciativa de Dios exige la respuesta libre del hombre, porque Dios creó al hombre a su imagen concediéndole, con la libertad, el poder de conocerle y amarle. El alma sólo libremente entra en la comunión del amor. Dios toca inmediatamente y mueve directamente el corazón del hombre.

María da un sí a Dios: “Hágase en mí según tu palabra”. Porque Dios la había creado para Él y la llenó de gracia para que pudiera conocerlo y amarlo. Y con su libertad, le dijo que sí. “Yo soy la esclava del Señor” y solo siendo esclavo del Señor es el hombre verdaderamente libre para entregarse plenamente a Dios: ¡Bendita esclavitud la que te hace libre y te llena de Dios! ¡Bendita esclavitud la que te hace feliz y te llena la vida! ¡María es la Madre de la Divina Gracia, porque la Divina Gracia es Cristo!

1810 Las virtudes humanas adquiridas mediante la educación, mediante actos deliberados, y una perseverancia, mantenida siempre en el esfuerzo, son purificadas y elevadas por la gracia divina. Con la ayuda de Dios forjan el carácter y dan soltura en la práctica del bien. El hombre virtuoso es feliz al practicarlas.

María es espejo de todas la virtudes: las cardinales y las teologales.

¿Cuáles son las virtudes cardinales?

La prudencia: “es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo” (Catecismo, 1806). María sabía callar: “guardaba todas esas cosas en su corazón”. Sin aspavientos, sin quejas. Sabe cuándo hay que huir a Egipto. Y sabe cuándo volver a su tierra.

El hombre prudente decide y ordena su conducta según este juicio. “Gracias a esta virtud aplicamos sin error los principios morales a los casos particulares y superamos las dudas sobre el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar” (Catecismo, 1806) . María sabe cuándo pedirle a su Hijo que intervenga para que los novios tengan vino en las bodas de Caná. Sabe cuándo permanecer en segundo plano, cuándo callar y cuándo hablar.

¡Madre Admirable! ¡Madre del Buen Consejo! ¡Madre Prudentísima!

La Justicia: “es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido” (Catecismo, 1807). María sabe que su prima Isabel la necesita y no duda en ir a ayudarla. Era lo justo.

¡María, Espejo de Justicia!

La fortaleza“es la virtud moral que asegura en las dificultades la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien. Reafirma la resolución de resistir a las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida moral. La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, incluso a la muerte, y de hacer frente a las pruebas y a las persecuciones” (Catecismo, 1808).

¡Qué mayor ejemplo de fortaleza que el de María al pie de la Cruz! María espera contra toda esperanza. Se mantiene junto a su Hijo crucificado. Y lo acoge en sus brazos cuando lo desprenden del madero ya muerto.

¡María, Consoladora de los afligidos! ¡Consoladora de los afligidos! ¡Madre digna de veneración! ¡Madre de misericordia!

La templanza“es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad” (Catecismo, 1809).

¿Hay mayor honestidad que la de María? María es ejemplo de castidad y de pureza.

¡María, Santa Virgen de las Vírgenes! ¡Madre purísima! ¡Madre castísima! ¡Madre siempre virgen! ¡Reina de las Vírgenes!

¿Y cuáles son las virtudes teologales?

La fe

1814 La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es la verdad misma. Por la fe “el hombre se entrega entera y libremente a Dios” (DV 5). Por eso el creyente se esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios.

¿Quién como María se ha entregado entera y libremente a Dios? ¿Quién como ella ha cumplido la voluntad de Dios?

¡María, Madre del Creador! ¡Madre del Salvador! ¡Reina de todos los santos! ¡Madre admirable!

La esperanza

1817. La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo.

¡María es la causa de nuestra alegría! ¡La Reina del Cielo! ¿Quién como ella confió en la gracia de Dios el día de la Anunciación? ¿Quién mantuvo la esperanza tras la muerte del Señor como ella? María nos protege del desaliento, nos sostiene en los malos momentos: Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte”. Ampáranos y defiéndenos de nuestros enemigos, Santa Madre de Dios.

¡María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia!

La caridad

1822 La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios.

1824 Fruto del Espíritu y plenitud de la ley, la caridad guarda los mandamientos de Dios y de Cristo: “Permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor”.

María es maestra de caridad, guarda los mandamientos, permanece en el amor de Dios. ¿Quién como María?

¡Madre Amable! ¡Madre admirable!

¿Quién supo amar como tú amaste al Amor de los Amores?

Los dones y los frutos del Espíritu Santo

1830 La vida moral de los cristianos está sostenida por los dones del Espíritu Santo. Estos son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu Santo.

1831 Los siete dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pertenecen en plenitud a Cristo, Hijo de David (cf Is 11, 1-2). Completan y llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas.

«Tu espíritu bueno me guíe por una tierra llana» (Sal 143,10).

«Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios […] Y, si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo» (Rm 8, 14.17)

1832 Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: “caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad” (Ga 5,22-23, vulg.).

¿Quién como María estuvo sostenida por los dones del Espíritu Santo? ¡Es la Llena de Gracia! María fue dócil para obedecer al Espíritu Santo. El Señor hizo en ella maravillas. Por eso la felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en ella. María recibió del Espíritu Santo sus siete dones: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. ¿Quién como María dio frutos agradables a Dios? ¿Quién dio más frutos de bondad, de fidelidad, de modestia, de generosidad, de catidad, de mansedumbre?

¡Madre del buen consejo! ¡Trono de la Sabiduría!

Buena, mansa, fiel, modesta, generosa, casta… María es dechado de todos los dones y de todos los frutos del Espíritu Santo. La Virgen no puede ser objeto de culto de adoración o latría (la adoración sólo corresponde a Dios). Pero sí se honra a la Virgen de una manera especial, a la que la Iglesia llama “hiperdulía” que es una veneración mayor a la que se da a los santos del cielo, que son objeto de culto de “dulía” o veneración.

Dios escogió a María, la eligió por pura iniciativa suya. Acoger la gracia de Dios es ya una gracia. Y María acogió la gracia, que se encarnó en ella en la persona de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. La gracia de Dios capacitó a María para asociarla a su obra de redención, haciendo crecer en ella a Cristo. La gracia es de orden sobrenatural, es un don gratuito de Dios. Y por ella, María es la Madre de la Iglesia y nuestra Madre: la Madre de todos los cristianos.

María es mi Madre. Aprendí a quererla desde pequeño: mi abuela me enseño a amar a la Santina de Covadonga. En el Colegio, aprendí a amar a la Virgen Inmaculada. Ahora estoy consagrado a su Inmaculado Corazón.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Dios te salve, María, llena eres de Gracia. El Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre: Jesús.

María, mediadora de todas las gracias: intercede por nosotros ante tu Hijo para que seamos siempre dignos hijos tuyos, que nunca nos apartemos de ti y de nuestro Salvador y que sepamos mantenernos fieles hasta el final.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Ave, María Purísima. Sin pecado concebida.

 


Letanías del Santo Rosario

Santa María, 
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo, 
Madre de la Iglesia, 
Madre de la divina gracia, 
Madre purísima, 
Madre castísima, 
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada, 
Madre amable, 
Madre admirable, 
Madre del buen consejo, 
Madre del Creador, 
Madre del Salvador, 
Madre de misericordia, 
Virgen prudentísima, 
Virgen digna de veneración, 
Virgen digna de alabanza, 
Virgen poderosa, 
Virgen clemente, 
Virgen fiel, 
Espejo de justicia, 
Trono de la sabiduría, 
Causa de nuestra alegría, 
Vaso espiritual, 
Vaso digno de honor, 
Vaso de insigne devoción, 
Rosa mística, 
Torre de David, 
Torre de marfil, 
Casa de oro, 
Arca de la Alianza, 
Puerta del cielo, 
Estrella de la mañana, 
Salud de los enfermos, 
Refugio de los pecadores, 
Consoladora de los afligidos, 
Auxilio de los cristianos, 
Reina de los Ángeles, 
Reina de los Patriarcas, 
Reina de los Profetas, 
Reina de los Apóstoles, 
Reina de los Mártires, 
Reina de los Confesores, 
Reina de las Vírgenes, 
Reina de todos los Santos, 
Reina concebida sin pecado original, 
Reina asunta a los Cielos, 
Reina del Santísimo Rosario, 
Reina de la familia, 
Reina de la paz. 


DOGMAS MARIANOS

LA MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA, proclamado por el Concilio de Éfeso, en el año 431 d.C.: la “Theotokos”, la Madre de Dios.

LA PERPERTUA VIRGINIDAD DE MARÍA, proclamado por el Papa Martín I, en el año 649 d.C.: la “Aeiparthenos”, La Semper Virgo.

LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA, proclamado por el Papa Pío IX, el día 8 de diciembre de 1854, en la Bula “ Ineffabilis Deus”.

LA ASUNCIÓN A LOS CIELOS DE MARÍA, proclamado por el Papa Pío XII, el día 1 de noviembre de 1950, en la bula “Munificentissimus Deus”.

Dogma de la maternidad divina de María

El Concilio de Éfeso, del año 431, siendo Papa San Clementino I (422-432) definió:

“Si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios, y que por tanto, la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema.”

Dogma de la virginidad perpetua de María

Dogma de la Virginidad Perpetua de María, proclamado por el Papa Martín I, en el año 649 d. c.: la “Aeiparthenos”, La Semper Virgo.

María fue virgen antes, durante y después del parto y no tuvo otros hijos. Eset dogma afirma la “real y perpetua virginidad incluso en el acto de dar a luz al Hijo de Dios hecho hombre”. El en concilio de Constantinopla (año 553) le otorgó a María el título de “Virgen Perpetua” (Aeiparthenos).

Santo Tomás de Aquino también enseñó esta doctrina (Summa theologiae III.28.2), que ya era un dogma desde el cristianismo primitivo, habiendo sido declarada por notables escritores como San Justino Mártir y Orígenes. El Papa Pablo IV lo reconfirmó en el Cum Quorundam el 7 de agosto de 1555, en el Concilio de Trento.

“La escritura menciona a unos hermanos y hermanas de Jesús. La Iglesia siempre ha entendido estos pasajes como no referidos a hijos de la virgen María, en efecto, Santiago y José, “hermanos de Jesús” (Mt 13, 55) son los hijos de una María discípula de Jesús que se designa de manera significativa como “La otra María” (MT 28, 1). Se trata de parientes próximos a Jesús según una expresión conocida del Antiguo testamento” (Catecismo de la Iglesia Católica 500).

Dogma de la Inmaculada Concepción de María

“Declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles…”

(Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)

Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen María:

Este Dogma fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, en la Constitución Munificentisimus Deus:

“Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo”.

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