Domingo XX de Pentecostés

Domingo XX de Pentecostés: Meditación del Evangelio

“Fue, pues, otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había un cortesano cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. Cuando él oyó que Jesús había vuelto de Judea a Galilea, se fue a encontrarlo, y le rogó que bajase para sanar a su hijo, porque estaba para morir. Jesús le dijo: “¡Si no veis signos y prodigios, no creeréis!”. Respondióle el cortesano: “Señor, baja antes que muera mi hijo”. Jesús le dijo: “Ve, tu hijo vive”. Creyó este hombre a la palabra que le dijo Jesús y se puso en marcha. Ya bajaba, cuando encontró a algunos de sus criados que le dijeron que su hijo vivía. Preguntóles, entonces, la hora en que se había puesto mejor. Y le respondieron: “Ayer, a la hora séptima, le dejó la fiebre”

(San Juan, IV, 46)

Evangelio de San Juan, IV, 46

“Un centurión cuyo hijo está moribundo, le pide a Jesucristo que venga a su casa para curarlo.”

Nos sorprende que Jesucristo reprenda a este hombre que le pide confiado y con fe que le cure a su hijo moribundo. Pero no le reprocha su petición con fe, sino más bien su fe imperfecta y su falta de confianza: en efecto pide, pero cree que el poder de Dios está limitado por la distancia y el espacio, por eso le insiste “Ven a mi casa a curarlo.”

Ntro. Señor Jesucristo le reprocha: “Si no veis señales y prodigios no creéis!” ¿Por qué esta gran debilidad en confiar en Él totalmente?

La confianza depende directamente de la virtud de la Esperanza, Spes. Es una de las tres virtudes teologales, junto con la Caridad y la Fe, que son imprescindibles para salvarse.

Se puede tener alguna imperfección, no tener la virtud de la paciencia o de la templanza; pero de las tres virtudes teologales ninguna puede faltar.

A pesar de ser algo tan simple, la Confianza en Dios, ¿por qué es tan difícil practicarla a la perfección? Sencillamente porque es la más humillante. En general, no tenemos inconveniente en aceptar la necesidad de la caridad y la importancia de la fe.

Pero, confiar en todo, en todo momento en Dios, totalmente, sin reservas y en ocasiones sin comprender nada… es muy humillante para una inteligencia orgullosa que quiere explicaciones de todo y comprenderlo todo.

Si no fuese tan importante la Confianza total, Jesucristo no se lo hubiese reprochado al centurión; de hecho, cuando finalmente aquel hace ese acto de confianza sin límites, Él le responde: “Márchate que tu hijo ya está curado”.

A muchos santos fundadores y a otros, les sucedió en varias ocasiones en que necesitaban una gran cantidad de dinero o medios para calmar el hambre de sus pobres, que de una manera súbita e inesperada aparecía cubierta la necesidad o la cantidad necesitada.

San Pío X tuvo que hacer un gran acto de confianza en la Providencia y pidió hacerlo a todo el pueblo galo, cuando el gobierno francés francmasón le robó todas las propiedades, iglesias, monasterios y seminarios a la Iglesia Católica. Y, sin embargo, la Iglesia siguió siempre adelante sin faltarle nada.

La Confianza total y ciega en Dios humilla mucho nuestra inteligencia y duele mucho a nuestra soberbia, pero perfecciona la Caridad y la Fe.

Debido a una mala formación se nos ha dicho a menudo que la obediencia “es lo más importante,” eso contradice nuestra fe, porque la teología siempre nos ha enseñado que la obediencia debe estar sujeta a las tres virtudes teologales Caridad, Fe y Esperanza. Nadie en nombre de la obediencia nos puede obligar a ir en contra de ellas, porque entonces sería una falsa obediencia.

El golpe maestro de satanás en la actualidad, es que mucha gente ha dejado de obedecer a Dios por “obediencia” a los hombres!

“Es necesario obedecer antes a Dios que a los hombres.” San Pedro.

Y en las pruebas que Dios nos pone y pondrá en el futuro para probar nuestra confianza en Él:

“Hay que saber esperar contra toda esperanza!” San Pablo.

Ave Maria.

P. Ricardo Ruiz+

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Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruíz: 1980 Filosofía y latín en el Seminario Ntra. Señora Corredentora de Buenos Aires; 1986 Teología, Francés en Suiza; 1988 Ordenación sacerdotal, Seminario San Pío X, Suiza; 1988 Primer apostolado de parroquia en San Nicolás du Chardonnet, París, Francia; 1988-1990 Misión Parroquial en Mexico; 1991 - 2000 Madrid. España; 1996-2000 Exorcista "Ad Actum" en Valencia; 2000 - 2001 Parroquia en Wausau, Wisconsin, EEUU; 2000-2001 Capellán Hermanas del Corazón Real de Jesús. María Alm, Austria; 2002 - 2006 Capellán de convento Hermanas De La Presentación, Iowa, EEUU; 2006 - 2018 Casa De Retiros San José. Madrid, España.