¿Cómo era Bernadette?

Cómo la vida Bernadette. Un artículo de Rosa Jordana.

Cómo era Bernadette Soubirous

Bernardita SoubirousResponder a esta pregunta es más difícil que responder a la del anterior artículo. Hay datos históricos irrefutables para ilustrar quién fue. En este caso, sin embargo, sólo los que la conocieron de cerca podrían responder fidedignamente. Así pues, hay que recurrir a ellos, a su testimonio.

Bernadette vivió treinta y cinco años. Más adelante hablaremos de la adulta Sor Marie Bernard, pero lo que ahora interesa es conocer a la niña que vio a la Santísima Virgen.

Ya sabemos que nació el 7 de enero de 1844. En su acta de bautismo figura el nombre de Bernarde, así, en francés. Su diminutivo en francés sería Bernardette, pero en Lourdes se hablaba un dialecto occitano, el “bigourdan” -de la región de Bigorre- y fue conocida por todos con su diminutivo de ese dialecto, Bernadette.

Fue bautizada dos días más tarde en la vieja iglesia parroquial de San Pedro de Lourdes. El llanto de Bernadette no dejó de sonar durante toda la ceremonia. Ello hizo exclamar a su padrino, Jean: “No deja de gruñir. ¡Será mala!”. Su orgulloso padre sonrió y recordaba a menudo estas palabras.

No parece que empecemos bien…

Dije ya, en el artículo anterior, que nació en el seno de una gran familia formada por sus padres, su abuela y sus tres tías -Bernarde, Basile y la pequeña Lucile, hermanas de su madre-. Sus progenitores se profesaban un profundo amor y respeto. Aunque su abuela y tías se marcharían del Molino de Boly, siempre se guardaron una gran estima.

Se puede decir que Bernadette creció rodeada de amor, en un ambiente sereno y tranquilo, con las condiciones propicias para forjar una personalidad equilibrada. Había sido una niña feliz en sus primeros diez años.

Se refería a su vida en el Molino de Boly como “el tiempo de la felicidad”. No obstante, la familia Soubirous también fue probada por grandes desgracias. De los nueve hijos que tuvieron François y Louise, cinco murieron siendo bebés o niños de corta edad. Naturalmente, estás pérdidas tuvieron un impacto demoledor para los padres y para los demás hermanos, sobre todo para Bernadette quien, como hermana mayor, era más consciente del dolor que se vivía en casa. Y no fueron estas las únicas calamidades: el declive económico, la absoluta ruina, el hambre incluso, la enfermedad, el duelo… ningún dolor les fue ajeno.

Cuentan que a Justin (el sexto hijo y uno de los cuatro que vivían durante la época de las apariciones) le vieron un día comiendo cera en la iglesia parroquial. Pensaba que era pan blanco. Tenía unos tres años cuando eso ocurrió y moriría poco antes de cumplir los diez.

Sólo el amor de los progenitores entre sí, y hacia sus hijos, y una fe sólida permitieron mantener las fuerzas y la unión familiar.

Es verdad que Bernadette fue criada por una nodriza, en Bartres. Marie Laguës acababa de perder a su hijo Jean cuando supo del accidente de Louise y se ofreció para amamantar a Bernadette. Que nadie piense que ésta fue dejada en Bartres a merced de otra familia. Sólo tenía diez meses cuando la llevaron allí y su tía Bernarde pasó bastantes días en la maison Burg a fin de que la niña no se extrañase y pudiera acostumbrarse a su nuevo entorno. Además, su padre iba diariamente a Bartres con la excusa, o no, de transportar algún saco de harina.

Pero es que, asimismo, su nodriza se encariñó tanto con ella que, cuando los Soubirous la reclamaron, se ofreció a quedársela sin cobrar. No lo aceptaron, claro.

También es verdad que, durante su última estancia en Bartres -unos cuatro meses escasos en los que cumplió los 14 años-, el carácter de madame Marie había cambiado y su relación con Bernadette también. Marie había tenido dos hijos más, los dos llamados Jean como el primero. El segundo murió y el tercero murió también, precisamente estando Bernadette presente. El temperamento de la mujer había empeorado e, incluso, acusaba íntimamente a la niña de haber sobrevivido cuando sus hijos no pudieron.

Pero este hecho no suscitó en ella más que compasión, incluso habiendo de sufrir las vejaciones que recibía de su nodriza por sus dificultades con el catecismo.

Aquí constatamos otro hecho: muchas veces se alude a ella como “la pastorcilla” que vio a la Virgen. Incluso se la dibuja así en numerosas estampas y también hay una imagen suya en la explanada del Santuario rodeada de ovejas. Pero lo cierto es que este fue para ella un “oficio” que le duró cuatro meses escasos. Lo ejerció con gusto, junto a un perro llamado Pigou, al que llego a querer, y alguna otra pastorcilla del lugar. Pero en su familia no había rebaños.

¿Era piadosa Bernadette?

Esta pregunta tiene su importancia a la hora de describir a una niña que había de ver a la Santísima Virgen, así que es lógico que haya hecho correr ríos de tinta.

De las fuentes más fidedignas se sabe que sabía rezar el Rosario, el Credo y el “Acordaos”. Se sabe también que los rezaba en francés a pesar de no entender ni hablar ese idioma. Entendía estas oraciones por la similitud de algunas palabras con las de su dialecto “bigourdan”, por el contexto y por lo que alguien le hubiera podido explicar. Una pariente llamada Marie visitó el Santuario de Notre-Dame de Betharram (cerca de Lourdes) y de allí le trajo un Rosario a Bernadette. Lo llevó siempre en uno de los bolsillos de su delantal. Era de seis decenas.

En el Santuario pueden ver la imagen de la Virgen en la esplanada, la llamada “Virgen Coronada” que también lleva este Rosario.

En Bartres, solía rezarlo mientras guardaba las ovejas. En Lourdes, cada día, por la noche, junto a su familia. Conocemos que aceptaba las pruebas con la convicción de que eran para su bien, por ser voluntad del Señor. Sabemos, a ciencia cierta, que tenía verdadera obsesión por hacer la Primera Comunión. Y poca cosa más. En el tiempo de las apariciones y también acabadas éstas, hubo gente en Lourdes que se explayaba con los extraños que acudían a la ciudad ansiosos de conocer detalles de los hechos y les hablaban de una Bernadette mística, una niña de fervores exagerados y protagonista de hechos sobrenaturales.

Nada de eso era cierto. Bernadette era una niña piadosa, ansiosa de hacer su Primera Comunión, que rezaba sola o en familia el Rosario y que acudía puntualmente a la iglesia a la Santa Misa, los domingos y siempre que sus obligaciones con sus hermanos se lo permitían. No se puede afirmar nada más a este respecto.

No fue a la escuela hasta bien mayor. Ya se expusieron las razones.

Su frágil salud y la progresiva ruina económica de su familia que obligó a su madre a trabajar fuera de casa y a ella a ocuparse de sus hermanos pequeños, fueron las principales causas.

Este retraso en empezar su instrucción y el desconocimiento del idioma francés se conjugaban para hacer que cada vez le fuera más dificultoso el aprendizaje. Fue el motivo del fracaso de su nodriza en enseñarle el catecismo, además de la poca paciencia y el cansancio de ésta. Y para Bernadette supuso el considerarse la más ignorante de Lourdes. Cualquier persona inteligente hubiera pensado lo mismo respecto a sí misma, en esas condiciones. Porque es cierto: era ignorante. Un tiempo después de ver a la Santísima Virgen, alguien le preguntó “¿Por qué a ti?” A lo que Bernadette respondió “Porque era la más ignorante de Lourdes. Si hubiera habido una persona más ignorante que yo, le hubiera elegido a ella”.

Empezó a ir al catecismo en el hospicio de las Hermanas de Nevers unos días antes de la primera aparición.

Luego iría a la escuela para niños pobres que tenía esta congregación. Ella misma se acusó siempre de ser orgullosa. No sabemos a ciencia cierta por qué, pero todo apunta a que se dolía mucho de los desprecios y de las reprimendas (de su nodriza, de sus profesoras, de los que quisieron humillarla pensando que el hecho de ver a la Santísima Virgen la convertiría en una especie de diva allá donde fuera…).

Lo cierto es que no hay sitio alguno en que se la califique así, por lo que tenemos que pensar que este presunto orgullo lo vivía muy dentro de sí. Hacía esfuerzos por no responder a las afrentas que recibía, sentía que así doblegaba su carácter y pensaba que las mortificaciones eran para su bien espiritual. Sólo consta una vez en que sacó su genio y lo veremos.

La realidad es que era dócil y sumamente obediente con sus padres.

Por otra parte, en los muchos interrogatorios que se le hicieron se mostró vivaz, espontánea y muy segura de sí misma. Respecto a su estado de salud, hay que decir que era asmática y, cuando contrajo el cólera, su estado físico se deterioró aún más. Sus crisis de asma se recrudecieron en el “Cachot”. La humedad, el ambiente insalubre y la pobre alimentación no ayudaban.

Para el primo Sajous era terrible la noche en que Bernadette tenía un ataque de asma: la tos persistente se oía desde el piso de arriba e impedía dormir a todos. A menudo parecía que la niña no pasaría de esa noche… tal era la gravedad con que se percibía su situación. También era menuda. Nunca superó el 1,40 m de estatura y a los catorce años era todavía una niña sin desarrollar. Parecía mucho más pequeña y nadie le hubiera echado más de diez años.

Recomiendo a todos ustedes, si van a Lourdes, que no dejen de visitar “le Cachot”. Está en el antiguo Lourdes, Rue de la Grotte hacia arriba. Allí, después de la Rue du Bourg, está la Rue des Petits Fossés. Ambas atraviesan la Rue de la Grotte y, en este caso, deben desviarse a su izquierda. En la calle verán colas porque el habitáculo es tan pequeño que hay que entrar en pequeños grupos. Se permite que cada grupo tenga unos instantes para orar. Si tienen la suerte de encontrar poca gente incluso podrán entrar solos.

No es de los sitios más visitados de Lourdes porque está lejos del Santuario y no es fácil llegar con enfermos.

Hoy está enlosado y comunica con una pequeña sala adjunta que era el taller donde trabajaba el primo Sajous en la época en que vivieron allí los Soubirous. Éste había hecho unos pequeños arreglos en la pieza para poder alojar jornaleros en la época de la cosecha -construyó una chimenea y una pica para agua-. En esos tiempos el suelo era la propia tierra y las ventanas daban a unas letrinas y al estercolero de las gallinas de monsieur Sajous. Estas diferencias son las que nos permiten no tirarnos para atrás al entrar.

Como llevo muchos años yendo a Lourdes lo conocí incomunicado de la habitación adjunta -recuerden, el taller-.

En 2008 se abrió una puerta que comunica ambas piezas, para dar más espacio a las visitas. Inauguró esta remodelación el Papa Benedicto XVI, quien lo visitó con motivo de su peregrinación a Lourdes, en septiembre de ese año -se cumplía el ciento cincuenta aniversario de las apariciones-. Siempre que voy, suelo rezar un Avemaría con profunda emoción. Y, siempre, siempre, me llevo mi Biblia y busco el pasaje de las Bienaventuranzas en Mateo 5, 1-11, y las comprendo como en ningún otro lugar conocido por mí: Bienaventurados los pobres en el espíritu, los que lloran, los humildes, los limpios de corazón…

Del “Cachot” salió Bernadette con su hermana Toinette y la amiga de esta, Jeanne Abadie -conocida como Baloume- el 11 de febrero de 1858. Eran las once de la mañana y hacía muchísimo frío. Su madre no quería dejarla ir, pero accedió tras hacerle poner el “capulet”, una especie de toca de algodón rústico. Llevaba su Rosario en el bolsillo, como siempre, y, en la mano, una cesta para recoger leña.

Se encaminaron hacia el río Gave en busca de las ramas que hubieran podido dejar las crecidas de éste.

Ese día, una niña pobre, enferma e ignorante entró en la historia de la mano de la Santísima Virgen. Nada más y nada menos.

Rosa Jordana

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  2. El siglo de María
  3. Bernadette Soubirous, ¿quién es? 

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Rosa Jordana

Rosa Jordana

Rosa Jordana: Licenciada en Ciencias de la Educación. He trabajado con niños y para niños. Mi pasión es Lourdes, donde peregriné por primera vez con diez años y no he dejado de hacerlo. Mi ilusión es que peregrinemos allí, Vds. y yo juntos cuando nos encontremos en estas líneas. Nos espera la Santísima Virgen