¿Estamos viviendo la gran tribulación?

Desde los inicios de la Iglesia, ya San Pablo tuvo que lidiar con este problema, hay personas que afirman la inminencia de la Segunda Venida, en un plazo más breve que una vida humana ordinaria, y ven signos de esa proximidad en las calamidades que de continuo se producen.

En estos días he leído algún artículo que se preguntaba si los actuales sufrimientos de la Iglesia, con los terribles escándalos sexuales que llegan tan arriba en la jerarquía, serán la Gran Tribulación que precederá a la Parusía. En parte por carácter y educación, en parte por la lectura del Evangelio, soy muy escéptico ante tales vaticinios, de los que poniéndole algo de humor pienso: hay tantísimos que pronostican el fin del mundo para tantas fechas distintas que alguno acabará acertando.

El asunto es serio y merece consideración. Nuestro Señor afirma «En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles de los cielos ni el Hijo, sino solo el Padre.» Mt 24,36. Traducción: Dios no nos quiere revelar esa fecha. A partir de ahí razono: a los hombres los secretos que queremos guardar pueden escapársenos o, cuando menos, puede resultarnos inevitable dejar alguna pista, algo que si no los descubre por entero puede proporcionar cierta información sobre ellos. Dios no tiene esas limitaciones; si quiere que no sepamos algo, por no considerarlo conveniente para nuestra salvación o por motivos que no sean alcanzables para una criatura como yo, a Él no se le escapa nada, no deja la menor pista ni indicio.

Conclusión: los que ven signos de un fin inminente no tienen fundamento alguno. Puede que el Señor vuelva esta tarde o dentro de un enorme número de años y no tenemos ninguna forma de saberlo.

En cuanto a la Gran Tribulación tampoco andamos sobrados de pistas. En Mt 24,21 Cristo dice «Porque habrá una gran tribulación como jamás ha sucedido desde el principio del mundo hasta hoy, ni la volverá a haber.» Y yo pregunto a los que piensan que estamos pasando por ella ¿cómo saben que en el futuro no habrá otra mayor? La tribulación que ahora aflige a la Iglesia no es pequeña: una gran porción de lo que debiera ser Pueblo de Dios en apostasía masiva, traicionada desde hace décadas por sacerdotes y religiosos y sometida al bombardeo de unos escándalos de difusión sin precedentes que dejan en evidencia a no pequeña parte de la jerarquía. Espantoso, pero vuelvo a preguntar ¿cómo saben que esta crisis no se superará y en el futuro no habrá otra mayor?

Hay cierto etnocentrismo en afirmar que la actual crisis de la Iglesia es el no va más de las crisis, la Gran Tribulación.

Este huracán de desgracias que tanto dañan a la Esposa de Cristo no afecta a toda las iglesias particulares: en los países de cultura occidental el catolicismo va camino de la desaparición, en ellos se concentran los fenómenos de apostasía, traición y escándalo; en amplias zonas de África se sigue cumpliendo que «día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando» Hch 2,47. Esta caída y ascensión guardan perfecta correspondencia con lo ocurrido en las sesiones sinodales de los años 2014 y 2015: la actuación de bastantes prelados occidentales fue bochornosa, mientras que los obispos africanos mantuvieron la fe con todo vigor. Si las cosas siguen evolucionando así no sería la primera vez que la Iglesia desaparece de territorios donde fue muy importante y encuentra expansión en otros nuevos.

Jesucristo aseguró que la Iglesia perduraría en la historia, no que se asentase siempre en el mismo sitio.

Frente a tanta pérdida de tiempo y energías en dos milenios de adivinanzas sobre el fin del mundo, que además conllevan un peligro todavía mayor del que nos advirtió el Señor en el mismo Evangelio, propongo: que más te da, hermano, si te mueres como tantos otros o alcanzas a ver el fin de los tiempos; se te va a juzgar igual y de lo mismo. Guarda incontaminada la fe que nos legaron los Apóstoles, ama a Dios, cumple sus mandamientos, obra el bien, huye del pecado, arrepiéntete de los que hayas cometido y acude al Sacramento del Perdón; implora estas gracias que te permitirán estar con los que oigan el «Venid, benditos de mi Padre» y déjate de curiosidades indiscretas.

Juan Manuel Rubio González

Marchando Religion

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Marchando Religion. Redacción