Domingo XVIII de Pentecostés

Evangelio del día. Domingo XVIII de Pentecostés. Santa Misa Tradicional

Evangelio de San Mateo, IX

Subiendo a la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad.  Y he aquí que le presentaron un paralítico, postrado en una camilla. Al ver la fe de ellos, dijo Jesús al paralítico: “Confía, hijo, te son perdonados los pecados”.  Entonces algunos escribas comenzaron a decir interiormente: “Éste blasfema”.

Mas Jesús, viendo sus pensamientos, dijo: “¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Te son perdonados los pecados”, o decir:  “Levántate y camina?  ¡Y bien! para que sepáis que tiene poder el Hijo del hombre, sobre la tierra, de perdonar pecados –dijo, entonces, al paralítico–: “Levántate, cárgate la camilla y vete a tu casa”.

Y se levanto y se volvió a su casa.  Al ver esto, quedaron las muchedumbres poseídas de temor y glorificaron a Dios que tal potestad había dado en favor de los hombres.”

Domingo XVIII de Pentecostés . Meditación

Jesucristo cura a un paralítico y le perdona sus pecados.

Los fariseos piensan mal en sus corazones: “¿Quién es este para perdonar los pecados?”

Tantas verdades y mensajes transmite un Evangelio de Jesucristo, tanto en sus palabras como en sus obras, que meditaríamos en él durante años interminables.

San Gregorio Papa: “Porque Jesucristo nos transmite enseñanzas con sus palabras, pero también nos las transmite con sus gestos y obras.” “¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?”

Muchos seres humanos, no pueden ver, caminar ni levantar su alma de bajos vuelos porque sus corazones están llenos de malos pensamientos.

Porque los pecados comienzan en el corazón.” San Mateo, XV, 19. No en el obrar; allí en el mal pensar del corazón, comienzan los malos deseos, los adulterios y las envidias y tantos otros.

Si evitásemos los malos pensamientos, evitaríamos muchos males, humanos y espirituales. ¿Y eso es posible?

Es como quién va caminando entre la arena o los terregales, se levanta un gran viento, el polvo y la arena golpea tu cara pero si cierras tus ojos, no entrará nada que les dañe ni ensucie. Así es nuestro corazón, nosotros decidimos que entra y qué no entra en él.

Por más tentaciones que suframos o invitaciones al mal; mientras cerremos las puertas del corazón, nada sucederá. “Debemos ser los porteros de nuestro propio corazón.” Santa Teresa

Este mundo, enemigo del alma, como siempre nos lo enseñó nuestro catecismo, las miserias del pecado original, las malas amistades, la soberbia y una concepción dura y fanática de la religión, nos invitan siempre a pensar mal del prójimo.

Y si no cuidamos nuestro propio corazón, su maldad puede llegar a tal extremo de rechazar la misma verdad, el perdón y el amor de Dios, como sucedió a los fariseos, que sabiendo que Jesucristo era Dios aún así, le odian y piensan mal de Él.

El mismo Aristóteles, sin conocer nada del judaísmo y menos del cristianismo, por la rectitud moral de su corazón, llegó a profetizar sin saberlo, la misma pasión de Jesucristo cuatrocientos años antes: “Los seres humanos somos tan malos, que si entre nosotros algún día habitase un hombre con todas las virtudes, le mataríamos.”

¿Nos recuerda algo?: “Es mejor que un hombre sólo muera para que no perezca todo el pueblo.” San Juan, XI, 50.

Consideremos en nuestro interior los enormes beneficios de no pensar mal del prójimo. Y esto no se refiere a ser ingenuo y negar la evidencia del mal o un mal proceder, sino a evitar el juicio que no nos atañe y sobre todos los juicios temerarios. ¿Y qué es un juicio temerario? Pues pensar mal o juzgar a alguien sin tener pruebas ni argumentos suficientes. Cuando este juicio interior versa sobre materia grave, es pecado mortal y por lo tanto debe ser confesando.

Jesucristo no era ingenuo, sin embargo parecía que no se enteraba de que los fariseos le estaban tendiendo trampas mortales. Aún hoy nos demuestra que veía y ve totalmente nuestros pensamientos.

En ocasiones Dios misericordioso permite intencionadamente nuestras graves caídas, para que así aprendamos a comprender al débil y a ser misericordiosos. Esas caídas también nos enseñan a no pensar mal del prójimo y ser más prudentes antes de emitir graves juicios.

En la vida de santa Teresa de Lisieux, vemos un ejemplo de una monja mal pensada y equivocada:

“Yo era la portera del convento y sabía que a la hermana N. le hacía mucha ilusión abrir la puerta y atender a las visitas. En una ocasión mientras estábamos en tiempo libre todas juntas conversado, llamaron a la puerta y yo por darle esa alegría a la hermana N. no me levanté y seguí haciendo mis labores. Cuando la hermana se levantó contenta para ir hacia la puerta, otra hermana comentó en voz baja: ‘Hoy la hermana Teresa del Niño Jesús, tiene pereza y no desea levantarse para atender a las visitas…”

Precisamente cuando la intención de la Santa era la más buena, la otra le juzgó de perezosa…¡Con que gran precipitación juzgamos y nos equivocamos los seres humanos!

Y tantos más ejemplos que podríamos dar en la vida de los santos…

El alma que aprende a no juzgar mal en su corazón y de una manera habitual, es recompensada con una gran paz interior, su semblante transmite bonanza Espiritual, porque su alma ha encontrado un gran equilibrio interior al dejar sólo al juez de los jueces que se ocupe, solo Él, como supremo Pastor, de sus ovejas, enfermas o sanas, buenas o descarriadas.

“La mirada es el espejo del alma.” Libro de la Sabiduría +

En efecto, la miranda de una persona mal pensada, que siempre juzga mal al prójimo, que siempre le gusta buscar una ‘mala intención’ en las obras de los otros: es una mirada triste, torba, oscura y sin vida.

¿Y como puedo evitar esa enfermedad de siempre estar pensando mal del prójimo y de juzgarle?

He de recordar siempre mis peores pecados de mi vida. Seguramente son peores que los de la persona a quien estoy juzgando: eso te mantendrá humilde. Si Dios le quiere dar más oportunidades de salvación y de corregirse, ¿Quién soy yo para negárselas?

Examinar mi conciencia. A menudo una conciencia no limpia y con sentimientos de culpabilidad y envidias, siempre juzga y piensa mal de los otros. Una buena Confesión puede curar el alma de sus rencores y malos pensamientos.

Cuando llegue la Tentación de juzgar mal al prójimo, recordar siempre las palabras del Evangelio : “Así como juzguéis, seréis juzgados.” San Mateo, VII, 2.

Por el contrario, cuánta paz nos promete el Señor cuando nos dirige esa frase que nos parecía que significaba tan poco: “NO PENSÉIS MAL EN VUESTROS CORAZONES.”

La caridad todo lo sufre, todo lo cree, la caridad es paciente, la caridad no piensa mal…”San Pablo. I, Corintios, XIII, 4.

Ave Maria+

Ave Maria
P. Ricardo Ruiz+

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Esperamos que la meditación del Domingo XVIII de Pentecostés les ayude a crecer en su vida espiritual

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Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruíz: 1980 Filosofía y latín en el Seminario Ntra. Señora Corredentora de Buenos Aires; 1986 Teología, Francés en Suiza; 1988 Ordenación sacerdotal, Seminario San Pío X, Suiza; 1988 Primer apostolado de parroquia en San Nicolás du Chardonnet, París, Francia; 1988-1990 Misión Parroquial en Mexico; 1991 - 2000 Madrid. España; 1996-2000 Exorcista "Ad Actum" en Valencia; 2000 - 2001 Parroquia en Wausau, Wisconsin, EEUU; 2000-2001 Capellán Hermanas del Corazón Real de Jesús. María Alm, Austria; 2002 - 2006 Capellán de convento Hermanas De La Presentación, Iowa, EEUU; 2006 - 2018 Casa De Retiros San José. Madrid, España.