Domingo XVII de Pentecostés

Evangelio de San Mateo, XXII, 34.

Mas los fariseos, al oír que había tapado la boca a los saduceos, vinieron a reunirse junto a Él; y uno de ellos, doctor de la Ley, le propuso esta cuestión para tentarlo: “Maestro, ¿cuál es el mayor mandamiento de la Ley?” Respondió Él: “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, con toda tu alma, y con todo tu espíritu.  Éste es el mayor y primer mandamiento. El segundo le es semejante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. De estos dos mandamientos pende toda la Ley y los Profetas”.

EL SALMO 109. Estando aún reunidos los fariseos, Jesús les propuso esta cuestión: “¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo?” Dijéronle “de David”. Replicó Él “¡Cómo, entonces, David (inspirado), por el Espíritu, lo llama “Señor”, cuando dice: “El Señor dijo a mi Señor: Sientate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies”? Si David lo llama “Señor” ¿cómo es su hijo? Y nadie pudo responderle nada, y desde ese día nadie osó más proponerle cuestiones.

“Y se acercó a Jesucristo un doctor de la ley preguntándole para tentarle: ¿Cual es el mayor y principal mandamiento?”

San Gregorio Papa nos comenta:

“Los fariseos eran rápidos y decididos para ir a tentar con mala intención a Jesucristo; pero muy lentos y perezosos para inflamarse de su amor.”

Era un ‘doctor de la ley’, venía a tentarle no a aprender de Él, venía a buscar de qué acusarle para ver como perderle, no a buscar su amor. Y todo esto con apariencia de ‘docto’, como hombre de letras, de ciencia, como el que todo lo sabe, juzga y condena. Así es el corazón enceguecido por la soberbia, capaz de juzgar al mismo Dios.

“Si a mi me han perseguido a vosotros también os perseguirán, porque el discípulo no es mayor que el maestro”, nos advierte Ntro. Señor.

Y así le sucedió a San Atanasio que le difamaron para perderlo, a San Pío V, a San Juan Bosco y la lista sería interminable.

Entre las historias del viejo Madrid se cuenta del Padre Rubio, ahora en los altares, un hecho histórico estremecedor, porque quien urde trampas llenas de malicia contra un sacerdote de Dios, termina pagándolo siempre muy caro, en esta vida o en la otra. Sucedió en una de esas calles perpendiculares a la Gran Vía madrileña. Una joven piadosa que se dirigía espiritualmente con el Santo sacerdote, recibió de éste el consejo de alejarse del novio que tenía, por ser un joven de vida disoluta, superficial y sin Dios. La joven abandona a tal novio y éste, furioso, decide vengarse del P. Rubio. Organizó en un piso con sus amigos un escenario donde estaría uno de sus amigos tendido en una cama fingiendo estar gravemente enfermo. Al lado de la cama unas grandes cortinas que ocultarían a varias mujeres semidesnudas, que él pagó para que, justo cuando el sacerdote estuviese en la habitación, ellas saldrían por sorpresa y le tomarían una foto al lado de todas ellas y así poder destruir su reputación como sacerdote. Llegó ese día, el P. Rubio acude celoso para asistir a ese ‘pobre moribundo’.

Llega ante la cama, y le pregunta al joven que cómo se siente, este no responde. Los demás sonreían. El sacerdote le toca y constata que esta totalmente frío y sin pulso. Se dirige a los asistentes y les dice que han tardado demasiado en llamarle, es demasiado tarde, el joven está muerto. Ellos casi no podían reprimir la risa “¡qué bien esta actuando!” pero cuando uno de ellos se percata de que había algo anormal, fuera de los planes…tocan, mueven y constatan que, en efecto, su amigo estaba cadáver.

Fue tal el impacto entre los presentes que dos de los jóvenes presentes tuvieron tal conversión que lo dejaron todo y entraron en un monasterio. El P. Rubio también sufrió persecución, como su maestro pero ahora lo mira todo lleno de paz, desde allá en lo alto.

La historia de este ‘doctor de la ley’ que viene con malas intenciones a tentar a Jesucristo no es más que el preludio, y símbolo de todo un ejército de hombres que se presentarán como supuestos doctores, científicos y legisladores que, según ellos, en nombre de la ciencia hay que desacreditar a Jesucristo y a sus verdaderos seguidores durante la historia. Y también estos un día tendrán su respuesta y su pago.

“Bienaventurado el varón que sufre tentación e injusticia, porque él recibirá una corona de gloria.”

Ave Maria


*Se prohíbe la reproducción de todo contenido de esta revista, salvo que se cite la fuente de procedencia y se nos enlace.

 NO SE MARCHE SIN RECORRER NUESTRA WEB

Marchandoreligión  no se hace responsable ni puede ser hecha responsable de:

  • Los contenidos de cualquier tipo de sus articulistas y colaboradores y de sus posibles efectos o consecuencias. Su publicación en esta revista no supone que www.marchandoreligion.es se identifique necesariamente con tales contenidos.
  • La responsabilidad del contenido de los artículos, colaboraciones, textos y escritos publicados en esta web es exclusivamente de su respectivo autor
Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruiz

Padre Ricardo Ruíz: 1980 Filosofía y latín en el Seminario Ntra. Señora Corredentora de Buenos Aires; 1986 Teología, Francés en Suiza; 1988 Ordenación sacerdotal, Seminario San Pío X, Suiza; 1988 Primer apostolado de parroquia en San Nicolás du Chardonnet, París, Francia; 1988-1990 Misión Parroquial en Mexico; 1991 - 2000 Madrid. España; 1996-2000 Exorcista "Ad Actum" en Valencia; 2000 - 2001 Parroquia en Wausau, Wisconsin, EEUU; 2000-2001 Capellán Hermanas del Corazón Real de Jesús. María Alm, Austria; 2002 - 2006 Capellán de convento Hermanas De La Presentación, Iowa, EEUU; 2006 - 2018 Casa De Retiros San José. Madrid, España.